Introducción

 

En 1868, cuando el Japón da el primer paso para ser una nación moderna, aboliendo el régimen feudal y la política de aislamiento que había conservado durante cerca de 250 años, la modernización implicaba no sólo una reorganización política, económica y social del país, sino también una necesidad urgente de cambiar la mentalidad japonesa.

Uno de los intentos de modernización intelectual se manifiesta en la publicación de la Antología de la nueva poesía en 1882, libro de poemas occidentales traducidos por catedráticos universitarios de ese entonces. Este libro provocó entre los poetas inquietud y preocupación en cuanto a sus quehaceres poéticos, pues hasta entonces la poesía japonesa tradicional había sido limitada principalmente a dos moldes, cuya métrica era de cinco y siete sílabas: tanka o waka (5-7-5-7-7) y haiku (5-7-5). Surgieron entonces fenómenos interesantes y un tanto confusos: algunos escribieron sonetos en el lenguaje arcaico japonés, utilizando la métrica tradicional japonesa; otros escribieron en verso libre negándose voluntariamente y con evidente esfuerzo a utilizar la métrica japonesa. Los poetas de ese tiempo se sintieron hasta cierto punto perturbados y abrumados por la poesía occidental, tanto en los temas como en las formas. Es decir que en esa etapa no lograron encontrar un punto de reconciliación entre el espíritu moderno occidental y la retórica tradicional japonesa.

Faltaba aún otro acontecimiento poético importante: la introducción del simbolismo francés. En 1905 se sacó a la luz pública un libro titulado La marejada (Kai-cho-on), libro de poemas simbolistas franceses traducidos por Bin Ueda, doctor en letras, catedrático de la Universidad Imperial de Tokio.

Uno de los poetas que consiguió asimilar aquel "estremecimiento" simbolista en sus propias obras en forma más lograda fue Hakushu Kitahara, quien conjugó el exotismo decadente del fin del siglo y la técnica simbolista expresada mediante el sutil uso del lenguaje. Su poema "La herejía" dice así:

Pienso en las enseñanzas heréticas de una edad final,
en la brujería del Dios cristiano,
En capitanes de negros barcos, en la maravillosa
tierra de los Cabellos Rojos,
En el cristal escarlata, los claveles, de fragancia
intensa,
En el São Thomé, el alcohol, el vino tinto de los
bárbaros del Sur.

Occidente despertaba en los poetas japoneses una insaciable curiosidad al revelarles su exotismo: claveles, vino tinto, gentes de cabello rojo y de ojos azules. Además de esos elementos, Hakushu intentó diversas formas innovadoras: aplicó ideogramas a los sustantivos introducidos del occidente, conservando la pronunciación original de la palabra, dando así al lector efectos visuales y auditivos sorprendentes y extraños. Esto significaba ya la invención de un nuevo lenguaje dentro del marco lingüístico japonés, y por medio de ella el poeta logró trasmitir al lector una atmósfera exótica y decadente.

Para los poetas de la segunda mitad de la etapa moderna, aún quedaba una gran tarea: cómo introducir el lenguaje moderno y coloquial en la poesía, abandonando el lenguaje clásico, en el cual la poesía japonesa tradicional se había apoyado durante varios siglos.

Sakutaro Haguiwara fue uno de los primeros en romper esta barrera lingüística entre el lenguaje clásico y moderno. Muchos de los poemas de Haguiwara están escritos en lenguaje coloquial, sin utilizar la métrica tradicional. Además, su empleo de abundantes onomatopeyas era sumamente novedoso. La influencia de este poeta tan importante como único se advierte en posteriores poetas jóvenes.

Esta época coincide cronológicamente con diversos acontecimientos internacionales y nacionales: La Primera Guerra Mundial (1914), la Revolución Rusa (1917) y el gran terremoto que derribó casi toda la ciudad de Tokio (1923).

A causa de los cambios en la estructura industrial y económica, provocados por tales sucesos, surgen problemas sociales que se reflejaron en el mundo poético: nace un movimiento de literatura proletaria. Aunque la vida de dicho movimiento fuera corta, dejó un tema de importancia trascendental en la historia de la literatura japonesa, vigente hasta hoy en día: el arte y la ideología.

Por otra parte, no podemos olvidar a aquellos poetas que trataron de renovar las estrofas tradicionales de tanka, como Ishikawa y Akiko, quienes intentaron establecer un vínculo entre la poesía tradicional y las preocupaciones de la sociedad moderna.

ATSUKO TANABE