Hacia 1940 principia a afirmarse la aceptación creciente de la arquitectura contemporánea, reforzándose con el apoyo que recibe por parte del gobierno, que entonces también empieza a enfrentarse a los problemas nacionales con criterio moderno. Surge así la arquitectura encaminada a la satisfacción de necesidades de la sociedad, resolviendo problemas colectivos más que individuales, gracias a una correcta planeación. Sucesivamente se enfoca el interés hacia la habitación, el trabajo, la diversión, la educación, etcétera, en forma simultánea con obras de la iniciativa privada que, en menor escala, busca resolver sus propios problemas.

La creación de nuevos fraccionamientos en la capital, lo que provoca el crecimiento de la ciudad, fenómeno que, como ya hemos visto con anterioridad, aparece en la segunda mitad del siglo pasado, se generaliza después de la Revolución. Se urbanizan grandes extensiones de terrenos que habían pertenecido por regla general a las haciendas de la periferia. Esta creación de nuevas colonias tiene su origen en la enorme demanda de casas, como consecuencia del explosivo crecimiento de la población y la afluencia de gente del interior que llega a la capital con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Se establece así una serie de categorías, según el valor del terreno. En las zonas de menor valor es donde se ha desarrollado con más fuerza la construcción de casas-habitación modernas, desde los primeros brotes del funcionalismo, por el año de 1930, en que se deseaba adaptar la forma a la función, dentro de espacios geométricos simples, cuya expresión en forma natural eliminaba cualquier tipo de ornato, hasta llegar a la época actual, en que nuestra arquitectura sí ha logrado expresarse con originalidad, como consecuencia de la solución de nuestros problemas, mediante el empleo de técnicas y materiales nuevos.

Paralelamente y dentro del mismo campo de la actividad privada, como resultado del desarrollo y la afirmación de las posibilidades del país, se han multiplicado los edificios comerciales, concebidos en un principio como obras aisladas dentro de sus terrenos propios, y sujetos, por lo tanto, a las limitaciones físicas de los mismos. Esto contribuyó, en muchas ocasiones, a un desorden urbano propiciado por las diferencias de altura y la falta de zonificación definidas.

Junto a una casa-habitación se levantó un edificio de ocho o diez pisos, desvalorizando totalmente a aquélla; pero en las zonas bien reglamentadas por un plano regulador correcto ya no se da este fenómeno, y el propio valor de la tierra hace que desaparezca el excesivo contraste entre los edificios.
En época reciente, han surgido soluciones de mayor importancia en los conjuntos comerciales, que reúnen edificios para actividades muy diversas, compuestos con mayor libertad, dentro de terrenos más amplios, que permiten una menor densidad de construcción, con mayores espacios abiertos. La técnica avanzada permite asimismo levantar un gran número de pisos sobre superficies reducidas, quedando grandes áreas libres al nivel del terreno.

En forma simultánea, con la madurez económica, y gracias a la actividad de nuestro país en sus relaciones con el resto del mundo, ha aumentado el interés por conocerlo, y ello se refleja directamente en el número siempre creciente de turistas que recibimos. En virtud de este fenómeno, un género de edificios, que en otras épocas era muy secundario, en la actualidad ocupa un puesto de importancia primordial: los hoteles, los que reciben no solamente al turismo extranjero sino también, y en proporción muy importante, al nacional, producto del creciente auge económico. Algunas poblaciones, como Acapulco, se han convertido en los últimos años en atractivo del turismo mundial, y en ellas los hoteles son cada vez más amplios y cómodos, hasta alcanzar actualmente una semejanza con los de las más importantes ciudades del mundo. Son edificios que dan fisonomía propia al paisaje urbano y complementan o modifican el natural. Aunque no tan evidente como en Acapulco, en varios otros lugares, y baste citar nuestra ciudad capital, en los últimos años se ha visto la multiplicación de edificios importantes destinados al hospedaje.

La actividad gubernamental, desde la Revolución, ha tenido que resolverse a afrontar multitud de problemas que no se habían atacado con anterioridad. Bien es cierto que muchos  de ellos tienen su origen en las transformaciones de la vida que se han operado desde principios de nuestro siglo; pero aun los que ya existían no habían sido nunca objeto de una atención tan preferente ni se les había dado una solución perfecta, como se hace en la actualidad.

