Odysseas Elytis



El sol, el primero
La poesía
surrealista de
Odysseas Elytis

Nota y
traducción de
Carmen Chuaqui
y Natalia Moreleón




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La poesía surrealista de Odysseas Elytis

Datos biográficos
 
 


Odysseas Elytis (cuyo apellido verdadero es Alepoudelis) era descendiente de una antigua familia de Lesbos y nació en Iraklión, Creta, al igual que el novelista Kazantzakis, pero 28 años más tarde, en 1911. En Atenas empezó la carrera de Leyes y, desde 1936, se dedicó a la poesía y también a la pintura. Vivió dos temporadas en París (1948-1952 y 1969-1972), donde realizó estudios filológicos en la Sorbona y entabló amistad con los más destacados poetas y pintores. Viajó por los principales países de Europa, por Estados Unidos y la Unión Soviética. Tradujo al griego a Lautréamont, Eluard, Brecht, Ungaretti y García Lorca. En su obra se distinguen tres periodos: a) el de su primera producción, donde se advierte más claramente la influencia del surrealismo: Orientaciones (1940) y El sol, el primero (1943); b) el de carácter patriótico, provocado por la guerra que libró Grecia contra el fascismo: Canto fúnebre y heroico por el subteniente caído en Albania (1945), fruto de su experiencia personal en el frente albanés y, tras varios años de silencio, Digno es (Áxion estí, 1959), que se considera un canto a la helenidad; y c) el periodo maduro, en que el poeta encuentra plenamente su voz propia y escribe obras como Seis y un remordimientos por el cielo (1960), El árbol luminoso (1971) y María Nefeli (1978). En 1979 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Murió en Atenas, el 18 de marzo de 1996 debido a un infarto.

 

El surrealismo en Grecia

En este volumen presentamos únicamente al Elytis del primer periodo, es decir, al Elytis surrealista autor de El sol, el primero. Consideramos que resultaría ocioso exponer los principios de la escuela surrealista francesa, pero creemos que al lector sí le interesaría saber cómo se introdujo esta corriente en Grecia, quiénes son los poetas griegos surrealistas y qué tipo de surrealismo hicieron. Linos Politis, uno de los más importantes críticos literarios griegos, dice lo siguiente:

en 1935 surgió el surrealismo con su mensaje revolucionario. La obra intitulada Alto horno (1935) de Andreas Embirikos, realizada según el método de la "escritura automática", con su serie de palabras dispuestas sin relación "lógica" alguna y con su extraña resurrección de la katharévousa [la lengua culta arcaizante], en un principio sólo provocó oposición e hilaridad. Pero el movimiento surrealista se fue afirmando paulatinamente, pues proponía la liberación del mundo del subconsciente y de los sueños, con sus nuevas formas de combinar palabras y las imágenes que suscitaba. (...) La evolución posterior de toda nuestra poesía muestra la influencia del movimiento surrealista.

El Alto horno trajo consigo la primera sorpresa; sin embargo, Embirikos dejó atrás la etapa de la "escritura automática" y produjo obras de mayor lirismo. (...) El camino que iba más allá del surrealismo alcanzó resultados asombrosos con la poesía de Odysseas Elytis. La nueva libertad poética permite que surja una poesía alegre, juvenil, inundada de luz y del Egeo, dominada ya —en oposición al primer surrealismo— por una sensibilidad mediterránea del ritmo y del orden.1

Sin embargo, el poeta no siempre está de acuerdo con sus críticos. En la mayoría de las historias literarias, de las antologías y de las críticas se presenta a Elytis como autor de obras de carácter patriótico (las de su segundo periodo), que son, precisamente, las obras a las que menor importancia concede el poeta. En el tomo número 2 de la serie Poetas contemporáneos2 dedicado a Elytis, el prologuista Efguénios Aranitsís, al hablar del desacuerdo entre el poeta y sus lectores, señala:

"Borges acostumbraba hasta hace algunos años comprar ejemplares de sus primeras antologías poéticas y quemarlas. Elytis cuenta con mejores soluciones: confía en los infalibles filtros del tiempo y abandona algunas —mínimas— páginas en el polvo del olvido. (...) Cabría suponer que El canto al teniente presenta una situación tan lejana que el poeta tiene el derecho a olvidarla. (…) Por eso dedica al Digno es muy pocas páginas; quizá quiere señalar con ello que ese poema está muy lejos de ser la "cima" de su obra, como insisten en afirmar quienes lo devoran monótonamente pretextando un insaciable "patriotismo". (pp. 8-9).

