Nota introductoria

 

Agustín Monsreal nació en la ciudad de Mérida, Yucatán, hace 69 años. Se inició simultáneamente en el cuento y en la poesía pues en 1979 publicó Punto de fuga (Cuadernos de Estraza) y Los ángeles enfermos (Editorial Joaquín Mortiz) que le dio el Premio Nacional de Cuento con un jurado compuesto por Mario Benedetti, Sergio Galindo y Huberto Batis. Aunque en 1980 reincidió en la poesía (Canción de amor al revés, La Bolsa y la Vida Ediciones), hoy se ha convertido en un cuentista de tiempo completo y, ciertamente, en uno de los más importantes de nuestro país.

Su prosa ha explorado con tres libros tres caminos distintos.

Los ángeles enfermos fue una sorpresa por su limpia escritura y porque asumía el reto del cuento fantástico que hoy apenas atienden autores como José Emilio Pacheco y Emiliano González. “Ventana abierta al mar” y “En el cautiverio” provienen de este libro y muestran los tópicos de la inversión de la realidad y ese escándalo, esa rajadura, esa irrupción insólita e insoportable que, dice Roger Caillois, ofrece la literatura fantástica.

Pero si en este libro Monsreal se afiliaba a una larga lista en la que encontramos a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Elena Garro, Amparo Dávila, Juan José Arreola y Francisco Tario, Sueños de segunda mano (Folios Ediciones, 1983) iba a remitirnos a un autor tan distinto como Efrén Hernández (Monsreal mantuvo en Excélsior una columna llamada Tachas en honor al autor de El señor de palo). En este libro Monsreal abordaba los vulgares y pequeños apocalipsis de la vida cotidiana como la estrechez económica, el desamor, los adulterios hipócritas, el aplastamiento burocrático, la frustración pequeña e incesante, el autoengaño y la rutina. Se trata de incidentes sordos y grises en los que sin embargo está contenida la existencia; no es lo mejor que puede sucederle a uno pero es preciso mostrar la vida de todos esos seres cuya jabalina nunca va a llegar al sol. De este libro están tomados “Otra vuelta de tuerca” y “Nunca acaricies un círculo porque se vuelve un círculo vicioso”.

Si Los ángeles enfermos entregó cuentos ceñidos por el final sorpresa que es inherente al texto fantástico, Sueños de segunda mano se armó con relatos, es decir, con trabajos más libres que dependen no nada más del final, sino de todo el desarrollo bien dosificado en sus tensiones.

Cuando Agustín Monsreal publicó La banda de los enanos calvos (Secretaría de Educación Pública, Lecturas Mexicanas, Segunda Serie, 1987) ya conocía muy bien el mundillo de los hombres de letras y a su costa armó un conjunto de textos que oscilan entre el ensayo burlesco y el relato y que con humor corrosivo hacen mofa de la charlatanería, el ansia de fama, las componendas, la simulación, la ignorancia, la pereza, los proyectos frustrados y los prejuicios que se dan con especial intensidad en el mundillo de los escritores. También aparecen ridiculizados los autores que experimentan con las modas pero que no tienen la más mínima idea de lo que es la vida; y los críticos que le asignan un papel demoledor a las influencias literarias; y la intrascendente vida social. . . “Entre peros y sin embargos” y “La selva de los suicidas” pertenecen a La banda de los enanos calvos.

Hasta hoy la obra de Monsreal ofrece tres vertientes distintas; es imaginativa pero también terrenal y corrosiva. El común denominador de sus tres proyectos está constituido por la calidad y la eficacia.
Entre la bibliografía de Agustín Monsreal encontramos 22 cuentos 4 autores (Ediciones Punto de Partida, unam), de 1970 y Pájaros de la misma sombra (Ediciones Océano, 1987) que reúne Los ángeles enfermos y Sueños de segunda mano.

 

 

Vicente Francisco Torres