Nota introductoria

 

De la segunda novela de Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas, Witold Gombrowicz ha declarado: “No conozco ninguna obra que introduzca mejor a los secretos de la sensibilidad contemporánea de la América Latina, a sus mitos, a sus fobias, a sus alucinaciones. Pero su contenido es universal, atravesado por la prodigiosa metáfora del Informe sobre Ciegos”.

Si la obra es prototipo de la modernidad latinoamericana, no lo es del todo la experiencia vital de su autor. El itinerario cumplido por Ernesto Sabato ha sido en muchos sentidos excepcional. Nace en 1911 en Rojas, pueblo de la provincia de Buenos Aires. A fines de los años veinte, al terminar el bachillerato y a su ingreso a la Universidad, sufre tres encuentros decisivos: con el anarquismo, la ciencia y el marxismo. En 1930, un año después de ingresar a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de la Plata, ingresa al Partido Comunista, con el que ha de romper en 1934, luego de participar en el Congreso contra el Fascismo y la Guerra celebrado en Bruselas. Entre 1934 y 1942 vive su mayor dedicación a la ciencia: termina su doctorado en Física; trabaja becado en radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie de París y sobre rayos cósmicos y relatividad en el Instituto Tecnológico de Massachusetts; enseña en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

En 1940 publica su primera colaboración literaria; en 1943 la literatura lo gana definitivamente: abandona la ciencia y se aísla para escribir su primer libro, Uno y el Universo, que aparece en 1945. A partir de ese año se suceden las obras: las novelas El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el Exterminador (1974), y los ensayos de Hombres y engranajes (1951), Heterodoxia (1953), El otro rostro del peronismo (1956), El escritor y sus fantasmas (1963), Tango. Discusión y clave (1963), Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo (1968), Apologías y rechazos (1979) y Robotización del hombre (1981).

En este cuaderno dedicado a su narrativa, Sabato ha querido reunir, con el título de “Alejandra”, los primeros capítulos de Sobre héroes y tumbas, que a su juicio tienen la unidad adecuada para este fin. Que sirva para presentar a estas páginas seleccionadas por él la definición que diera, en una entrevista, de su condición de narrador: “He publicado sólo tres novelas a lo largo de mi vida. Soy hipercrítico, autodestructivo y depresivo. Los momentos de depresión en mí ocupan la mayor parte de mi existencia, momentos en que todo me parece horrible, la sociedad en que vivimos espantosa, y en que se me ocurre que es casi imposible comunicarme con los otros, como si habláramos lenguas distintas o como si estuviéramos gritando desde islotes privados y tratando de ayudarnos con gestos. Precisamente de esa sensación que tuve desde chico nació, seguramente, mi necesidad del arte”.

 

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