Un rasgo interesante de dicha serie es que los propios poetas seleccionan la parte de su obra que desean incluir. Elytis decidió poner poemas de los dos libros de su primer periodo (de El sol, el primero: 1a. parte, los poemas I, II, III, VIII, X y XI; de la 2a., sólo el IV), del segundo periodo excluye El canto al teniente, pero sí incluye algo de Digno es y, del tercero, poemas de cinco de los ocho libros que escribió hasta 1978. En la segunda parte del libro incluye fragmentos de su libro de ensayos Papeles abiertos y, en la tercera, varias críticas y una entrevista que concedió a Ivar Ivask (publicada en Atenas en 1975), de la cual reproducimos algunos pasajes (pp. 187-203) que ilustran las opiniones de Elytis sobre su propia obra y que juzgamos importantes para el mejor entendimiento de la producción del poeta. El poeta habla de sí mismo.

La primera cosa que quisiera decirle es que el público pregunta continuamente, y en cierta forma con razón, cómo llegó a combinarse (con el mismo rostro, con la misma poesía) el mundo del Mediterráneo —más precisamente del Egeo, uno de los motivos de mi poesía— con el surrealismo. Eso parece una paradoja, dicen. Sin embargo, cada cosa depende de la forma en que la veas. Para mí el Egeo no es sólo un lugar de la naturaleza, sino una especie de huella digital (como señaló justamente un crítico). Mi generación y yo —y aquí incluyo a Seferis— tratamos de encontrar el verdadero rostro de Grecia. Esto era necesario porque hasta entonces aparecía como el verdadero rostro de Grecia el que los europeos veían como Grecia. Para lograr este propósito era necesario acabar con la tradición racionalista que pesaba sobre el Occidente. Así se explica la gran repercusión que tuvo el surrealismo entre nosotros, cuando apareció en la escena literaria. No puedo aceptar algunas facetas del surrealismo, como sus extravagancias o la defensa de la escritura automática; no obstante, fue la única escuela poética —y, creo, la última en Europa— que buscaba la salud espiritual y que reaccionó ante la corriente racionalista que se había apoderado de los mejores cerebros de Occidente. (...) El surrealismo con su carácter antirracionalista nos ayudó a hacer una especie de revolución para conformar nuestra idea sobre la verdad helénica. Simultáneamente, el surrealismo contenía un elemento maravilloso, lo que nos permitió crear un alfabeto de elementos genuinamente griegos y expresarnos con ellos.

Por ese entonces recibí la visita de una joven que escribía su tesis doctoral sobre el tema del surrealismo francés y el griego. Aunque era muy joven, me di cuenta de que los había comprendido muy bien. Explicaba que el surrealismo había florecido en Grecia porque los surrealistas griegos no imitaron simplemente a los franceses, sino que más bien adaptaron el surrealismo a la realidad griega. Y es cierto. Cada uno de nuestros poetas llamados surrealistas hizo algo completamente diferente con el surrealismo: Embirikos, Engonópoulos, Gatsos, Sajtouris, cada uno de ellos hizo algo diferente, y yo también hice algo diferente. Parece ser que nunca se dio un surrealismo ortodoxo.

El surrealismo nos puso en el centro de la gran significación que daba a los sentidos. Cada una de las cosas se volvía comprensible dentro de los sentidos. Yo también introduje en la poesía un método para la comprensión del mundo por medio de los sentidos. Es cierto que los griegos antiguos hacían lo mismo, con la diferencia de que no tenían la preocupación por la santidad, que sólo apareció con la llegada del cristianismo. He tratado de armonizar estos términos; lo que quiere decir que dondequiera que hablo de las cosas más tangibles se sobrentiende que aparecen en un estado de pureza y santidad. Trato de unificar esas dos corrientes. No soy cristiano en la significación austera de la palabra, sino que me inclino por la preocupación cristiana de la purificación del mundo de los sentidos. Esa misma característica es esencial para la mejor comprensión de mi poesía. Por ejemplo, en mi reciente colección El árbol luminoso y la Decimocuarta belleza hablo de muchas cosas abstractas, sin embargo, siempre dentro de los sentidos. Para mí los sentidos no tienen dimensiones eróticas especiales, puesto que exhalan un olor de santidad; los sentidos se elevan a un nivel de consagración.

Con frecuencia me llaman poeta de la alegría o del optimismo. Esto es un error fundamental. Creo que la poesía, en determinado nivel de riqueza, no es ni optimista ni pesimista. Representa más bien una tercera posición del espíritu, donde los opuestos dejan de existir. No existen ya opuestos en determinado nivel de elevación. Así la poesía se asemeja a la propia naturaleza, que no es buena ni mala. Simplemente es.

