Noticia sobre Alfredo Gangotena

 

 
 

Alfredo Gangotena nació en Quito, Ecuador, en 1904, y padeció un doble exilio: el de su lugar de nacimiento, que dejó muy joven, y el de su segunda patria, Francia, que abandonó en las postrimerías de su vida. Murió en 1944.

País de islas —en el sentido de singularidades, de ausencia de continuidad (en todos los terrenos), de falta de coherencia— el Ecuador tiene, en lo literario, dos grandes islas: Pablo Palacio, cuya raíz se recupera lenta pero inexorablemente, y Alfredo Gangotena.

Jorge Carrera Andrade, otro de los poetas con magnitud continental del Ecuador, dice sobre él: "Alfredo Gangotena es la mayor de las islas. Nadie ha explorado todavía (Carrera Andrade escribió esto en 1959) su territorio de sombra, sus profundidades abisales, su fauna y su flora de misterio. Gangotena llamó acertadamente a sus dos últimos libros Tempestad secreta y Noche. En efecto, su poesía se oscurece de pronto, se ilumina de relámpagos internos, castiga con sus azotes líquidos, sacude y destruye los terrenos deleznables, dejando en pie solamente el acantilado ceñudo y sin edad."

Carrera Andrade prosigue: " 'Hemos vivido en familia con las tormentas', dijo cierta vez Ignacio Lasso. Gangotena no conoció esa prueba tormentosa, pues estuvo ausente o retirado del afán colectivo. Vivió muchos años en París y escribió sus libros en francés, entre ellos está esa Orogenia deliciosa e inolvidable. Su catolicismo y su natural refinamiento le impidieron al poeta la actitud de protesta social. El 'cher Gangó' —como le llamaba Supervielle— se halló a merced de la tempestad y sus fantasmas."

Gangotena fue a Francia a estudiar mineralogía. Siguió los cursos y obtuvo el título, tras lo cual debió regresar al Ecuador, pero se enamoró del país que lo había acogido y, sobre todo, de su lengua. En el volumen cuatro de su Historia de la Literatura Ecuatoriana, Isaac J. Barrera señala: "...se sintió atraído y conquistado por el idioma francés que adoptó como lengua propia, y tan bien, que sus poemas fueron la máxima revelación de un temperamento de afinidad esencial..."

El mismo Barrera ubica a Gangotena en la historia literaria. Subraya: "Hay que crear un lenguaje poético, había dicho nuestro Góngora, el español; buscar la belleza a tanteos es condenarse a no hallarla nunca, dijeron los jóvenes que más tarde se llamarían surrealistas, en honor de Apollinaire. Hay que dar paso al misterio, a la intuición, al instinto. Lo verbal debe abrir camino al ritmo interior. Y se produjo entonces el movimiento que dura aún y que reunió en su torno a la más brillante juventud francesa; Bretón, Soupault, Aragón, que conquistó además a los más rebeldes y revolucionarios [. . .] En el grupo de estos renovadores de diferentes influencias y diversas doctrinas, apareció Gangotena, irguiendo su figura junto con la de Eluard, Salmón, Supervielle, Michaux y otros de la misma categoría y estirpe..."

Hemofílico, hipersensible, profundamente católico, Gangotena vivió siempre en la nostalgia, primero de su Ecuador, luego de Francia, pero como señala Juan David García Bacca, citando un verso suyo, siempre supo (sintió) que su cuna y su lengua estaban "lejos en la cima de los Andes". Gangotena participó, sin duda, de lo que César Dávila Andrade llama "el enigma de las dos patrias". O, quizás —y esto también es de él—, comprendió que "toda su gracia residía en el adiós".

