Nota introductoria

 

Hija de padres de origen suizo-alemán, Eudora Welty nació en 1909 en Jackson, Mississippi, donde transcurrió toda su vida.* Los recuerdos de una infancia y juventud muy felices quedaron grabados en su obra One Writer’s Beginnings (1984). Estudió en el State College for Women en Mississippi, la Universidad de Wisconsin y en la Escuela de Publicidad de la Universidad de Columbia en Nueva York. Al terminar la universidad trabajó como agente publicitario para el Works Progress Administración en Mississippi en el peor momento de la Gran Depresión, lo que le permitió conocer a fondo el estado que tanta importancia tendría en su obra. Su deambular a través de todos los condados de Mississippi ha quedado registrado en las fotografías que tomó y que fueron publicadas en 1971 bajo el título One Time, One Place: Mississippi in the Depression: A Snapshot Album. La joven e improvisada fotógrafa descubrirá, al atrapar los rostros y paisajes de la Depresión en Mississippi, la importancia del detalle, y la obra escrita de Welty es la celebración de este detalle observado con minucia. También trabajó un tiempo en la estación de radio local, hecho que ayudó a sensibilizar su escritura con la expresión oral, como lo prueba el cuento “¿De dónde viene la voz?”

Escritora del sur de Estados Unidos, Eudora Welty es también heredera de los grandes humoristas del suroeste americano, entre los cuales el más conocido es Mark Twain. Al igual que en Twain, la obra de Welty ofrece un abanico de voces, de acentos y de cuentos extraordinarios y cómicos. Pero no se puede reducir a Welty sólo a esta tradición: también es heredera directa del sur profundo, aunque sin caer nunca en una visión local y limitada. Sería tan equivocado calificar a Welty de escritora regionalista como a Faulkner, Flannery O’Connor, Robert Penn Warren o Shelby Foote. Sin embargo, todos ellos partieron de una materia prima idéntica: el sur profundo agobiado por su historia, devastado, vendido y desgraciado. En ese sentido comparten una realidad, una manera de ser, una conciencia sumamente aguda de la condición humana, aún más aguda por los dos grandes problemas del sur: la esclavitud y la mezcla de razas.

En Welty el pasado no tiene el enorme peso que tiene en la obra de Faulkner pero, al igual que en muchos de los grandes escritores del sur, su obra contiene los grandes temas característicos de esta región: la importancia de la tierra y de la pertenencia a un lugar, y el deseo de comunicarse con el otro y de reconocerse en él.

Por otra parte, Welty trabaja de manera muy personal el tema del espacio, ese punto particular desde donde se llega a lo universal, al circunscribir sus personajes a una región donde se encuentran realidad y fantasía. El paisaje del sur profundo, del sur de la vida cotidiana donde se origina su obra, aparece bañado por una luz implacable bajo la cual sólo desaparecen en apariencia el secreto y la sombra. Es notoria, por ejemplo, su atracción por la famosa Natchez Trace, lugar real y legendario, refugio de bandidos como los hermanos Harpe (ver The Robber Bridegroom, 1942).

Porque la escritura de Welty se sitúa en una región imaginaria, el tiempo también se convierte en extraordinario. Esto no quiere decir que el tiempo no cuente, al contrario, es parte esencial de sus cuentos: permite la secuencia y la acumulación narrativa de manera que el relato madura y su efecto se vuelve duradero. El tiempo permite el descubrimiento de los otros y en él se tejen las relaciones humanas que de alguna manera son el tema principal en la obra de Welty. En contraposición al espacio inmóvil y pasivo, el tiempo se mueve y provoca el movimiento.

En estas dos dimensiones, espacio y tiempo, se desenvuelve el misterio de nuestra condición. Todos los personajes de Welty son personajes encantados para bien o para mal, están rodeados de un aura de magia y el arte de Welty, dicho en sus propias palabras, busca “rasgar una cortina, esa sombra invisible que separa a la gente, ese velo de indiferencia hacia la presencia del otro, hacia el misterio de cada uno, hacia la condición de cada uno”.

Los dos cuentos aquí traducidos ilustran estos aspectos esenciales en Eudora Welty. “La llave” es el logro y el fracaso de la comunicación. Al igual que en una obra de teatro estamos en un espacio único y limitado y en un momento preciso; sin embargo, esta obra es la antítesis del teatro ya que se trata de un cuento sin voces audibles en el cual vemos a un personaje descubrir el misterio de otros. Al tratarse de un relato sin sonido, Welty, la observadora, la amante del detalle, aparece con toda su fuerza.

Por oposición, “¿De dónde viene la voz?” es la creación de un personaje únicamente a través de su voz; no hay espacios ni tiempos definidos, aunque la voz misma esté impregnada del espacio y del momento de donde brota. La voz es la que crea el suspenso que lleva a la intensidad final. Dejémosle ahora la palabra a Eudora Welty quien nos explica cómo nació este relato:

 

Aquella cálida noche de agosto en que alguien le disparó por la espalda a Medgar Evers, el líder local de la igualdad, y lo mató, pensé con arrolladora claridad: sea quien sea el asesino lo conozco; no su identidad, sino su surgimiento en este tiempo y lugar. Es decir, debería haber aprendido después de todo este tiempo y desde aquí, desde este lugar, cuáles serían los pensamientos de un hombre así, dispuesto a cometer semejante acto. Escribí este cuento (mi ficción) en primera persona: mi indignación y rebelión me hicieron sentir que no podía equivocarme acerca del punto de vista de este personaje. El cuento surgió y se impuso a mitad de una novela que estaba escribiendo y lo terminé la misma noche en que le dispararon a Evers (sólo tiene dos páginas). Lo mandé a The New Yorker, donde fue aceptado para el número que estaba por publicarse y William Maxwell, quien desde que lo leyó supo todo lo que le hubiera podido decir acerca de este cuento y de su razón de ser, lo editó por teléfono conmigo. Para entonces, habían arrestado a alguien en Jackson y tuve que cambiar los detalles exteriores de esta ficción que por azar se parecían demasiado a los de la realidad, porque el cuento no debe perjudicar a aquél cuya vida está en juego en un tribunal.

Me han dicho, en tono aprobatorio y en tono acusatorio, que parece que quiero a todos mis personajes. Lo que hago al escribir acerca de cualquier personaje es intentar penetrar en la mente, el corazón y la piel de otro. Trátese de un hombre o una mujer, de un viejo o de un joven, blancos o negros, el reto esencial consiste en dar ese salto. Lo que más valor tiene para mí es el acto de imaginación del escritor.

 

Claudia Lucotti y Lucía Segovia


* Eudora Welty murió el 23 de julio de 2001, también en Mississippi. (N. del E.)