César Moro
Renombre
del amor
Antología



Selección,
prólogo y notas
de Julio Ortega

 

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Fervor y nostalgia de César Moro


César Moro escribió los poemas de La tortuga ecuestre entre 1938 y 1939 en un viaje a San Luis Potosí. En 1938 había llegado a México, después de cinco años en Lima, su ciudad. Antes había pasado varios años en París, a donde fue en 1925 y donde formaría parte del periodo inicial y deslumbrante del grupo surrealista. Más tarde, en 1946, dejó México y regresó, como se dice, definitivamente, a Lima, a la que famosamente llamó "la horrible" al fechar una carta-poema humorística dirigida a su amigo André Coyné. Había nacido allí en 1903; allí moriría en 1956.

La tortuga ecuestre es el único libro que Moro escribió en español: toda su obra anterior y posterior está escrita en francés, a excepción de algunos poemas ocasionales. Vicente Huidobro (de cuyo magisterio Moro descreía: era una figura demasiado "literaria" para él), fue también un poeta en ambas lenguas, pero en Moro la elección del francés fue más radical, casi excluyente. Esta "persona" lingüística supone a otra: su verdadero nombre es Alfredo Quispez Asín. Pero quizá escribir en francés no era un enmascaramiento para él, sino, en primer término, una inserción más desnuda en la práctica poética del surrealismo. No por mera adscripción a una escuela sino precisamente por identidad con el radicalismo de una poesía vivida plenamente como descubrimiento y celebración. No en vano Moro había hecho por su cuenta el camino de la tradición rescatada por los surrealistas: el nombre de Baudelaire preside su serie de La tortuga ecuestre. Por otro lado, el anticonformismo de Moro no fue sólo un signo de los tiempos o una entonación más del surrealismo, sino parte de una rebelión más cabal. Del humor y del placer de esa rebeldía dan cuenta sus primeros textos surrealistas; así como su participación en los experimentos y encuestas del grupo (como se ve en Le Surrealisme au service de la Révolution); de la pasión poética como centro de su percepción son evidencia sus poemas y ensayos, menos ortodoxos y más suyos, que André Coyné editó: Amour à mort (1957) y Los anteojos de azufre (1958).

Quizá no sea aventurado creer que La tortuga ecuestre, esa extraordinaria imposición del idioma sobre su poesía, haya sido posible también por el re-descubrimiento del idioma en México. La pasión erótica y la pasión poética están en toda su obra, sólo que esta vez coinciden en español al comienzo de su aventura mexicana. Una o dos veces se frustraron intentos amigos de editar ese cuaderno que, finalmente, sería también póstumo. Coyné lo publicó, en Lima, el 57. La pasión y el lenguaje liberan en este libro un espacio imaginario de plenitud celebratoria. El poderoso impulso de rendición, comunicación y júbilo se expande a través de un repertorio figurativo cuya marca surrealista trama un nombrar más desnudo. Y este diálogo se desplaza, como en una tipología del habla amorosa, del juego y del placer a las definiciones y reiteraciones. Y no en un proceso simple sino en una simultaneidad plena. El amor nombra y renombra: su renombre es ése.

Lettre d'Amour (1944), quizá su poema mayor, llevará el virtuosismo poético de Moro a una dramatización del habla: ahora el diálogo es una ausencia, una pérdida, y, por lo mismo, la escritura es el último ritual del extravío.

En México, César Moro fue amigo de Xavier Villaurrutia, de cuya grandeza poética estaba convencido, y con quien colaboró asiduamente en El hijo pródigo. Fue también amigo de Agustín Lazo y de los pintores surrealistas. Con Wolfgang Paalen y André Bretón organizó la Exposición Internacional del Surrealismo en 1940, para cuyo catálogo (que alguien debería reeditar) escribió una exaltante presentación. Ese estado de fervor es constitutivo de la escritura de este poeta. Fervor que comunica a su poesía una virtualidad, una proyección convocatoria. Porque esos poemas, siendo resolutivos, diciendo su fruición del mundo y los sentidos, dicen también su radical deseo de permutación, de transgresión: nos convocan a extremar el uso creador de la palabra entre las palabras, el lugar siempre decible de los sentidos, la irrupción del sentido en el lenguaje. No en vano su última poesía (sobre todo Amour á mort) es una explosión del lenguaje mismo: ritual del poema que se transforma como espacio libre del lenguaje. En Fierre de Solelis (su último texto, aún inédito) Moro recupera la ductilidad y la elegancia de su lenguaje lúdico.

