Surrealistas franceses



Edición y prólogo de Luis Mario Schneider




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Nota introductoria
 
 
 

El poeta-pintor César Moro (1903-1956) llegó a México en marzo de 1938. Llegó para quedarse diez años. Venía de haber vivido los últimos tres años en su país, el Perú, porque desde 1925 a 1935 había hecho Moro de París su morada.

Llegó a México incitado por el México de Agustín Lazo a quien conocía cuando el pintor, escenógrafo y dramaturgo estudiaba en el atellier de Charles Dullin en la Francia de los finales de la década del 20. Vino por Agustín Lazo y aquí heredó también a su mejor amigo: Xavier Villaurrutia. Cuando los surrealistas —Benjamín Péret, Remedios Varo, Wolfgang Paalen, Alice Rahon, Leonora Carrington— llegaron después de 1940 terminaron por completar ese círculo inquietante y exclusivo del mundo de Moro en nuestro país. Quizá faltaría nombrar a Francisco Zendejas y a la Cretina, una minúscula tortuga con la que el poeta templaba su paciencia, alimentaba su extravagancia haciéndola peatona de la Alameda Central.

Aquí escribió y publicó sus libros más importantes, sus ensayos más desmitificadores y agresivos. Aquí conoció, en la provincia, la persona destinataria de Lettre d'amour, a un amor-pasión vivido entre sombras y marginalidades.

Llegó en marzo de 1938, poco antes de la llegada de André Breton de quien era amigo desde París y con quien colaboró en Le Surréalisme au Service de la Révolution, porque este peruano es indudablemente el primer escritor aceptado desde sus inicios en ese movimiento. De paso conviene reflejar una paradoja: cuando muchos de nuestros poetas continentales se afilian al surrealismo por los cincuentas este surrealista de primera hora, es decir de 25 años antes, ya había abandonado las filas.

En México Moro fue casi el cicerone de Breton. Las pocas fotografías que existen del francés durante su estancia aquí lo muestran con el peruano, las únicas en las que no aparecen juntos son en las que Breton está junto a Trotski. Fue su cicerone y además su máximo propagandista.

De una forma general la intelectualidad mexicana no desconocía qué cosa era el surrealismo, quiénes sus dirigentes, cuáles sus experiencias y propósitos. Había información periodística más o menos abundante y hasta se reproducía material pictórico en revistas y suplementos literarios. Otra cosa era, sin embargo, el conocimiento medio tacaño y subestimativo que se tenía de la literatura surrealista y la casi absoluta falta de traducciones, hecho que no había modificado ni siquiera la presencia de Artaud en México, durante 1936. Hay que recordar que apenas después de 1960 se empiezan a traducir las obras surrealistas en México.

El primero en dar a conocer algo de esta poesía fue Jorge Cuesta quien, a raíz de su viaje a Francia en 1928 y de conocer personalmente a Breton y a Robert Desnos, traduce poemas de Paul Eluard en la Revista Contemporáneos, en mayo de 1929. Tienen que pasar otros nueve años para encontrar nuevamente poesía surrealista en nuestros medios de difusión cultural. Este hecho se debe a la labor de César Moro y a la llegada de Breton.

Los surrealistas franceses titula César Moro a su breve antología poética, editada como "Suplemento No. 3" de la revista Poesía, dirigida por Neftalí Beltrán y que corresponde al mes de mayo. Todas las traducciones corren por cuenta del poeta peruano, precedidas por su propia y poética visión, llamándola sencillamente "Nota".

Doce son los poetas y el orden es alfabético: Hans Arp —un fragmento de "Configuración", del libro Le siège de l'air—; André Breton —"En tu lugar desconfiaría del caballero de paja", poema de L'air de l'eau—; Paul Eluard —"Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas": Giorgio de Chirico —"Una noche", aparecido en La Revolution Surréaliste No. 5—; Salvador Dalí —"El fenómeno biológico"—; Marcel Duchamp —"Entre nuestros artículos", incluido en la Anthologie de l'humor noir—; Georges Hugnet —"La hora del pastor"—; Alice Rahon —"Gruta"—; Benjamin Péret —"Háblame" de Je sublime—; Pablo Picasso —"28 de Noviembre XXXV", publicado en español en Cahiers d'Art No. 5 y 6—; Gisèle Prassinos —"Anuncio"—; y Gui Rosey —"He aquí todos los siglos pasados a filo de espada", un fragmento de Drapeau nègre.

