Efetichista

 

El entusiasmo de la camaradería en ebullición rompió la celosa guardia impuesta sobre las mochilas escolares. La ocasión la aprovechó y se escurrió reptilíneo hasta el banco donde el bello adolescente y sus condiscípulos dejaron los útiles antes de echarse a corretear entre los setos del parque. Sin errar el objetivo introdujo la mano en la mochila del bello adolescente y hurgó en el fondo sin hallar el valor deseado. Escalaron sus dedos el cuaderno de tareas y agudizando el tacto de las yemas sustrajo algo que rápidamente introdujo en su bolsillo y huyó a toda prisa. Con la respiración entrecortada llegó a su habitación, cerró la puerta, puso el cerrojo y se entregó a acariciar y besar con unción la bella reliquia. Se quedó contemplándola en la palma de su mano. ¡Cuánta hermosura! Es parte de él. Es su propio cuerpo. El hombre estrujó sobre sí mismo la letra “f” y se desvaneció exhausto.