En México fue Moro traductor, empleado de Bellas Artes, vendedor de libros. En Lima, profesor de francés en un colegio militarizado. En vida publicó sólo tres plaquettes: Le Cháteau de Grisou (1943), Lettre d'Amour y Trafalgar Square (1954), en ediciones mínimas, hoy desaparecidas. Su existencia y su obra, que son una misma indagación, estuvieron naturalmente alejadas de la institución de la literatura. De allí que Moro se nos aparezca como una aventura privilegiada de libertad y poesía; y de allí también que el carácter marginal que lo signa se nos revele como un modelo extremo del ser genuino del arte en una época devaluadora del poeta y trivializadora del lenguaje. Quizá esta suerte actual del lenguaje nos predispone a ser gratificados por la aventura solitaria de un poeta orgulloso de su verdad vulnerable. El culto de la poesía era en Moro una real aristocracia: una causa perdida. Era demasiado lúcido como para hacerse ilusiones sobre su época —sobre cualquier época— y de allí, así mismo, la ironía y el júbilo de su conciencia marginal. De cualquier modo, no es la añoranza del culto minoritario lo que Moro nos comunica: al contrario, es la libertad intransigente de un espíritu mayor.

No es casual, pues, que se apartara más tarde de Bretón, disintiendo de su figura "literaria". Su agresividad con los "intelectuales" provincianos y con los "regionalismos" plásticos y poéticos (Moro fue también un pintor imaginativo, cuyos colores evocan a Bonnard), es también otra muestra de su libertad, de su inmediata asunción del arte sin mediaciones o explicaciones. La modernización, la homogeneización del mundo moderno, y también las políticas partidaristas, le repugnaron: "Ese mundo no es el nuestro", le escribió a Xavier Villaurrutia, sin lamentación, con convicción: suyo era el mundo sin lugar de la poesía, ese margen cuyo lugar americano (y peruano) era otra forma de la misma transformación y deseo de la magia y del arte, que él ligaba. Margen del riesgo, "donde no caben ni salvación ni regreso". La lección de Moro es ese gesto hermoso y trágico de la autenticidad.

Esa certidumbre que Moro comunica nos devuelve al lugar incesante de la poesía sin concesiones. Confío que en esta selección de sus poemas el lector reconocerá ese fervor y esa nostalgia.


Julio Ortega

 


El olor y la mirada

 

El olor fino solitario de tus axilas

Un hacinamiento de coronas de paja y heno fresco cortado
con dedos y asfódelos y piel fresca y golpes lejanos como
perlas.

Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros y
estrellas de mar y estrellas de cielo bajo la nieve
incalculable de tu mirada

Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia de
diarios de suicidas húmedos los ojos de tu mirada de pie
de madrépora

Esponja diurna a medida que el mar escupe ballenas
enfermas y cada escalera rechaza a su viandante como la
bestia apestada que puebla los sueños del viajero

Y golpes centelleantes sobre las sienes y la ola que borra las
centellas para dejar sobre el tapiz la eterna cuestión de tu
mirada de objeto muerto tu mirada podrida de flor.

 


Un camino de tierra en medio de la tierra

 

Las ramas de luz atónita poblando innumerables veces el
área de tu frente asaltada por olas
Asfaltada de lumbre tejida de pelo tierno y de huellas leves
de fósiles de plantas delicadas
Ignorada del mundo bañando tus ojos y el rostro de lava
verde

¡Quién vive! Apenas dormido vuelvo de más lejos a tu
encuentro de tinieblas a paso de chacal mostrándote
caracolas de espuma de cerveza y probables
edificaciones de nácar enfangado

Vivir bajo las algas

El sueño en la tormenta sirenas como relámpagos y el alba
incierta un camino de tierra en medio de la tierra y nubes
de tierra y tu frente se levanta, como un castillo de nieve y
apaga el alba y el día se enciende y vuelve la noche y
fasces de tu pelo se interponen y azotan el rostro helado
de la noche

Para sembrar el mar de luces moribundas

Y que las plantas carnívoras no falten de alimento

Y crezcan ojos en las playas

Y las selvas despeinadas giman como gaviotas

 


A vista perdida

 

No renunciaré jamás al lujo insolente al desenfreno suntuoso
de pelos como fasces finísimas colgadas de cuerdas y de
sables

Los paisajes de la saliva inmensos y con pequeños cañones
de plumasfuentes

El tornasol violento de la saliva

La palabra designando el objeto propuesto por su contrario

El árbol como una lamparilla mínima

La pérdida de las facultades y la adquisición de la demencia

El lenguaje afásico y sus perspectivas embriagadoras

La logoclonia el tic la rabia el bostezo interminable

La estereotipia el pensamiento prolijo

El estupor

El estupor de cuentas de cristal

El estupor de vaho de cristal de ramas de coral de bronquios
y de plumas

El estupor submarino y terso resbalando perlas de fuego
impermeable a la risa como un plumaje de ánade delante
de los ojos

El estupor inclinado a la izquierda flameante a la derecha de
columnas de trapo y de humo en el centro detrás de una
escalera vertical sobre un columpio

Bocas de dientes de azúcar y lenguas de petróleo
renacientes y moribundas descuelgan coronas sobre
senos opulentos bañados de miel y de racimos ácidos y
variables de saliva

El estupor robo de estrellas gallinas limpias labradas en roca
y tierna tierra firme mide la tierra del largo de los ojos.