Una medida bastante ilustrativa del pensamiento de los cronistas culturales respecto a la incomprensión que muestran frente al surrealismo —por otro lado es un lugar común que en Latinoamérica la pretendida ingeniosidad encubra siempre la ignorancia— es la "píldora" que sobre esta antología se inserta con el encabezado "Un peso de poesía" en El Nacional el 25 de julio de 1938:

Pero oigamos lo que dice el César Moro, traductor de poetas sobrerealistas en el "Suplemento" alquitranadamente compungido de Neftalí: "El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer la montaña". ¿Entendido? Se necesita un traductor que hable el lenguaje de los topos.


En ese mismo año, Letras de México, dirigida por Octavio G. Barreda, en su número 27, del lo. de mayo se dedica íntegramente a Breton y al surrealismo. De ese material destaca, en las páginas 3 y 4, una breve muestra de la poesía surrealista. César Moro traduce "Cartero Cheval". "El gran socorro mortífero" de André Breton; "Los sentidos" de Gui Rosey; "Mil veces" de Benjamin Péret y "Entre otras" de Paul Eluard. De Moro el poema dedicado a André Breton.

He tomado como base Los surrealistas franceses y añado para esta edición los demás poemas traducidos por el peruano y aparecidos en Letras de México durante la estancia de Breton aquí, incluyendo el que le fuera dedicado.

Esta antología sigue siendo de singular vigencia en nuestra literatura por ser la única compilación poética que aún existe en México sobre ese movimiento francés. Por el conocimiento que tenía su autor del surrealismo y por la calidad de la traducción esta muestra es un documento de necesaria difusión de la estética más revolucionaria del siglo xx.

 

Luis Mario Schneider

 


Nota

 

El surrealismo es el cordón que une la bomba de dinamita con el fuego para hacer volar la montaña. La cita de las tormentas portadoras del rayo y de la lluvia de fuego. El bosque virgen y la miríada de aves de plumaje eléctrico cubriendo el cielo tempestuoso. La esmeralda de Nerón. Una llanura inmensa poblada de sarcófagos de hielo encerrando lianas y lámparas de acetileno, globos de azogue, mujeres desnudas coronadas de cardos y de fresas. El tigre real que asola las tierras de tesoros. La estatura de la noche de plumas de paraíso salpicada con sangre de jirafas degolladas bajo la luna. El día inmenso de cristal de roca y los jardines de cristal de roca. Los nombres de Sade, Lautréamont, Rimbaud, Jarry, en formas diversas y delirantes de aerolito sobre una sábana de sangre transparente que agita el viento nocturno sobre el basalto ardiente del insomnio.

 

César Moro

 


Configuración

 

Los cabellos blancos de las piedras, los cabellos negros de
las aguas, los
cabellos verdes de los niños, los cabellos azules de los ojos
las aguas cierran sus ojos pues del cielo caen piedras y
niños a las piedras a las aguas a los niños y a los ojos caen
los cabellos.
las piedras tienen en su bolsillo derecho mantequilla y en su
bolsillo
izquierdo pan y cada uno los toma con
gran consideración
por sandwiches,
los sandwiches de piedras llevan una raya a la derecha los
sandwiches
de agua llevan una raya a la izquierda
y los sandwiches de
niño llevan la raya al medio.

Hans Arp

 


En tu lugar desconfiaría del caballero de paja...

 

En tu lugar desconfiaría del caballero de paja
Esa especie de Roger libertando a Angélica
Leitmotiv aquí de las bocas del metropolitano
Dispuestas en fila en tus cabellos
Es una encantadora alucinación liliputiense
Pero el caballero de paja el caballero de paja
Te pone a la grupa y os precipitáis en la alta alameda de
álamos
Cuyas primeras hojas perdidas ponen mantequilla en las
rosas
trozos de pan del aire
Adoro esas hojas al igual
Que aquello que hay de supremamente independiente en ti
Su pálida balanza
Para contar violetas
Estrictamente lo necesario para que se transparente en los
más
tiernos pliegues de tu cuerpo
El mensaje indescifrable capital
De una botella que ha guardado mucho tiempo el mar

