I

Mundo con llave

 

Estaba cerrado como el sueño de una bellota
o ese reloj turbio que el pez muerto tiene por ojo
cuando entra la niebla en las pescaderías
e inclina las balanzas con sus manos de sal
guardando las luces en su caja de caudales.

Como el agua que engulle flor, animal o piedra
con apetencia igual
y se cierra enseguida, oh transparente máscara inmutable,
o el espejo que sueña en alguien que lo habite
y reserva su fondo lacustre para esos hombres pálidos
que se visten en la gris sastrería del crepúsculo.

Estaba cerrado como un anillo o una llama
donde entrar no es posible sin salir prontamente
aunque la cabeza del mártir conserva la ceniza
preparándose para la vacación final,
su domingo más grande que los otros
o día convertido ya en estatua,
monumento a los días.

Mas, no llamé al furioso perro encantado
que en el jardín habita disfrazado de rana
contando las pisadas del húsar difunto.
No llamé a nadie para que echara abajo la puerta con llave
porque hubiera caído la tapa del cofre del pirata
volviéndose sus onzas goterones de miel
o escarabajos muertos en el polvo.

Estaba cerrado como el sueño primero de una piedra
o la jaula de palomas de un fanal
o el fanal y la jaula minerales de una cabeza humana.