El estupor joven paria de altura afortunada

El estupor mujeres dormidas sobre colchones de cáscaras de
fruta coronadas de cadenas finas desnudas

El estupor los trenes de la víspera recogiendo los ojos
dispersos en las praderas cuando el tren vuela y el silencio
no puede seguir al tren que tiembla

El estupor como ganzúa derribando puertas mentales
desvencijando la mirada de agua y la mirada que se pierde
en lo umbrío de la madera seca Tritones velludos
resguardan una camisa de mujer que duerme desnuda en
el bosque y transita la pradera limitada por procesos
mentales no bien definidos sobrellevando interrogatorios y
respuestas de las piedras desatadas y feroces teniendo
en cuenta el último caballo muerto al nacer el alba de las
ropas íntimas de mi abuela y gruñir mi abuelo de cara a la
pared

El estupor las sillas vuelan al encuentro de un tonel vacío
cubierto de yedra pobre vecina del altillo volador pidiendo
el encaje y el desagüe para los lirios de manteleta primaria
mientras una mujer violenta se remanga las faldas y
enseña la imagen de la Virgen acompañada de cerdos
coronados con triple corona y moños bicolores

La medianoche se afeita el hombro izquierdo sobre el hombro
derecho crece el pasto pestilente y rico en aglomeraciones
de minúsculos carneros vaticinadores y de vitaminas
pintadas de árboles de fresca sombrilla con caireles y rulos

Los miosotis y otros pesados geranios escupen su miseria.

El grandioso crepúsculo boreal del pensamiento
esquizofrénico

La sublime interpretación delirante de la realidad
No renunciaré jamás al lujo primordial de tus caídas
vertiginosas oh locura de diamante

 


El mundo ilustrado


Igual que tu ventana que no existe

Como una sombra de mano en un instrumento fantasma

Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre

Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me
asegura idealmente tu existencia

A una distancia

A la distancia

A pesar de la distancia

Con tu frente y tu rostro

Y toda tu presencia sin cerrar los ojos

Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no
era no podía ser sino el reflejo inútil de tu
presencia de hecatombe

Para mejor mojar las plumas de las aves

Cae esta lluvia de muy alto

Y me encierra dentro de ti a mí solo

Dentro y lejos de ti

Como un camino que se pierde en otro continente

 


 

Batalla al borde de una catarata


Tener entre las manos largamente una sombra
De cara al sol
Tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio
Sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire
El tiempo se transforma en casa de abandono
En cortes longitudinales de árboles donde tu imagen se
disuelve en humo
El sabor más amargo que la historia del hombre conozca
El mortecino fulgor y la sombra
El abrir y cerrarse de puertas que conducen al dominio
encantado de tu nombre
Donde todo perece
Un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruscos
interpretables
Una mano sobre una cabeza decapitada
Los pies
Tu frente
Tu espalda de diluvio
Tu vientre de aluvión un muslo de centellas
Una piedra que gira otra que se levanta y duerme en pie
Un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho de
piedra
Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea
Para explicarme en letra muerta las prolongaciones
misteriosas de tus manos que vuelven con el aspecto
amenazante de un cuarto modesto con una cortina roja
que se abre ante el infierno
Las sábanas el cielo de la noche
El sol el aire la lluvia el viento
Sólo el viento que trae tu nombre

 


La leve pisada del demonio

 

En el gran contacto del olvido
A ciencia cierta muerto
Tratando de robarte a la realidad
Al ensordecedor rumor de lo real
Levanto una estatua de fango purísimo
De barro de mi sangre
De sombra lúcida de hambre intacto
De jadear interminable
Y te levantas como un astro desconocido
Con tu cabellera de centellas negras
Con tu cuerpo rabioso e indomable
Con tu aliento de piedra húmeda
Con tu cabeza de cristal
Con tus orejas de adormidera
Con tus labios de fanal
Con tu lengua de helecho
Con tu saliva de fluido magnético
Con tus narices de ritmo
Con tus pies de lengua de fuego
Con tus piernas de millares de lágrimas petrificadas
Con tus ojos de salto nocturno
Con tus dientes de tigre
Con tus venas de arco de violín
Con tus dedos de orquesta
Con tus uñas para abrir las entrañas del mundo
Y vaticinar la pérdida del mundo
En las entrañas del alba
Con tus axilas de bosque tibio
Bajo la lluvia de tu sangre
Con tus labios elásticos de planta carnívora
Con tu sombra que intercepta el ruido
Demonio nocturno
Así te levantas para siempre
Pisoteando el mundo que te ignora
Y que ama sin saber tu nombre
Y que gime tras el olor de tu paso
De fuego de azufre de aire de tempestad
De catástrofe intangible y que merma cada día
Esa porción en que se esconden los designios nefastos y la
sospecha que tuerce la boca del tigre que en las
mañanas escupe para hacer el día

 


 

En el agua dorada el sol quemante
refleja la mano del zenit.