Quiero que el texto sea completamente virgen y alejado del uso cotidiano de las palabras. Quizá sería mucho decir que lo quiero contrario al uso cotidiano. Pongo las palabras de tal manera que puedan revelar su rareza. Como ustedes saben, la poesía que fue escrita después de mi generación es completamente diferente, ya que utiliza la lengua de la calle y se acerca a la prosa. No digo que esto es mejor o peor. Lo único que tengo que decir, honestamente, es que no lo entiendo. No abarca la idea que tengo de la poesía. ¿Por qué no? Porque el poeta debería esforzarse por lograr algo que sea puro.

Puesto que mi primera preocupación era encontrar las fuentes del mundo helénico, conservé el mecanismo para crear mitos pero no las formas de la mitología. Permítaseme explicarlo. Un poema mío se llama "Cuerpo del verano". Se trata de la idea del verano personificada en el cuerpo de un joven. En uno de mis primeros poemas hay una niña que se transforma en naranja; en otro, una muchacha que cierta mañana se convierte en granada. Ese es el mecanismo que empleo para crear personajes —para crear mitos, como dicen— pero sin hacer mención alguna de la mitología.

Me fijé en que siempre le entran dudas cuando establezco la comparación entre los griegos y los occidentales o los europeos. No tengo la culpa. Claro, nosotros los griegos pertenecemos políticamente al Occidente. Somos parte de Europa, parte del mundo occidental, pero a la vez Grecia jamás fue solamente esto. Existió siempre la parte oriental, que tiene un lugar significativo en la mente griega. Los valores orientales se fueron asimilando en el transcurso de la antigüedad. En el griego existe una parte oriental que no debería ser pasada por alto. Por ello hice la aclaración.

En un párrafo de Papeles abiertos escribo que los europeos y los occidentales encuentran siempre el misterio en la oscuridad. Sin embargo, nosotros los griegos lo encontramos en la luz, que es para nosotros algo absoluto. Para sostener lo que digo doy tres imágenes. (...) La última imagen es la de una jovencita que sobre su pecho desnudo tiene una mariposa que bajó al mediodía, mientras las cigarras llenaban el aire con su canto. Este fue para mí un descubrimiento más del misterio de la luz. De un misterio que nosotros los griegos podemos concebir íntegramente y ofrecerlo. Quizá sea algo único de este lugar. Tal vez sea mejor concebido aquí, y la poesía pueda revelarlo a todo el mundo. El misterio de la luz. A esto exactamente me refiero al hablar de la metafísica solar.



Carmen Chuaqui
Natalia Moreleón


1 Politis, Linos. Historia sinóptica de la literatura neohelénica, Tesalónica, Grecia, 1977. 3a. edición, pp. 70-71. (En griego.)
2 Odysseas Elytis. Poetas contemporáneos, tomo II, Ákmon. 3a. edición, Atenas, 1979. (En griego.)

 


 

Primera parte



I

Ya no conozco la terrible noche anónima de la muerte
en el fondo de mi alma está anclada una flota de astros.
Estrella de la tarde centinela para que brilles
cerca del celestial vientecillo de una isla que me sueña
y para que yo anuncie la aurora desde sus altas rocas
mis dos ojos unidos te llevan navegando en la estrella
de mi justo corazón: ya no conozco esa noche.

Ya no conozco los nombres de un mundo que me niega
adivino claramente las conchas las hojas los astros
mi odio es superfluo en las calles del cielo
a menos que sea el sueño que me vuelve a mirar
con lágrimas he de cruzar el mar de la inmortalidad
estrella de la tarde bajo la curva de tu dorada luz
la noche que tan sólo es noche no la conozco ya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

II
 
 

Cuerpo del verano

 

Hace ya tiempo que se escuchó la última lluvia
caer sobre las hormigas y las lagartijas
Ahora se quema el cielo inmenso
los frutos se pintan la boca
los poros de la tierra se abren poco a poco
y junto al agua que gotea silabeando
una planta enorme mira directamente al sol.

¿Quién es ése que descansa sobre la playa
fumando de espaldas hojas de olivo de humo plateado?
Las cigarras se calientan en sus oídos
las hormigas trabajan en su pecho
las lagartijas se deslizan por el césped de su axila
y sobre las algas marinas de sus pies pasa ligera
una ola vertida por una sirenita que cantaba:

"Oh cuerpo del verano desnudo quemado
devorado por el aceite y la sal
cuerpo de roca y estremecimiento del corazón
un gran viento orea la cabellera de mimbre
aroma de albahaca sobre el rizado pubis
lleno de estrellas y agujas de pino
cuerpo lozano bañado por el día."

Llegan lluvias ligeras impetuosos granizos
pasan azotando la tierra en las garras de la nieve
que se ennegrece en las profundidades por las olas furiosas
las montañas se lanzan a las ubres cargadas de la nube.

