La Arquitectura del Clero Secular

 

La arquitectura del clero secular presenta también caracteres distintivos barrocos. El tipo y número de iglesias se multiplica para satisfacer las necesidades de mayores núcleos de población. En las catedrales de México y Puebla se continúan en el nuevo estilo las obras iniciadas en el siglo XVI. La Catedral de México fue dedicada en 1656, y casi con el siglo se terminó el interior con el magnífico coro. La de Puebla se dedicó en 1618 y se concluyó prácticamente a principios de la época barroca, gracias principalmente a la actividad del obispo Palafox.

Después de la catedral, el tipo de edificio más importante para el clero secular es la parroquia, que constituye, igualmente, uno de los tipos arquitectónicos de solución más uniforme del barroco mexicano y que alcanza su máxima expresión en el siglo XVII.

La solución en planta de la parroquia es de una nave con crucero, cerrándose éste con la cúpula. El ábside es plano y las techumbres a base de bóvedas de cañón, de arista o por lunetos. Flanqueando la fachada se colocan dos torres iguales, entre las que se sitúa la puerta, y hay otra lateral de importancia secundaria. El coro, lo mismo que en las iglesias de frailes y en las del siglo XVI, está colocado sobre la entrada principal. El bautisterio y la sacristía se suelen colocar entre los brazos del crucero y la cabecera y es frecuente que se agreguen capillas en forma paralela o haciendo ángulo con el eje principal. Hay múltiples ejemplos de este tipo de solución: La Santa Veracruz, en la ciudad de México; Santa Prisca de Taxco, la única que conserva aún su unidad barroca, con sus múltiples retablos, que en esta época llegan a cubrir totalmente los muros; Dolores Hidalgo, Guanajuato, y otras por todo el ámbito de lo que fue la Nueva España.

Idéntica solución a la de las parroquias tienen las iglesias votivas, con la única diferencia de que tras el altar se encuentra el camerín donde se guardan las vestiduras de la imagen venerada en la iglesia. El Santuario de Ocotlán, cerca de Tlaxcala, constituye uno de los ejemplos más importantes de este tipo de iglesias: camerines como el de San Miguel Allende, Guanajuato, y el de Tepotzotlán, Estado de México, presentan una interesante solución espacial independiente del gran desarrollo de la ornamentación y nuevamente expresiva del sentimiento mudéjar.

El tipo menor, por su tamaño, aunque no por su importancia, lo constituyen las capillas, que no son sino iglesias de dimensiones mínimas, sostenidas por la piedad de los gremios o de los particulares. Su forma y su tamaño son muy variables. Las más pequeñas pueden ser de planta octagonal, como la de la Concepción Cuepopan en la ciudad de México, que se corona con una cúpula, y no se distinguen de los templos más que por su tamaño. Así es la de Tlaxcoaque, en la ciudad de México, y otras. Por último, otras presentan soluciones verdaderamente barrocas en planta y alzado, como el Pocito, en la Villa de Guadalupe, tardía muestra del estilo barroco, ya contemporánea del Neoclasicismo, pues fue construida en 1791 por Francisco Guerrero y Torres. Aunque se inspiró en un grabado de Serlio que representa un templo romano, su interpretación no tiene nada de manierista ni de clasicismo antiguo, sino que responde totalmente a la movilidad barroca, que alcanza en esta obra su apogeo.