1

Amo el amor
El martes y no el miércoles
Amo el amor de los estados desunidos
El amor de unos doscientos cincuenta años
Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica
De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de
bolsillo
Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al
vacío
El amor como apareció en doscientos cincuenta entregas
durante cinco años
El amor de economía quebrantada
Como el país más expansionista
Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias
Para adoptar esas sencillas armas del amor
Donde el crimen pernocta y bebe el agua clara
De la sangre más caliente del día


2

Amo el amor de ramaje denso
Salvaje al igual de una medusa
El amor-hecatombe
Esfera diurna en que la primavera total
Se columpia derramando sangre
El amor de anillos de lluvia
De rocas transparentes
De montañas que vuelan y se esfuman
Y se convierten en minúsculos guijarros
El amor como una puñalada
Como un naufragio
La pérdida total del habla del aliento
El reino de la sombra espesa
Con los ojos salientes y asesinos
La saliva larguísima
La rabia de perderse
El frenético despertar en medio de la noche
Bajo la tempestad que nos desnuda
Y el rayo lejano transformando los árboles
En leños de cabellos que pronuncian tu nombre
Los días y las horas de desnudez eterna


3

Amo la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más solo
Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en
la sombra de los días
Como una bestia desdentada que persigue su presa
Como el milano sobre el cielo evolucionando con una
precisión de relojería
Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti
Con una fatalidad de bomba de dinamita
Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre
Luchando con el día lacerando el alba
Zafando el cuerpo de la muerte
Y al fin es mío el tiempo
Y la noche me alcanza
Y el sueño que me anula te devora
Y puedo asimilarte como un fruto maduro
Como una piedra sobre una isla que se hunde


4

El agua lenta el camino lento los accidentes lentos
Una caída suspendida en el aire el viento lento
El paso lento del tiempo lento
La noche no termina y el amor se hace lento
Las piernas se cruzan y se anudan lentas para echar raíces
La cabeza cae los brazos se levantan
El cielo de la cama la sombra cae lenta
Tu cuerpo moreno como una catarata cae lento
En el abismo
Giramos lentamente por el aire caliente del cuarto caldeado
Las mariposas nocturnas parecen grandes carneros
Ahora sería fácil destrozarnos lentamente
Arrancarnos los miembros beber la sangre lentamente
Tu cabeza gira tus piernas me envuelven,
Tus axilas brillan en la noche con todos sus pelos
Tus piernas desnudas
En el ángulo preciso
El olor de tus piernas
La lentitud de percepción
El alcohol lentamente me levanta
El alcohol que brota de tus ojos y que más tarde
Hará crecer tu sombra
Mesándome el cabello lentamente subo
Hasta tus labios de bestia


5

Verte los días el agua lenta
Una cabellera la arena de oro
Un volcán regresa a su origen
Verte si cuento las horas
La espalda del tiempo divinamente llagada
Una ánfora desnuda hiende el agua
El rocío guarda tu cuerpo
En lo recóndito de una montaña mágica
Cubierta de zapatos de muñeca y de tarjetas de visita de los
dioses
Armodio Nerón Calígula Agripina Luis II de Baviera
Antonio Cretina César
Tu nombre aparece intermitente
Sobre un ombligo de panadería
A veces ocupa el horizonte
A veces puebla el cielo en forma de minúsculas abejas
Siempre puedo leerlo en todas direcciones
Cuando se agranda y se complica de todas las palabras que
lo siguen
O cuando no es sino un enorme pedazo de lumbre
O el paso furtivo de las bestias del bosque
O una araña que se descuelga lentamente sobre mi cabeza
O el alfabeto enfurecido


6

El agua lenta las variaciones mínimas lentas
El rostro leve lento
El suspiro cortado leve
Los guijarros minúsculos
Los montes imperceptibles
El agua cayendo lenta
Sobre el mundo
Junto a tu reino calcinante
Tras los muros el espacio
Y nada más el gran espacio navegable
El cuarto sube y baja
Las olas no hacen nada
El perro ve la casa
Los lobos se retiran
El alba acecha para asestarnos su gran golpe
Ciegos dormidos
Un árbol ha crecido
En vano cierro las ventanas
Miro la luna
El viento no ha cesado de llamar a mi puerta
La vida oscura empieza

 


La vida escandalosa de César Moro

 