Pero ante todo esto sonríes indiferente
y vuelves a encontrar tu hora inmortal
como te vuelve a encontrar el sol en las playas
y en medio de tu saludable desnudez te encuentra el cielo.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

III

 

Día bruñido caracol de la voz me creaste
desnudo para que caminara en mis domingos cotidianos
desde la playa diste la bienvenida a todo
Día deja que sople el viento acabado de conocer
extiende un prado de ternura
para que el sol ruede su cabeza
y encienda con sus labios las amapolas
las amapolas que cortarán los orgullosos hombres
para que en su pecho desnudo no haya otra señal
de la sangre del desprecio que borró la amargura
al introducirse en el recuerdo de la libertad.

Hablé sobre el amor la salud de la rosa y el rayo
que directo y solitario encuentra al corazón
sobre Grecia que firmemente se adentra en el mar
sobre Grecia que me pasea siempre
por desnudas montañas gloriosamente nevadas.

Doy la mano a la justicia
diáfana fuente manantial de la cima
mi cielo es profundo e inmutable
lo que amo nace incesantemente
lo que amo se encuentra siempre en su principio.

 


IV
 

Bebiendo el sol corintio
leyendo las marmóreas ruinas
cruzando a trancos viñas y mares
apuntando con un arpón
un prometido pescado que se escapa
encontré las hojas que la plegaria del sol memoriza
la vívida tierra que el deseo se alegra
en abrir.

Bebo agua corto frutos
extiendo mi mano dentro del follaje del viento
los limoneros diseminan el polen del verano
los verdes pájaros rasgan mis sueños
me voy con una mirada
mirada amplia donde el mundo resurge
hermoso desde el principio a la medida del corazón.


V

 

Apenas brote inapreciado y ya amenaza a la abeja
el viento encuentra un compañero de follaje ondeante
la tierra firme flota oscilante
en la espuma de las hojas las zarzamoras despliegan
las velas
la última travesía se parece a la primera.

Oh que se rompan las piedras y se doblen los hierros
iracundos
que llegue la espuma hasta el corazón nublando los fieros
ojos
que el recuerdo se convierta en una ramita de yerbabuena
inmarcesible
y que anclen los vientos festivos en su raíz.
Que ahí bajemos la frente
que estén cerca nuestras cosas resplandecientes
en la primera generosidad del anhelo
que esté alabando cada lengua la bondad del día
que el palpitar de la tierra esté resonando cada día
dentro de las venas.

 


 

VI
 

Llamaron al día por el lado bueno
despertó el agua dentro de la tierra
fría voz recién nacida
que mezcla desde lejos la colonia de algas.

Con caricia de heliotropo no teme
quizá el huerto salga al abismo
mano con mano van los enamorados
cuando repican las campanas del sol.

Salud eco yegua
casco y ala de la ladera
nube y prado sin segar
azules brazadas del viento.

Los pájaros inmaduros a la deriva
van a grabar la primavera en las nubes
y todas las cosas que la alegría jamás nombró
ahora tienen sed de la felicidad del mundo.

Ten sed del mundo la ropa masculina te sienta bien
deberás encontrar tu origen femenino
recorriendo una y otra vez la pradera estrellada
de la cual huyeron las anémonas.

 


VII
 

En la pequeña troje debajo de las margaritas
las pequeñas abejas organizaron un baile enloquecido
suda el sol tiembla el agua
cae lentamente el sésamo de fuego
las esbeltas espigas se inclinan ante el cielo moreno.

Con labios de bronce cuerpos desnudos
abrasados en el pedernal de la inspiración
¡Ea! ¡Ea! sacudiéndose atraviesan las carretas
los caballos se hunden en el aceite del descenso
los caballos sueñan
con un paraje fresco con abrevaderos de mármol
una nube de tres hojas lista para derramarse
sobre las colinas de delgados árboles que escaldan los
oídos sus estiércoles.
sobre los panderos de los grandes campos donde
bailotean

Más allá de las doradas dalias duermen las jovencitas
su sueño huele a incendio
en sus dientes retoza el sol
de su axila gotea dulcemente la nuez moscada
y el aire aspirado en bocanadas se tropieza
con azaleas, nardos y sauces perfumados.


VIII


Viví el nombre amado
a la sombra del olivo abuelo
en el murmullo del longevo mar

Aquellos que me lapidaron ya no viven
con sus piedras construí una fuente
al borde se acercan pálidas muchachas
sus labios descienden desde la aurora
sus cabelleras se desmadejan profundamente en el futuro.

Llegan las palomas niñitas del viento
beben vuelan para que la vida siga adelante
Lo aterrador del sueño se convierte en sueño
el dolor circunda la hermosa península
ninguna voz se pierde en los regazos del cielo.

