El flautista electrónico de Hamelin

 

Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furio­so, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas monta­ñas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por pren­der el aparato televisor: los niños encantados lo siguieron hacia su perdición.