Dispérsame en la lluvia o en la humareda de los torrentes
que pasan
Al margen de la noche en que nos vemos tras el correr de
nubes
Que se muestran a los ojos de los amantes que salen
De sus poderosos castillos de torres de sangre y de hielo
Teñir el hielo rasgar el salto de tardíos regresos
Mi amigo el Rey me acerca al lado de su tumba real y real
Donde Wagner hace la guardia a la puerta con la fidelidad
Del can royendo el hueso de la gloria
Mientras lluvias intermitentes y divinamente funestas
Corroen el peinado de tranvía aéreo de los hipocampos
relapsos
Y homicidas transitando la terraza sublime de las apariciones
En el bosque solemne carnívoro y bituminoso
Donde los raros pasantes se embriagan los ojos abiertos
Debajo de grandes catapultas y cabezas elefantinas de
carneros
Suspendidos según el gusto de Babilonia o del Trastévere
El río que corona tu aparición terrestre saliendo de madre
Se precipita furioso como un rayo sobre los vestigios del día
Falaz hacinamiento de medallas de esponjas de arcabuces
Un toro alado de significativa alegría muerde el seno o cúpula
De un templo que emerge en la luz afrentosa del día o en
medio de las ramas podridas y leves de la
hecatombe forestal
Dispérsame en el vuelo de los caballos migratorios
En el aluvión de escorias coronando el volcán longevo del día
En la visión aterradora que persigue al hombre al acercarse
la hora entre todas pasmosa del mediodía
Cuando las bailarinas hirvientes están a punto de ser
decapitadas
Y el hombre palidece en la sospecha pavorosa de la aparición
definitiva trayendo entre los dientes el oráculo legible
como sigue:

"Una navaja sobre el caldero atraviesa un cepillo de cerdas de dimensión ultrasensible; a la proximidad del día las cerdas se alargan hasta tocar el crepúsculo; cuando la noche se acerca las cerdas se transforman en una lechería de apariencia modesta y campesina. Sobre la navaja vuela un halcón devorando un enigma en forma de condensación de vapor; a veces es un cesto colmado de ojos de animales y de cartas de amor llenas con una sola letra; otras veces un perro laborioso devora una cabaña iluminada por dentro. La obscuridad envolvente puede interpretarse como una ausencia de pensamiento provocada por la proximidad invisible de un estanque subterráneo habitado por tortugas de primera magnitud".

El viento se levanta sobre la tumba real
Luis II de Baviera despierta entre los escombros del mundo
Y sale a visitarme trayendo a través del bosque circundante
Un tigre moribundo
Los árboles vuelan a ser semillas y el bosque desaparece
Y se cubre de niebla rastrera
Miríadas de insectos ahora en libertad ensordecen el aire
Al paso de los dos más hermosos tigres del mundo

 


Viaje hacia la noche


Es mi morada suprema, de la que ya
no se vuelve.


Krishna, en el Bhagavad Gita.

 

Como una madre sostenida por ramas fluviales
de espanto y de luz de origen
como un caballo esquelético
radiante de luz crepuscular
tras el ramaje denso de árboles y árboles de angustia
lleno de sol el sendero de estrellas marinas
el acopio fulgurante
de datos perdidos en la noche cabal del pasado
como un jadear eterno si sales a la noche
al viento calmar pasan los jabalíes
las hienas hartas de rapiña
hendido a lo largo el espectáculo muestra
fases sangrientas de eclipse lunar
el cuerpo en llamaradas oscila
por el tiempo
sin espacio cambiante
pues el eterno es el inmóvil
y todas las piedras arrojadas
al vendaval a los cuatro puntos cardinales
vuelven como pájaros señeros
devorando lagunas de años derruidos
insondables telarañas de tiempo caído y leñoso
oquedades herrumbrosas
en el silencio piramidal
mortecino parpadeante esplendor
para decirme que aún vivo
respondiendo por cada poro de mi cuerpo
al poderío de tu nombre oh Poesía.

 


Renombre del amor


El amor dedica al amor
Los días sin lluvia
Y como debe ser los días de buen tiempo
Para el amor y sus preferencias
Al renombre del más viejo amor
A la lluvia de la palabra amor
Al único amor sin lamento sin dicha sin retorno
Al porvenir de los locos
A los sepultureros a los alegres compañeros de galera
Al punzante al quemante recuerdo del tatuaje
A mi querida muerte
A los que dudan todavía
A los tesoros de los ciegos
A las lágrimas
Al agua al viento al fuego al amor
Al tormento de fuego y de hielo
A los primeros acontecimientos que anunciarán la rebelión y
la sangre
A las sábanas de los crímenes pasionales
A las bellas sábanas de los suicidas
A la culata más tierna de lo que podía esperarse del revólver
A las separaciones que quitan hasta el aire
A las desgarradas mañanas de quien el amor rechaza
Al plomo de las balas
Para que los que no son tocados mueran
Como perros envenenados
A los dolores de los que despiertan
A las noches vacías
A mi vida perdida
A la pérdida sin lamento sin retorno sin dicha de la vida
Para que los que aman y se estancan en su felicidad
Se levanten y lancen las primeras maldiciones
Al huracán
A las mañanas más tristes que todo
Para borrar mejor mi nombre
Para sacudir el polvo y volver a ser polvo
Para maldecir los instantes supuestamente felices
Para el despertador cargado de pólvora
A las estatuas desnudas de noche
Al mármol perdido
Para tener un lecho de mármol
Para no tener tumba
A las señales de fuego del puñal
A los solos los únicos recuerdos sexuales
A la boca de piedra del amor
Al frío del agua en la noche
Para no volver a empezar
Al más tierno amor