Tal vez el más urgente de estos problemas sea el de la habitación. Dentro de la solución de urgencia que exigen muchos de ellos, éste es quizá el más apremiante. De hace unos veinte años a la fecha se ha emprendido la construcción de unidades habitacionales que son una contribución de extraordinaria importancia para la resolución del problema. Los conjuntos, lo mismo de edificios multifamiliares que de casas solas, destinados a las clases de recursos económicos débiles, han modificado profundamente el paisaje urbano, y lo que en un principio fueron ensayos hasta cierto punto tímidos, como el Multifamiliar Miguel Alemán, han crecido en dimensiones e importancia, con el deseo de resolver, en forma definitiva, el problema de la habitación. El conjunto Juárez, el de Santa Fe, la Unidad Independencia, Nonoalco-Tlatelolco, son ejemplos de esta preocupación que continúa en las obras de las gigantescas agrupaciones de habitación de Coapa y Villa Olímpica.

También los edificios públicos han debido adaptarse a los nuevos tiempos en cuanto a su solución y emplazamiento. Hasta poco antes de la Revolución, el gobierno de todo el país tenía su sede en el Palacio Nacional y en algunos edificios cercanos. La necesidad de nuevos edificios públicos se hizo patente en el porfirismo, y sus consecuencias fueron los de Correos, Comunicaciones y otros que ya hemos analizado; pero, después de la Revolución, los pesados y monumentales edificios fueron imprácticos y su ubicación en muchas ocasiones no era la más deseable, ya que, con la aparición de los vehículos de motor, la ciudad, en su parte más antigua, no daba espacio al tránsito, siempre en aumento. Las nuevas edificaciones hubieron de repartirse en el área mucho más extensa que ya ocupaba la ciudad, algunos aprovechando el desalojo de talleres y locales de grandes extensiones, como los que se han levantado en Indianilla sustituyendo a los antiguos galerones que quedaron un día casi en pleno centro, al dejar de ser terminales de tranvías. Desde el punto de vista cronológico, y también por el interés que encierra, debe citarse primeramente el edificio de la Lotería Nacional, importante por la altura que alcanzó, sin paralelo en aquel entonces, y por los procedimientos empleados para su cimentación, con miras a evitar el hundimiento que otros inmuebles habían presentado casi en forma simultánea con su construcción. De allí en adelante, y sólo por citar algunos ejemplos, mencionaremos los del Seguro Social, la nueva Secretaría de Comunicaciones, Tránsito, la Tesorería del Distrito, los Tribunales y la Secretaría de Relaciones Exteriores, que se cuentan entre los más significativos.

Al referirnos hace un momento a la habitación colectiva, asentábamos que es uno de los problemas al que ha dado preferente atención el gobierno, otros de gravedad semejante son los de la educación y de salud, y en ambos casos la solución se ha dado con la colaboración de los particulares, quienes han levantado escuelas y hospitales de gran importancia. Entre las primeras se pueden citar ejemplos que abarcan todos los tipos y niveles de enseñanza, lo mismo que conceptos estéticos. Desde la monumentalidad simétrica que deriva en línea recta de la Escuela de Bellas Artes de París, que podemos apreciar con toda claridad en la Escuela Nacional para Maestros y en el Conservatorio Nacional de Música, hasta el estricto funcionalismo, con eliminación de todo lo superfluo, patente en el Instituto Politécnico Nacional, pasando por toda una gama de expresiones y soluciones.

Capítulo especial merece la Ciudad Universitaria, magna obra que significó no solamente la solución a un grave problema de educación, sino también el reconocimiento y apreciación universal de la arquitectura contemporánea mexicana. Puede decirse que el concepto y el valor que se le da en todas partes tuvo su origen en esta obra, también la de mayor ambición llevada a cabo hasta 1950. Muchos de sus edificios se han incorporado en forma definitiva a nuestra fisonomía urbana, siendo casi símbolos de ella.

En el aspecto de la educación, no se deben pasar por alto ejemplos tan importantes por su concepción arquitectónica como el Centro Universitario México, la Universidad Iberoamericana, El Colegio de México, y el Liceo Franco Mexicano, exponentes de cuatro conceptos distintos de la arquitectura encaminada a resolver problemas educacionales.