Televisiva

 

La mujer sangraba, tenía heridas por todo el cuerpo, el vesti­do desgarrado, en el rostro se reflejaba el pánico; sólo aguar­daba la embestida final del monstruo. En ese momento una interrupción vino en su ayuda: la historia de terror quedaba trunca. Ella, aprovechando el anuncio de whisky, se alejó rá­pidamente de la bestia asesina. Al volver el film, el suspenso había desaparecido: por un lado el monstruo desconcertado buscaba a su presunta víctima, por el otro la mujer llegaba conduciendo su automóvil a casa del héroe, médico por cier­to, para restañar sus heridas.