 

(Traducción de Guillermo Sucre)

 


Memorial a los tres reinos


Hablo a los tres reinos
Al tigre sobre todo
Más susceptible de escucharme
A la escoria de hierro a la carbonilla
Al viento que no se sitúa en ninguno de los tres reinos
Para la tierra habría que emplear un lenguaje de cieno
Para el agua un lenguaje de ventosa
Para el fuego apretar la poesía en un torno y romper el
cráneo atroz de las iglesias

Hablo a los sordos de orejas tumefactas
A los mudos más imbéciles que su silencio imponente
Huyo de los ciegos pues no podrán comprenderme
Todo el drama ocurre en el ojo y lejos del cerebro

Hablo de un cierto encanto incomprensible
De una costumbre desconocida e irreductible
De ciertas lágrimas, secas
Que pululan sobre el semblante del hombre
Del silencio resultante del gran grito del nacimiento
De este instinto de muerte que nos subleva
A nosotros los mejores de entre los hombres
Y cada mañana se hace tangible en la forma de medusa
sangrante a la altura del corazón

Hablo a mis amigos lejanos cuya imagen turbia
Tras de un telón de estrépito de cataratas
Me es querida como una esperanza inaccesible
Bajo la campana de un buzo
En la soledad simplemente de un claro de bosque

 

(Traducción de Carlos Germán Belli)

 


 

Carta de amor

 

Pienso en las holoturias angustiosas
que a menudo nos rodeaban al acercarse el alba
cuando tus pies más cálidos que nidos
ardían en la noche
con una luz azul y centelleante.

Pienso en tu cuerpo que hacía del lecho el cielo y las
montañas supremas
de la única realidad con sus valles y sus sombras
con la humedad y los mármoles y el agua negra reflejando
todas las estrellas
en cada ojo

¿No era tu sonrisa el bosque resonante de mi infancia
no eras tú el manantial
la piedra desde siglos escogida para reclinar mi cabeza?
Pienso tu rostro
inmóvil brasa de donde parten la vía láctea
y ese pesar inmenso que me vuelve más loco que una araña
encendida agitada sobre el mar.

Intratable cuando te recuerdo la voz humana me es odiosa
siempre el rumor vegetal de tus palabras me aísla en la
noche total
donde brillas con negrura más negra que la noche.
Toda idea de lo negro es débil para expresar la larga
ululación de negro sobre negro resplandeciendo
ardientemente.

No olvidaré nunca
Pero quién habla de olvido
en la prisión en que tu ausencia me deja
en la soledad en que este poema me abandona
en el destierro en que cada hora me encuentra.

No despertaré más
No resistiré ya el asalto de las grandes olas
que vienen del paisaje dichoso que tú habitas.
Afuera bajo el frío nocturno me paseo
sobre aquella tabla tan alto colocada y de donde se cae de
golpe.
Yerto bajo el terror de sueños sucesivos agitado en el viento
de años de ensueño
advertido de lo que termina por encontrarse muerto
en el umbral de castillos desiertos
en el sitio y a la hora convenidos pero inhallables
en las llanuras fértiles del paroxismo
y del objetivo único
pongo toda mi destreza en deletrear
aquel nombre adorado
siguiendo sus transformaciones alucinantes.
Ya una espada atraviesa de lado a lado una bestia
o bien una paloma cae ensangrentada a mis pies
convertidos en roca de coral soporte de despojos
de aves carnívoras.

Un grito repetido en cada teatro vacío a la hora del
espectáculo indescriptible.
Un hilo de agua danzando ante la cortina de terciopelo rojo
frente a las llamas de las candilejas.
Desaparecidos los bancos de la platea
acumulo tesoros de madera muerta y de hojas vivaces de
plata corrosiva.
Ya no se contentan con aplaudir aullando
mil familias momificadas vuelven innoble el paso de una
ardilla.

Decoración amada donde veía equilibrarse una lluvia fina en
rápida carrera hacia el armiño
de una pelliza abandonada en el calor de un fuego de alba
que intentaba hacer llegar al rey sus quejas
así de par en par abro la ventana sobre las nubes vacías
reclamando a las tinieblas que inunden mi rostro
que borren la tinta indeleble
el horror del sueño
a través de patios abandonados a las pálidas vegetaciones
maniacas.
En vano pido la sed al fuego
en vano hiero las murallas
a lo lejos caen los telones precarios del olvido exhaustos
ante el paisaje que retuerce la tempestad.