Y las adoro cuando se juntan como un gallo blanco
Furioso en la escalinata del castillo de la violencia
Bajo la luz vuelta desgarradora donde no se trata ya de vivir
En el soto encantado
Donde el cazador apunta con un fusil de culata de faisán
Esas hojas que son la moneda de Danae
Cuando me es posible acercarme a ti hasta no verte
Estrechar en ti ese lugar amarillo devastado
El más resplandeciente de tu ojo
Donde los árboles vuelan
Donde los edificios comienzan a ser sacudidos por una
alegría
de mala ley
Donde los juegos del circo se continúan con un lujo
desenfrenado
en la calle
Sobrevivir
De lo más lejano dos o tres siluetas se desprenden
Sobre el grupo estrecho flamea la bandera parlamentaria.

André Breton


Cartero cheval

 

Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de
esos belvederes
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida
de tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada

Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu
muñeca
Somos los suspiros de la estatua de cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme
Y brechas brillantes se abren en su lecho
Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de
coral en un claro del bosque
Y mujeres desnudas en lo profundo de una mina
Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren
Sin una mirada para la locomotora presa de inmensas raíces
barométricas
Que se queja en la selva virgen con todas sus calderas
doloridas
Sus chimeneas con humo de jacintos y movida por serpientes
azules
Te precedíamos entonces nosotros las plantas sujetas a
metamorfosis
Que cada noche hacíamos signos que el hombre puede
sorprender
Mientras su casa se desploma y se sorprende ante los
engranajes singulares
Que busca su lecho con el corredor y la escalera
La escalera se ramifica indefinidamente

Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto
sobre una plaza pública
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse
Pero se contenta con abrir bajo nuestros pasos todos sus
escalones como gavetas
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas
de espigas gavetas de escaleras
Gavetas de carne con empuñadura de cabellos
A la hora precisa en que millares de patos de Vaucanson se
alisan las plumas
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los senos
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle
Y tomábamos las actitudes según tu placer
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados tal como la
mujer gusta de ver el hombre
Después de haber hecho el amor

André Breton

 


El gran socorro mortífero

 

La estatua de Lautréamont
Con zócalo de sellos de quinina
El campo raso
El autor de las Poesías está acostado boca abajo
Y cerca de él vela el helodermo sospechoso
Su oreja izquierda pegada al suelo es una caja con
vidrieras
Ocupada por un relámpago el artista no ha olvidado de
hacer figurar por encima de él
El globo azul cielo en forma de cabeza de Turco
El cisne de Montevideo cuyas alas están desplegadas y
siempre prontas a agitarse
Cuando se trata de atraer del horizonte a los otros
cisnes
Abre sobre el falso universo dos ojos de colores
diferentes
El uno de sulfato de hierro sobre el enrejado de pestañas el
otro de barro diamantino
Contempla el gran exágono en forma de embudo en el que
se crisparán bien pronto las máquinas
Que el hombre se encarniza en cubrir de vendajes
Reaviva con su bujía de radio los fondos del crisol humano
El sexo de plumas el cerebro de papel aceitado
Preside en las ceremonias dos veces nocturnas que tienen
por fin sustracción hecha del fuego intervertir los
corazones del hombre y del pájaro
Yo tengo acceso a él en calidad de convulsionario
Las mujeres arrobadoras que me introducen en el vagón
acolchado de rosas
Donde una hamaca que cuidaron de hacerme con sus
cabelleras me está reservada
De toda eternidad
Me recomiendan antes de partir no resfriarme en la lectura
del periódico
Parece que la estatua cerca de la cual la grama de mis
terminaciones nerviosas
Llega a destino es afinada cada noche como un piano

André Breton

 