Explicando esta desgarradura, Estevan Pavletich manifiesta que "su formación francesa explica su sensibilidad, su gusto, la lengua en que mejor se expresaba, sus refinamientos [...] Pero su entraña, el sabor a cobre y sangre de su poesía, su embriaguez de trópico, su original versión de cosmos, si se quiere ese cierto desorden de su estro y alguna oscuridad que recorre su obra eran auténticamente ecuatorianos. El Ecuador le donó las asperezas y las contradicciones de su dislocada geografía, su temática y algo de la vacilación implorante de quien se mueve en un mundo rudimentario [...] A la hostilidad o el silencio de los medios literarios ecuatorianos replican con su aliento y su elogio Jean Cocteau, Max Jacob, Tristán Tzara, Michaux y el gran filósofo Jacques Maritain."

Naturalmente, Gangotena entró primero en los manuales de literatura francesa y en varias antologías en esa lengua. Mucho después, en 1956, la Casa de la Cultura Ecuatoriana publicó su Poesía completa, con traducciones de Gonzalo Escudero y Filoteo Samaniego. En 1978 apareció una segunda edición de este libro, en la colección Letras del Ecuador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas. De esta edición hemos tomado los poemas que conforman este cuaderno. Las traducciones son de Gonzalo Escudero.

Su obra es breve. Tres volúmenes de poemas en francés: Orogenia (1928), Absence (1932), y Nuit (1938), y uno en español: Tempestad secreta (1940).

Refiriéndose a su enfermedad del alma —no del cuerpo—, a ese "vivir en carne viva", García Bacca expresa: "En sus cuadernos de física y matemáticas de la Escuela de Minas de París, la herida de Amor —no transformada aún en Llaga—, se divertía, un poco cruelmente, entreverando versos con fórmulas, por si acaso surgiera una especie híbrida, matemático-poética, remedio ambiguo de su ambigua dolencia. Gangotena recordaba muy bien a otro doliente de parecida enfermedad y quien, en parecida fase de la misma, echó mano de semejante híbrido remedio: Pascal.

'Oh Pascal,
El espíritu de aventura y de geometría
me aprisiona en avalancha.
¡Y acaso yo no soy sino el acróbata
sobre las geodésicas y los meridianos!
Pero como tú, pequeño Blas, antaño,
De espaldas bajo las sillas,
Estoy royendo con gran estrépito los travesaños'
Orogenia: "Cuaresma"

"Agravada la vida —en herida en vida— en llaga, ya en sus últimos años —ahora sabemos que eran los últimos—, todavía buscaba en las teorías físico-matemáticas más recientes, improbable y desesperado remedio; una epidermis para sus males, para su alma y cuerpo en carne viva."

Su enfermedad del alma, entonces (y también del cuerpo), el enigma de las dos patrias, el encanto único del adiós, la ansiedad del regreso (siempre de irse), de la piel y de la carne viva, son los nutrientes de su poesía donde el amor y el desamor se atraen y se repelen en una tensión inapelable.
Gangotena es, sin duda —junto a Jorge Carrera Andrade, Miguel Ángel León, César Dávila Andrade y Gonzalo Escudero —una de las grandes cifras de la poesía ecuatoriana y latinoamericana.

Estuvo solo, es cierto, pero hay tiempos en que los poetas están solos, incluso inmersos en su pueblo. Así se lo dice Jules Supervielle a Gangotena en un hermoso mensaje que se inicia de esta manera:
 

 

"Pienso en ti sobre tu meseta de alta geología,
Tú que te abres un camino entre los indios y los
volcanes
Cabalgando al pie de los Andes donde los espacios
son más espaciosos que en otras partes.
Pienso en ti que te encuentras solo en el mundo en tu
Ecuador"
 

Para luego rectificar:

 
"Mira bien que no estás solo allá lejos
Que aquí los poetas
Son niños perdidos en la noche, a quienes les cuesta
trabajo
Encontrarse en la mañana, en medio del oxidado
hierro del día."
 


Sin embargo, aun desde la soledad es posible el rescate, alcanzar la solidaridad, quedarse, vencer el adiós, el enigma de las dos patrias, hundirse en todas las patrias.

Porque —como señalara César Dávila Andrade— "nunca estamos verdaderamente solos si vivimos dentro de un mismo corazón."

 

Miguel Donoso Pareja