Oh mar de amaranto qué susurras dime
desde temprano estoy en tu boca mañanera
en la cima donde aparece tu amor
veo el deseo de la noche que derrama los astros
el deseo del día que poda los brotes de la tierra.

Siembro en los campos de la vida miles de azucenas
miles de niños inmersos en el preciado aire
lozanos y hermosos niños que respiran bondad
y saben mirar fijamente los profundos horizontes
cuando la música eleva las islas.

Grabé el nombre amado
a la sombra del olivo abuelo
en el murmullo del longevo mar.

 


IX
 

El jardín se adentraba en el mar
península profundo clavel
tu mano se iba con el agua
para extender como velo de novia el mar
tu mano abría el cielo.

Ángeles con once espadas
navegaban junto a tu nombre
rasgando las florecidas olas
abajo bandeaban las blancas velas
con las ráfagas enviadas por el viento.

Con blancas rosas llenas de espinas
formabas guirnaldas de esperanza
para la cabellera de las colinas de tu amor
decías: la peinadora de la luz
es fuente en la tierra que se divierte.

Ladrona saeta escándalo de la risa
oh nietecita de la vetusta luz del sol
metiéndote en los árboles molestabas a las raíces
abrías el escondrijo del agua
apaleando el árbol del olvido.

La misma noche con violines licenciosos
entre los molinos semidescompuestos
hablabas en secreto con una bruja
en tu regazo escondías un regalo
que era la luna misma.

Luna aquí luna allá
enigma leído por el mar
para complacerte a ti
el jardín se adentraba en el mar
península profundo clavel.

 


X
 

Muchachito con la rodilla raspada
cabeza rapada sueño sin rapar
pie con anclas cruzadas
brazo de pino lengua de pez
hermanito de la nube.

Cerca de ti viste blanquear la arena humedecida
escuchaste el silbar del caramillo
los más coloridos
conociste los más desnudos lugares
muy en el fondo el gracioso movimiento de un pez
muy en lo alto el sombrero de la iglesita
y muy a lo lejos un vapor con chimeneas rojas.

Viste la ola de las plantas donde el cierzo
tomaba su baño matinal la hoja del cacto
el puentecito en el recodo del camino
pero también la sonrisa salvaje
en el estrepitoso entrechocar de los árboles
en los grandes solsticios de boda
ahí donde gotean lágrimas las camelias
ahí donde abre el erizo las adivinanzas del agua
ahí donde los astros presagian el huracán.

Muchachito con la rodilla raspada
talismán loco mentón obstinado
pantaloncillo ligero
pecho de roca alcatraz del agua
pillastre de la blanca nube.

 


XI
 

Marinerito del huerto

 

Con viento de proa en el alma y salmuera en los labios
con traje de marinero y sandalias rojas
sube escalones para entrar en las nubes
y camina sobre las algas marinas del cielo.
La aurora silba dentro de su caracola
una proa se acerca haciendo espuma
¡Ángeles eleven los remos
para anclar aquí a la Evangelista!

Abajo en la tierra ¡cómo se enorgullece el dueño del
huerto
cuando voltea su despeinada cabeza sin brillantina!
Las esclusas se vacían
y la Evangelista entra
desnuda goteando espumas con estrellas en la frente
con perfume de clavo de olor en la cabellera suelta
y un cangrejo que aún se tambalea sobre su hombro
bronceado.

Madrina de mis blancos pájaros
sirena Evangelista mía.
Qué claveles celestes arrojan como balas
tus cañones en el malecón
cuántas flotas de conchas hunden tus disparos
y cómo flexionas las palmeras
cuando el viento austral enloquece
y arrastra la arena y los guijarros.

Pasean las esperanzas en los ojos de la Evangelista
en barcas de huesos putrefactos
en los tres delfines que bailotean
detrás de ella ondean las llameantes banderas.

Ah con qué violines con qué nochebuenas
clavaría un deseo de piedad dentro de tu pecho
para que fijaras otro destino para mí
no soporto la tierra firme
no me retienen los naranjos amargos
permíteme ir al mar abierto con tambores y campanas.

Rápido virgen mía rápido
ya escucho la ronca voz desde lo alto de las tapias
golpea golpea en las broncíneas cerraduras
golpea golpea y se hace hombre
brillan como soles sus adornos de plata
ah y da órdenes —¿no escuchas?—
ah y da órdenes: la Bubulina.3

Y la virgen se alegra la virgen sonríe
el mar fluye hacia lo profundo
¡cuánto se le asemeja!
Sí querido cabezadura
sí marinerito del huerto
en tus sueños esperan los tres mástiles.

Ahora con la estera enrollada y con sandalias rojas
con una navaja en la mano
va el marinerito del huerto
corta las amarillas sogas
desgasta las blancas nubes
la aurora silba dentro de su caracola
enciende pólvora en los sueños
y esplendorosa va por las algas del cielo.




