Nota introductoria

 


La narrativa italiana contiene una rica veta en el género del humorismo, con una tradición que prolifera desde el siglo XVIII. Algunos de los grandes autores italianos, sin ser aquella su característica, incursionan en ese campo: basta aludir a Pirandello y a Moravia. Entre los contemporáneos la lista de humoristas es amplia y los hay muy notables o populares no sólo en su país, como Luis Lucatelli, Diño Sebre (conocido mejor por su seudónimo de “Pitigrilli”), Tribulsa, Lucio Ridenti, Alessandro Varaldo, Niño Guareschi, Antón Germán Rossi, Aquiles Campanile, Cario Manzoni y otros. Entre ellos, quizás el más delicioso es Massimo Bontempelli.

Nacido en Como, Lombardia (1878-1960), estudió en Turín y fue alumno predilecto del poeta Arturo Graf, militando después con los carduccistas. Tomó parte activa y violenta en famosa polémica contra Benedetto Croce y la influencia de la cultura y filosofía alemanas, por los años previos a la primera guerra mundial. En 1919 conquista gran popularidad al publicar sus novelas del ciclo la Vida intensa, iniciándose en una literatura –según nota de Nino Frank en el Dictionaire des Auteurs, de Laffont-Bompiani– que sacrifica la corriente convencional de la época, a la manera de Anatole France, convirtiéndose en una especie de apóstol de lo que se conoció como “realismo mágico” (mismo término usado con otro sentido ahora para definir cierta novelística creada en Latinoamérica, y de la cual Juan Rulfo es sobresaliente exponente), y que, como el mismo Bontempelli precisó, se opone a una versión peninsular del modernismo, común durante los arios veinte a toda una literatura europea, paralela en cierto modo a lo “fantástico social” que exploró Pierre MacOrlan.

Es la etapa que prefigura las obras de Bontempelli del periodo milanés: La vida intensa (1919), La vita operosa (1920) y Viaggi e scoperte (1921), “expresiones de un humor impasible y corrosivo”. Radicado luego en Roma, fundará en 1925 la revista 900, de extensa resonancia e influencia, que devendrá en centro de una escuela literaria, en abierta reacción contra tendencias favorecidas por el fascismo. En el decenio 1920-1930, el “realismo mágico” logra plena expansión en la obra bontempeliana: acceso a lo que tiende a determinado elemento fantástico, animado por una invención constante, así como por un rigor del estilo y del ritmo: La scacchiera davanti alio specchio (1922), Eva ultima (1923), La donna dei miei sogni (1925).

Seguirá un retorno al humanismo, con un poco de fallas en la inspiración: Il figlio dei due madri (1929), novela policiaca, y La famiglia del fabbro (1932). También autor dramático, crea en Roma el Teatro del Arte, que dirige con Pirandello. En 1945 se adhiere al Partido Comunista y es elegido para senador. La bibliografía de Bontempelli es numerosa, comprendiendo además de sus obras narrativas y teatrales, ensayos y estudios sobre los poetas líricos del 400, y Una vida de San Bernardino en Siena, además de sus lecturas comentadas de unos cantos de La divina comedia, L’avventura novecentista y Estado de gracia.

Wenceslao Fernández Flores, en su antología del humorismo en la literatura universal, en la cual incluye a Bontempelli, dice que él crea “personajes que viven aventuras extrañas con gesto absolutamente lógico y cotidiano”, y que en este contraste se “halla el quid de su gracia originalísima”. En la Antología de humoristas italianos contemporáneos, dentro de la estupenda colección Monigote de papel editada por José Janes en España, se subraya que “los personajes de los cuentos de Bontempelli (La vita attiva, La donna dei miei sogni, La sposa del nadir) y de sus novelas (Eva ultima) o de sus obras teatrales (Nostra dea, La guardia alla luna) viven siempre aventuras abracadabrantes, locas, inverosímiles, pero en la ciudadela de sus absurdos, se mueven, ríen, sufren, aman, mueren con los gestos más lógicos, cotidianos y reales”, calificándosele a él, a Bontempelli, como el “más original de los escritores italianos”.

La introducción de Bontempelli al idioma español, como cuentista, la hizo Revista de Occidente, en 1926, al publicar El buen viento, con esta noticia: “Massimo Bontempelli ya no es desconocido para nosotros. Recientemente se ha estrenado, vertida al castellano, su obra de teatro Nuestra diosa. De sus prosas, ésta es la primera que se traduce. Pertenece Bontempelli a las nuevas tendencias de la literatura italiana, inclinándose de preferencia al humorismo. Dirige la gran revista 900, recientemente aparecida, en que se congregan las primeras firmas europeas.”

Aquí, y de seguro en el resto de Latinoamérica, fue Xavier Villaurrutia el primero en advertir y apreciar la gracia bontempeliana. Atraído por ella traduce el cuento “Para la historia del teatro danés” –el primer texto de Bontempelli publicado en México– y recogido en el número 36, de 1931, por la revista Contemporáneos, y luego el titulado “África”, que aparece en la revista Número –bellísima publicación literaria animada por Guillermo Jiménez de 1933 a 1935–, y más tarde “Sobre una locomotora”. Villaurrutia, incluso, se propuso realizar una compilación de cuentos de Bontempelli –que siempre recomendaba con placer a sus amigos– y que lamentablemente no pasó de anuncio para uno de los tomitos de la colección Cvltvra, en su segunda época, de la que fue director. La suspensión de Cvltvra a los seis o siete números aparecidos impidió que se cristalizara tal compilación.

Delicioso cuentista, de finísimo y divertido humor, de Bontempelli es ésta la primera recopilación que se hace en español, de sus pocos cuentos hasta hoy traducidos, y que pueden ubicarse entre los más jocosos del humorismo universal –a pesar de que fuera de Italia no han tenido la difusión que exigen– por su alegre maestría en urdir historias en las que ocurren colisiones de lo absurdo a lo inverosímil, con una aplicación jocosa o burlona a incidentes posibles o lógicos.

La gracia, la agudeza, la invención sorpresiva e inesperada mueven, en la cuentística de Bontempelli, a curiosos personajes, quienes con socarrona inocencia cuentan en primera persona –una constante de su estilo– sucesos imprevistos, fuera del orden establecido, y que culminan en ingenioso buen humor. Es, y por ello es grato leerlo o releerlo, uno de los escritores más divertidos entre los mejores en el género humorístico.


Edmundo Valadés