Canción de la muerte esplendente


Fortunas de mar
se me llevarán.

No podrás
orzar sin perder,
uno a uno, blanco velero,
todos los palos.

Por el engaño
de la luz del mediodía
eres prisionero súbito
de un viejo canto.

¿En qué puerto
se enroló, serviola,
este nuevo timonel
tan extraño?

Yo no sé
qué caminos de mi sueño
lo han llevado al gobierno
de la nave.

Ásperas manos
no dejan nunca el timón
y mi tiempo va siendo
ya calmado.

Lejos, más allá
de palabras amargas,
una muerte esplendente
encontré.