Yo también fui brasileño

 

Yo también fui brasileño,
moreno como ustedes.
Punteé la guitarra, guié ganado
y aprendí en la mesa de los bares
que el nacionalismo es una virtud.
Pero hay una hora en que los bares se cierran
y todas las virtudes se niegan.

Yo también fui poeta.
Bastaba mirar a la mujer,
pensar luego en las estrellas
y otros celestes sustantivos.
Pero eran tantas, el cielo tan grande,
que mi poesía se turbó.

Yo también tuve mi ritmo.
Hacía esto, decía aquello.
Y mis amigos me querían
y mis enemigos me odiaban.
Yo, irónico, me escurría
satisfecho en mi ritmo.
Pero acabé confundiéndolo todo.
Hoy no me deslizo más,
no soy irónico más,
ya no tengo ritmo.