Un país...


El oculto designio de un alma colectiva. Movimientos mecánicos, según un plan anónimo y fatal. Emociones artificiales, cortadas por mayor. Valores humanos desolados que una generación sin sentido trasmite a otra generación sin sentido. Una escolástica de ideas comunes que combina el azar, de juicios raídos y de afirmaciones truculentas. Vanidades minúsculas y soberbias liliputienses. Un escenario ramplón donde se representan, con títulos pomposos, escenas repugnantes: un Aquiles ficticio combate a un Héctor convencional, un Beowulf pusilánime vence a un dragón de guardarropía, un Siegfried de cartón liberta a una Brunhilda de azúcar, un Cristo de letra de molde redime pecados de almanaque galante. —Un grosero humorismo disfraza, tras una risa vil, la incomprensión y la crueldad—. —Hambre y miedo—. La posibilidad de desear todas las verdades y la imposibilidad de poseer ninguna.

Gastó largos años para hacerse un estilo. Cuando lo tuvo, nada tuvo que decir con él.