3La Bubulina fue una mujer, originaria de la isla de Hidra, que se convirtió en heroína de la guerra de Independencia (1821-1829), al ceder su fortuna para sufragar parte de los gastos de la flota griega que combatía contra los turcos y por nombrarse capitana de uno de los barcos.

 


XII
 

Barcas a medio hundir
maderas que se hinchan de placer
vientos descalzos vientos
en las callejuelas que se vaciaron
empedradas y cuesta abajo
el mudo el loco
la esperanza a medio construir.

Las campanas anuncian grandes nuevas
blanca ropa tendida en los patios
el maderaje en las playas
pinturas brea trementina
preparaciones para la virgen
que para festejarse espera
velas blancas y banderitas celestes.
Y tú en los huertos del monte
animal del peral silvestre
esbelto muchacho adolescente
el sol se posa en tus piernas
para perfumarse
y la jovencita en el terreno de enfrente
bronceándose lentamente junto a las hortensias.

 


 

XIII
 

Este viento que haraganea entre los membrillos
ese animalillo que liba las vides
la piedra que el escorpión lleva pegada a la piel
y ese hato de espigas en medio de la troje
que se finge gigante frente a los niñitos descalzos.

Las pinturas sobre el "Resucita, oh Dios"4
en la pared que rasguñan los pinos con los dedos
el encalado que sostiene en su espalda los meridianos
y las cigarras, las cigarras dentro de los oídos de los árboles.

Largo verano de yeso
largo verano de corcho
las velas rojas que se inclinan sobre la planicie
esponjas en el fondo del mar animales muy rubios
armónicas de las rocas
las percas aún con las huellas digitales del malvado pescador
los orgullosos arrecifes en las cañas de pescar del sol.

A la una, a las dos: nuestro destino no lo adivinará nadie.
A la una, a las dos: el destino del sol lo adivinaremos
nosotros.



4 Cántico religioso de la iglesia ortodoxa.

 


XIV
 

Caminamos por los campos todo el día
con las mujeres los soles y nuestros perros
jugamos cantamos bebimos agua fresca
conforme brotaba de los siglos.

En la tarde nos sentamos un momento
y nos miramos profundamente a los ojos
una mariposa voló a nuestros pechos
era más blanca
que la pequeña y blanca rama de la punta de nuestros
sueños
sabíamos que no habría de apagarse jamás
y que no recordaba en absoluto cuántos gusanitos
arrastraba.

En la noche encendimos fuego
y cantábamos dando vueltas alrededor:

Fuego hermoso fuego no te entristezcas por la leña
Fuego hermoso fuego no te conviertas en ceniza
Fuego hermoso fuego quémanos
adivina nuestro destino.

Nosotros adivinamos el destino y lo tomamos de la mano
miramos sus ojos que nos devuelven la mirada
y si eso es lo que nos embriaga lo consideramos un imán
y si eso es lo que nos duele lo hemos soportado como un
mal
nosotros adivinamos el destino y seguimos adelante
y saludamos a sus pájaros que emigran.

Somos de un buen linaje.

 


XV
 

Derrama luz en el aceite
y luz en el pecho
la palestra del alma no es un pacífico rincón
la suerte adquiere la extraña apariencia de maga del sol
baila para la primavera
y el vértigo de mayo en el embravecido mar de camomilas
rasga el tiempo abre totalmente las hojas del encinar
tanto que el corazón del que implora se le oprime
sus rosas lanzan espinas a los hastiados
sus rosas huelen a eternidad
sus rosas se esconden en los nervios
sangre honesta que clama venganza.

Derrama luz en el aceite
horada la densa nube preñada
donde se estremece el repiquetear de la lluvia
el almendro lavado se abre resplandeciente
los niños se derraman por los campos
sus voces ya no son retazos
son polícromas velas donde el águila eleve su victoria.

 


XVI
 

Con qué piedras qué sangre qué metal
y qué luz fuimos hechos
aunque tengamos la apariencia de una simple nube
y nos lapiden y nos llamen visionarios
cómo pasamos nuestras noches y nuestros días
sólo un dios lo sabe.

Amiga mía cuando enciende la noche tu pesadumbre
eléctrica
contemplo el árbol del corazón que se esparce
tus manos tendidas hacia una Idea inmaculada
a la que siempre imploras
pero que siempre se niega a descender
durante años y años
ella ahí en lo alto tu aquí junto.

Pero la visión del anhelo despierta un día encarnada
y ahí donde antes no brillaba el desnudo erial
ahora ríe una ciudad hermosa mientras la desees
te acercas para verla te espera
Dame tu mano para que vayamos antes de que la Aurora
la inunde con exclamaciones de triunfo.