 

(Traducción de Emilio Adolfo Westphalen)

 


Temprano aún


Se subraya montaña las otras palabras tienen agua
Así efemérides abuelo cama bondad
Hay que señalar los ojos de silla
Los tallos de dormir
La sangre de meditar
La postura final del postulante
Cuando ladrando a los vientos erguidos
Miente con todo su cuerpo
Pálida ventana apuntalada sobre diezmos de abismo

Cubrir el cielo de lentejuelas no fue
El asunto pactado
Tuvo sombras heridas hasta el corazón
Creciendo por su temporada
En jaula ambarina
Vivacidades que se hielan en sueños

Ahí salgo

 


Viejo discípulo del aire

 

Más que una silla menos que un asiento
Más que un hombre en la cama menos que un hombre
deshecho
El corazón, amado sirve el árbol del unicornio
En el día rural la fruta

Para que el agua versátil
Atrajese la noche
Si uno duerme ante la mesa venerable
Con un ojo pintado con un ojo abierto

Bueno para todo
Al rayar el alba en el cielo
Los circundantes cebaban incomparables aves
De risa redactando las leyes
De nuestra dinastía

Oh gallinetas: ¡perlas!
El otoño desenfrenado acude al amorfo antropomorfismo
Del calabozo

¡Vaya! Calafateas calcinas
Nacen
Cálidos mimos de septiembre


 

Hormiguero empavesado

 

Ábside de ciencia una rueda a espaldas de las islas
Luz amamantada
Altanera rama deslumbrada
Bajo fuentes aminoradas antiguas
Madriguera de pieles condenadas
Viento loco
Rústico del lago
Pero con hornos engalanado civil de uncirse
Tregua agraciada con corazón
En la cama única cadera engullida

De nido de hombre santo
Quimera que canta los peanes atavíos de sal
Los puños audaces los pies saciados ociosos
El verano de greda al rojo late leteano
Las camas enguantadas las confidencias filtrándose hacia los
domos
En pelo los tuertos arte tajado cuello que obsesiona la
mueca
Teja de jade
Niega las águilas y sus defectos los marcos
Pero habla en pleno salto
Esta alegría de oírse
Al borde las rampas camas de ayer extasiadas
El hastío degradado sale del agua

Ríe hechizado de ayunar
Vaga maldecido plural arte
Si tú cantas grave pruébame ora qué súbdito
Estaba en ti devuélveme el eco lucha de tiempos
Dorado sacro de crespos manantiales de hermosos desnudos
pertinentes
Leche que centellea caída en suerte

Rojizo con vado desnudo yacente mortal de poros domado
Dado que se zambulle si va a la agonía de ojo buey bufonada
De orfebre lino órfico de los lujos de nacer

Negro mendaz para ver beber un piojo
El hilota hecho arado que hay que blanquear
Hojea a un padre debido a la edad de oro
A majestad muchacho
Casa habladora
La miel abolida, qué muro reventado
Muerte de los estados
El oso harto se abriga
Perro que ríe plato rajado

(Traducción de Enrique Molina y Anché Coyné)

 


Cuando es noche completa


Puesto que las flores me dan su almendra secreta su perfume y que yo ignoro la vida y la muerte y la primerísima palabra de la vida y el precio de la vida y la muerte de la vida

La noche cálida me ama —diría yo— la vida me mima el amor mentiroso arrullador existe y todo ese redil negro no es sino lecho de rosas un tigre la luna

Se diría que la mentira no existe a pesar de ese muro a pesar de ese no reinante

Apenas el rumor del mar el lomo carnoso de la vida de la muerte

Con tal que la muerte sea sosegada gorda y fuerte como clavel carnoso y blanco como mano que hunde alada prenda del que nada

La vida ¡qué festín! las flores la noche

El blanco se muere el negro perfuma y todo arde nada en la nada

(Traducción de Emilio Adolfo Westphalen)

 


Dioscuros en la playa


Dioscuros en la playa
de edad de las alas curiosos de la onda
la risa desalada Tan libre humedece
el pico ese pájaro ese pelícano de sueño
en el cielo de bruma
azul más puro que el aire
entre las conchas
para esos pianos
cubiertos de espuma
la mirada teje con dedos furtivos
partiendo del ojo de lentos arpegios
de hilo que se balancea
al ritmo del mar de peces fritos
oh cielo de tierra oh mar ágil
cercado de cuerpos
oh legítima sed empedrada de curvas
tímida si la piel que brilla
perla en pleno deleite
bajo el humo vibratorio del calor de las estrellas
invisibles

22 - février - 50

 


El agua en la noche

 

II

Infalible mariposa
Luz nocturna
A mi insomnio favorable salida
Miel de la ávida urna del día
Horno extinto y voluble
Muerto bajo el sol
Lamparón de sombra
Sobre el muro
Grieta de la noche
Sin estrellas
Vienes a mi morada
Fantasma familiar del silencio
Y abres el nuevo ciclo
Del duro reino solitario.


