Nota introductoria
 


El trabajo literario de Emiliano González (México, DF, 1955) ha crecido lenta, extraña y coherentemente. Su primer libro, Miedo en castellano (Editorial Samo, 1973) era muestra de su interés por el ejercicio pleno de la imaginación e indicaba los estudios que estaba realizando ese joven de apenas 18 años de edad. Dicha colección era interesante por los relatos macabros y fantásticos que entregaba, porque recuperaba a Manuel Peyrou, un autor magnífico difundido sólo en antologías, y porque mostraba textos de autores cubanos poco conocidos.

En Los sueños de la bella durmiente (Editorial Joa­quín Mortiz, 1978) cristalizó el aprendizaje llevado a cabo no sólo en la literatura fantástica, sino en los decadentes europeos, en los modernistas americanos y en una figura singular, americana y universal: Jorge Luis Borges.

Los sueños de la bella durmiente es un libro raro —por supuesto que el adjetivo invoca la célebre obra de Rubén Darío—, impresionante y magnífico. Uno sigue con verdadero placer todas las fantasías eróticas, delirantes, escatológicas, macabras y crueles que Emiliano González viste con esplendor.

Su aprendizaje fue excelente: la ambientación de sus relatos está a la altura de sus febriles temas; las parodias modernistas y las lecciones de Borges, antes que ocultarse, se asumen abiertamente, con la misma osadía que el autor mostraba para saltar de la prosa al verso. Paradójicamente, en la exhibición de los recursos adquiridos radica la originalidad de Los sueños de la bella durmiente. A mi juicio —por su belleza, por la singularidad de sus ideas y por su feliz composición—, de este libro perdurarán un cuento (“Rudisbroeck o los autómatas”) y varios poemas: “Miniaturas para definir a Borges”, “Viñetas galantes” y “Las gárgolas”, entre ellos.

Pero si en Los sueños de la bella durmiente el homenaje a los decadentes era implícito, Almas visionarias (Fondo de Cultura Económica, 1987) fue el medio ideal para plantear abiertamente sus devociones: Huysmans, Schwob, Baudelaire y Machen. Además, fue la oportunidad para rendir un homenaje a los modernistas en general y a Efrén Rebolledo en particular.

Al buscar almas contemporáneas que estén empeñadas en su misma búsqueda, Emiliano González sólo encuentra, en México, unas cuantas: Jordi García Bergua (en primerísimo lugar), Antonio López Chavira, Miriam Ruvinskis y Lilia Barbachano. Precisamente cuando el autor habla de la obra de sus contemporáneos, está expresando su propio ideal: “En la prosa artística no imperan las leyes del mundo de lo factible sino el delicioso, ilegal e ilimitado fasto barroco: se crea un universo de placer y derroche, no de economía ni de responsabilidad. O mejor: la única responsabilidad es el placer, el éxtasis espiritual: el único deber es colmar, a través de la escritura, los huecos impuestos por el mundo factible. La inteligencia es estimulada sensualmente; el conocimiento llega al espíritu por el cuerpo”.

Los ensayos reunidos en Almas visionarias no se conforman con la información y el análisis, sino que son ejemplos de lo que se llama crítica creación.

En 1988, Emiliano González volvió a mezclar en un mismo volumen relatos y poemas: La habitación secreta (Cuadernos de la Gaceta del Fondo de Cultura Económica), y al año siguiente dio a la estampa su mayor y más ambiciosa antología (El libro de lo insólito, Fondo de Cultura Económica), donde encontramos textos de la literatura americana y europea que ejemplifican el simbolismo, el modernismo, la poesía visionaria, la literatura esotérica y la feérica.

Casa de horror y de magia
(Editorial Joaquín Mortiz, 1989) es su más reciente libro de cuentos.* De él tomé “El discípulo: una novela de horror sobrenatural”, que es notable por el juego que hace con la información literaria, por su magnífica construcción y por el giro que le da a algunos tópicos de la narración terrorífica, decadente y fantástica.



Vicente Francisco Torres

 

* La primera edición de este Material de Lectura se publicó en 1991. Para entonces, Casa de horror y de magia se trataba, efectivamente, del libro más reciente de Emiliano González. Entre las obras posteriores de González se pueden encontrar Orquidáceas (Joaquín Mortiz, 1991) e Historia mágica de la literatura (Editora y Distribuidora Azteca, 2007), entre otras. (N. del E.)