Dame tu mano antes de que se reúnan los pájaros
en los hombros de la gente y digan cantando
cómo finalmente pareció llegar desde lejos
la Esperanza virginal criatura del mar.

Vamos juntos aunque nos lapiden
aunque nos llamen visionarios
amiga mía aquellos que no han sabido jamás
con qué metal con qué piedras con qué luz
construimos soñamos y cantamos.

 


XVII
 

Jugué con la nieve del Jelmo
me tosté al sol en los olivares de Lesbos
arrojé piedras blancas en las playas de Myrtóa
tejí cabelleras verdes en la espalda de Etolia.

Lugares que me alimentaron con el nomeolvides
de la luna y con los zumos del sol
hoy sueño con ustedes
ojos que los acompañaron con una luz mejor.

Ojos para un paseo más bello
las noches se vuelven de bronce en sus entrañas
paisajes heraclianos
Aquel que salga habrá de decir: deslindo la vida
sin haber sido alcanzado por los rayos de la muerte
Aquel que con un puñado de aire puro
habrá de decir: que nazca desnuda una rosa
y nacerá

Aquel tendrá en su pecho cien siglos
pero será joven
joven cual vocecita de agua recién extraída
que se vierte de un lado del día
joven cual retoño de una rama indemne
joven sin arrugas de la tierra ni sombras del cielo
ni el deleite del placer del pecador.

 


XVIII
 

La juventud con una antorcha de espigas en lo alto
avanza entre las olas y canta:

Oh jóvenes que me comprenden —patriotas del sol—
con palos y extraños pájaros en las manos
con corazones inmaduros y ojos puros
que escuchan zumbar desde las playas el viento levante
calentando en su regazo una luz inmensa
desde el extremo del cielo hasta lo profundo del corazón
—patriotas del sol— con terquedad purpúrea
dicen: el único camino es el Oriente.

La tierra del olivo de la higuera y del ciprés
de las vides de los ríos secos y de las grandes cúpulas
apoya su costado en las márgenes de sus sueños
Escúchenme soy de los suyos denme una mano
que quiera cortar de un solo tajo los sueños de todos
para nadar libremente en la juventud de las nubes.

La tierra habla y se escucha el temblor de los ojos.

 


 

Variaciones sobre un rayo de sol
Segunda parte
 

I

Rojo


La boca que es demonio voz de cráter
alimento de la amapola sangre del dolor
que es gran alcaravea de la primavera
Tu boca habla con cuatrocientas rosas
golpea los árboles mece la tierra entera
vierte en el cuerpo el primer escalofrío.

Aroma significativo del dedo mi pasión se desborda
mi ojo abierto se duele entre las espinas
no es la fuente que anhela las aves de dos pechos
tanto como el zumbido de la avispa en las caderas
desnudas.

Denme la cicatriz los hechizos del amaranto
de la joven hilandera
el decir "adiós" "regreso" "te daré"
lo beberán las grutas de la salud a la salud del sol
el mundo será o la pérdida o el viaje de ida y vuelta
aquí la sábana en el viento allá el rostro en el infinito.

Fuete tulipán mejilla de la preocupación
entraña fresca del fuego
lanzaré a Mayo al aire lo estrecharé en mis brazos
le pegaré a Mayo lo haré pedazos.


II

Verde

 

Una cuchillada en la pulpa de la manzana
una amargura en el hollejo de la almendra fresca
un salto de agua en la pradera
la jovencita que aún no entra de lleno en el amor
pero lleva en su falda un agrio bosquecillo de frutas.

Niña mía tengo en el corazón una florescencia intacta
y una lluvia de tréboles recién nacidos
La catarata que aún no se ha precipitado
es muy profunda y está muy contenida
pero se precipitará como fiera en el abril de tu día
cuando yo haya tocado el manantial y cuando te devore el
sol.

Césped lecho tendido
oído de pinzón ungüento de miel bienvenida al respiro
la ola de la tierra también es grande
el tacto del cuerpo también es profundo
el tiempo no pasa en vano para la risa que se sacude
de deseo por entrar en la pasión del cielo.

Entraré por la puerta protegida por una simple hoja
imitaré el relincho del potrillo
percibiré el espasmo que te eleva hacia los astros.

 


III

Amarillo

 

Desde temprano las jóvenes sonrosadas lanzaron
luces de bengala voces y colores sonoros
en la lejana capilla del poniente…
¡Talán talán! Se lanzó desde las campanas el viento
y todo el mar en la lejanía ¡tilín talán!
apacienta campanitas locas.