III

Siempre el agua en su rumor ideal
eco dolido del muro transparente
deja ir hacia tu rostro sus ramajes
leer la música
urdir reteniendo su aliento
la historia antigua
los ladrillos esmaltados
y esa pendiente que las estrellas delatan
como de alto lizo
para tu sombra cantante.

(Traducción de Guillermo Sucre)

 


Electra

 

Trenzad los despojos el brillo funerario
Elegido a la caída de la tarde de los cráteres enmudecidos
El agrio humo cuya espiral ilustra
La paz nocturna

El manantial del grito se ha callado
Bajo el metal
Las hojas brillan atrozmente
En el silencio

La noche el alba desatinada
Busca la salida de los palacios
Y sale ay hacia el tiempo
Eternamente a las angustias del mutismo celeste

Única la onda recoge las lágrimas
Pues el sol debe brillar
Sobre la líquida gravidez
En esta hora mágica del día

Mediodía
Tal el grito del cazador asaltado
Suena rojo y azul
Bajo la bóveda de la duración.

 

(Traducido por Ricardo Silva-Santisteban)

 


Meditación de mediodía

 

El eterno retorno la nota
muda del horror extinto
por el paisaje diario
río si el arroyo huye de pronto
y vuelve la flor en vuelta de bruma
la costumbre plena coruscante de apariencias
segura apenas transformada
lo justo para que la novedad
no asome su cara fúnebre de visitante ingrato
bajo el cielo alternativamente azul o blanco
entre los árboles de cobalto en la mañana
morados en la tarde roja
Por la ventana abierta
el aire el puro aire gesticulante
sobre el mar de metales ardientes
la frescura metafísica del murmullo
muriendo y renaciendo
a cada pulsación de tu recuerdo
oh amor
el conocido el invariable el cotidiano
que vienes a enlazarme como si jamás
pudieras departirte de mi lado
como si toda la sombra
no fuera tus alas inmensas de puntas de fuego
como si lloviera otra cosa que el eco de tu nombre
como si la mañana no fuera tu aliento
y la tarde no fuera la imagen
de la noche cromática cegada por tus fuegos.

 

México, 24-II-47

 


Notas


Los ocho primeros poemas de esta Antología provienen de La tortuga ecuestre (Lima, 1957, edición preparada por André Coyné). Ellos son : "El olor y la mirada", "Un camino de tierra en medio de la tierra", "A vista perdida", "El mundo ilustrado", "Batalla al borde de una catarata", "La leve pisada del demonio nocturno", "En el agua dorada el sol…" y "La vida escandalosa de César Moro". El libro lleva este epígrafe de Charles Baudelaire: Les ténèbres vertes dans les soirs/ humides de la belle saison. Otras ediciones de este libro en Palabra de escándalo (Barcelona, Tusquets Editor, 1974, edición de Julio Ortega), y en César Moro: La tortuga ecuestre y otros textos (Caracas, Monte Ávila, 1976, edición de Julio Ortega).

"Viaje hacia la noche" fue recogido por Coyné en su edición limeña de La tortuga...

"Renombre del amor" (traducido por Guillermo Sucre para mi edición de Monte Ávila) fue publicado en Le Surréalisme au service de la Révolution (Paris, No. 5, 1933).

"Memorial a los tres reinos" (traducido por Carlos Germán Belli) pertenece a Le Château de Grisou (México, Editions Tigrondine, 1943).

"Carta de Amor" (traducido por Emilio Adolfo Westphalen) fue originalmente publicado en México: Lettre d'Amour (Editions Dyn, 1944), edición de 50 ejemplares, con un aguafuerte de Alice Paalen. La traducción de Westphalen apareció primero en Las Moradas (Lima, No. 5, 1948).

"Temprano aún", "Viejo discípulo del aire" y "Hormiguero empavesado" pertenecen a Amour à Mort (París, Editions Le Cheval Marin, 1957, edición de André Coyné). Estas traducciones fueron hechas por Enrique Molina y André Coyné para mi edición de Monte Ávila.

Los tres poemas en prosa siguientes son del mismo libro y fueron traducidos por Emilio Adolfo Westphalen, quien los publicó en la Revista Peruana de Cultura (Lima, No. 4, enero, 1965).

"Dioscuros en la playa" es también de Amour a mort. Lo tradujo Guillermo Sucre para mi edición de La tortuga… en Monte Ávila.

"El agua en la noche", también traducido por Sucre para esa edición, proviene del libro inédito Pierre de Soleils. De este mismo libro es "Electra", traducido por Ricardo Silva-Santisteban y publicado, con otras traducciones suyas, por la revista Hueso Húmero (Lima, No. 2, julio-septiembre, 1979).

"Meditación de Mediodía" es un poema inédito de César Moro, escrito en español en México, que me ha proporcionado André Coyné.