Advertencia



Las limitaciones a la hora de intentar un recuento mínimo de algún escritor entrañable pesan, en la conciencia de quien lo perpetra, mucho más que la buena intención o el entusiasmo que seguramente lo impulsan. Es sabido que, por lo general, el resultado suele decir más del que elabora la selección que del autor que se ve sometido a tan precaria síntesis. Mi única esperanza es que si algún lector no versado en el tema —debe de existir alguno— llegase a leer esta posibilidad entre tantas de elegir y combinar cuarenta páginas de Cortázar, le quede al menos el impulso de acercarse a los varios miles restantes para elaborar quizás, con el tiempo, su propia ars combinatoria, su incompartible, secreta antología, donde será difícil justificar inclusiones y rechazos de manera imparcial o equitativa. Pero justamente, nada hay más ajeno a la obra de Cortázar que la tendencia a dar a la razón un lugar privilegiado, que la manía de explicarlo todo por las vías conocidas, clasificadas y tranquilizadoras del intelecto, para el que no existen problemas insolubles ni las desviaciones de la lógica o los saltos en el tiempo y en el espacio que suelen aparecer con inquietante frecuencia en los textos de Cortázar. En ellos, las opciones que se plantean a los personajes no pueden resolverse y muchas veces ni siquiera plantearse por medio de la sola inteligencia, sino exactamente al revés, buscando en ese mundo en que los valores han cambiado de signo, no las leyes, sino las excepciones, los compartimientos no usados, la iluminación más allá del razonamiento. “En mi caso, la sospecha de otro orden más secreto y menos comunicable, y el fecundo descubrimiento de Alfred Jarry, para quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las excepciones a esas leyes, han sido algunos de los principios orientadores de mi búsqueda personal de una literatura al margen de todo realismo ingenuo.”*

Los relatos de Cortázar tienden puentes entre la realidad y el sueño, entre el pasado y el presente: todo altera su condición y se mira de pronto como desde otra orilla. El mundo es siempre una manera de mirar, afirma, e invirtiendo el punto de vista, la posición de los platillos de la balanza, se obtienen las combinaciones y las aperturas que dan lugar a otra posible realidad, en la que de pronto un hombre puede ser asesinado por un personaje del libro que está leyendo, o un juego infantil adquiere posibilidades siniestras, o hay alguien que poco a poco se transforma irremisiblemente en otro. “Lo verdaderamente fantástico no reside tanto en las estrechas circunstancias narradas como en su resonancia de pulsación, de latido sobrecogedor de un corazón ajeno al nuestro, de un orden que puede usarnos en cualquier momento para uno de sus mosaicos. (...) Las grandes sorpresas nos esperan allí donde hayamos aprendido por fin a no sorprendernos de nada.”**


Blanca Luz Pulido

 

 

* Julio Cortázar, La casilla de los Morelli, edición, prólogo y notas de Julio Ortega, Tusquets Editor, Barcelona, 1973, p. 13. (Cuadernos marginales, núm. 30).

** Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos, Siglo XXI Editores, 1967, vol. 1, pp. 74-75.