Y ahora van las jóvenes desnudas de la cintura para arriba
con grandes cestos pezones carmesí capricho de la
espiga
inclinada con una mariposa en el rebelde seno derecho.
Tres cuatro dieciséis ochenta cien
van y se pelean los hijos de la tierra reina de la
vegetación
van e inflaman con trompetas pasiones de fuego en las
trojes
queman forraje funden monedas incensan polen
de azafrán tanto que el regazo de la tierra se pone a
temblar
el éter se enfurece con ráfagas amarillas y todo relampaguea
y hierve con azufre en la playa con cañaverales en el
campo.

¡Niñas no! Con qué corazón llegarían a puerto los
ruiseñores
¡No! Con qué estremecimiento de agua surgirían las
pérgolas
Cómo cabría el cielo en una concha rosada
¡Niñas! Cómo adivinaría la luz a través de sus ojos.

 


IV

la Anaranjada

A Andrea Kampas

 

Fue tanto lo que la embriagó el zumo del sol
que inclinó la cabeza y aceptó convertirse
poco a poco en la pequeña Anaranjada.

Mientras tanto brillaban azulados los siete cielos
mientras tanto palpaban un fuego los cristales
mientras tanto centelleaban las colas de las golondrinas
Se sorprendieron arriba los ángeles y abajo las jóvenes
se sorprendieron arriba las cigüeñas y abajo los pavos reales
y todos juntos se reunieron y todos juntos la vieron
y todos juntos le gritaron: Anaranjadita.

Se embriaga la vid y el escorpión se embriaga el mundo
entero
sin embargo el aguijón del día mantiene el dolor
la garza enana entre los gusanitos le dice
el golpe del agua en los momentos dorados le dice
el rocío en el labio superior del buen Bóreas le dice:

Levántate pequeña pequeña pequeña Anaranjadita
como te conoce el beso nadie te conoce
ni siquiera te conoce el sonriente Dios
quien con su mano extendida en la llameante resolana
te muestra desnuda a sus treinta y dos vientos.

 


 

V

Azul claro

 

Con qué facilidad paso de tus ojos al cielo
de la manga de agua al rostro del mar
de tu pequeño dedo a la estrella de zafiro
Fama esperanzada de la luz espacio inmenso
lo que observo con la mirada me alimenta.

Lo que percibo con el tacto me alimenta
cuerpo fresco del mar o aire
esfera del sueño intocable o fría pompa de jabón
la geografía de tu virginidad que no me importa
una tela de seda para pisotearla
un cuenco de campana cristalina para los sordos
que visten de corcho a su muñeca más pesada.

Mi muñeca es tu muñeca es la azulita
completamente desnuda que se divierte agujerada con
los astros
y se baña en la noche y hace cosquillas a los grillos.

Pero ni la gota de la Aurora bebida por lo azul
ni la resurrección de la maldad del ruiseñor
ni el girar del trompo ni el desmayo
del momento que dispersa en el vacío las plumas de ganso
beben de tu frente de la fuente que llaman libertad.

 


VI

Azul oscuro

 

Te hechizaron las hadas de la profundidad
las blancas erinias del viento noroeste
encendiendo el celo de tu cuerpo
pero cuando rieron las hilanderas del sol
que ambicionaban un orgullo terrenal
adquiriste de repente el color del infinito.

Ahora mientras camino por las laderas
entre las bellotas que soplando derribó
el viento regocijado con labios azul oscuro
mientras me deslizo por los cristales de la pendiente
abro las alas en tu mirada inmensa.

Mientras inserto un himno en la boca del viento norte
me alumbra la bahía y el profundo murmullo de la arena
y veo flores que caen en las claras aguas
algas morenas en la canción de cuna de la brisa
pacientes postigos en las ventanas del Egeo.

Y veo además a un solitario pájaro de oscuros colores
que es bebido por el enigma de tu abrazo
como la noche es bebida por la aurora
como la gloria por las formas de las estatuas.

 


VII

Violeta

 

Como féretro que avanza mientras secretamente el muerto
deja un riachuelo de violetas tras de sí
el Ática le susurra buenas noches.

Como jardinero que sufre agachado
entre los alambres y las piedras agudas
pero no escucha la queja de la flor del naranjo.

Cuando atavía al viento y hace señas con la vegetación
más allá del resplandor de las montañas flotantes
y del suspiro del viticultor se espantan las nubes…

La tierra reúne en torno sus galaxias de árboles
y en sus entrañas engendra un lago de agua.

La tierra prepara sus sábanas:
siemprevivas más tiernas que los botoncitos de los
ángeles
bulbos más fáciles de contar que las sombras del cielo.

El trigo lanzado al viento brilla solitario en las alturas
las malvas se visten y se colocan en las tumbas como cirios
silba un barco lejano que se pierde.

Un techo tranquilo con su chimenea
con tres hilos de humo canta al viento de la tarde
un murciélago se enreda en la cabellera del poniente.