Algunas palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas

a André Breton

La palabra cementerio
A los otros de soñar con un cementerio ardiente
La palabra casita
Se la encuentra a menudo
En los avisos de los periódicos en las canciones
Tiene arrugas es un viejo disfrazado
Tiene un dedal en el dedo es un papagayo maduro
Petróleo
Conocido por ejemplos preciosos
En las manos de los incendios
Neurastenia una palabra que no tiene afrenta
Una sombra de casís entre dos ojos parecidos
La palabra criolla toda de corcho sobre raso
La palabra bañadera que es arrastrada
Por caballos perfectos más feos que muletas
Bajo la lámpara esta noche glorieta es un nombre
Y domina un espejo donde se inmoviliza
Hiladora palabra que se derrite hamaca vid saqueada
Olivo chimenea con tambor de resplandores
El teclado de los rebaños se apaga en la llanura
Fortaleza malicia vana
Venenoso telón de caoba
Velador mueca elástica
Hacha error jugado a los dados
Vocal timbre inmenso
Sollozo de estaño risa de buena tierra
La palabra gatillo estupro luminoso
Efímera el azur en las venas
La palabra bólido geranio en la ventana abierta
Sobre un corazón batiente
La palabra contextura bloque de marfil
Pan petrificado plumas mojadas
La palabra frustrar alcohol marchito
Pasillo sin puertas muerte lírica
La palabra muchacho como un islote
Mirtilla lava galón cigarro
Letargo azulina circo fusión
Cuántas quedan de esas palabras
Que no me conducían a nada
Palabras maravillosas como las otras
Oh imperio mío de hombre
Palabras que escribo aquí
Contra toda evidencia
Con la gran preocupación
De decir todo

Paul Eluard

 


Entre otras

 

A la sombra de los árboles
Como en tiempo de los milagros,

En medio de los hombres
Como la más bella mujer

Sin nostalgia, sin afrenta,
He dejado el mundo.

—¿Qué habéis visto?

—Una mujer joven, grande y bella
En vestido negro muy escotado.

Paul Eluard

 


Una noche

 

La noche última el viento silbaba tan fuerte que creí iba a
derribar las rocas de cartón.
Mientras duraron las tinieblas las luces eléctricas
Ardían como corazones.
En el tercer sueño me desperté cerca de un lago
Donde venían a morir las aguas de dos ríos.
Alrededor de la mesa las mujeres leían.
Y el monje se callaba en la sombra.
Lentamente pasé el puente y en el fondo del agua oscura
Vi pasar lentamente grandes peces negros.
Súbitamente me encontraba en una ciudad grande y
cuadrada.
Todas las ventanas estaban cerradas, doquier silencio Doquier meditación
Y el monje pasó aún al lado mío. A través los agujeros de su
silencio podrido vi la belleza de su cuerpo pálido y blanco
como una estatua del amor.
Al despertar la dicha dormía aún cerca de mí.

Giorgio De Chirico

 


El fenómeno biológico...

 

el fenómeno biológico
y dinámico
que constituye el cubismo
de
Picasso
ha sido
el primer gran canibalismo imaginativo
sobrepasando las ambiciones experimentales
de la física matemática
moderna.

La vida de Picasso
formará la base polémica
aún incomprendida
según la cual
la psicología física
abrirá de nuevo
una brecha de carne viva
y de obscuridad
a la filosofía.
Pues a causa
del pensamiento materialista
anárquico
y sistemático
de
Picasso
podremos conocer físicamente
experimentalmente
y sin necesidad
de las novedades "problemáticas" psicológicas
de sabor kantiano
de los "gestaltistes"
toda la miseria
de los
objetos de conciencia
localizados y confortables
con sus átomos flojos
las sensaciones infinitas
y
diplomáticas.

Pues el pensamiento hiper-materialista
de Picasso
prueba
que el canibalismo de la raza
devora
"la especie intelectual"
que el vino regional
moja ya
la bragueta familiar
de las matemáticas fenomenologistas
del
porvenir
que existen "figuras estrictas"
extra-psicológicas
intermediarias
entre
la grasa imaginativa
y
los idealismos monetarios
entre
las aritméticas transfinidas
y las matemáticas sanguinarias
entre la entidad "estructural"
de un "lenguado obsesionante"
y la conducta de los seres vivos
en contacto con "el lenguado obsesionante"
pues el lenguado en cuestión
permanece
totalmente exterior
a la comprensión
de
la
gestalt-teoría
puesto que
esta teoría de la figura
estricta
y de la estructura
no posee
medios físicos
que permitan
el análisis
ni aun
el registro
del comportamiento humano
frente
a las estructuras
y a las figuras
que se presentan
objetivamente
como
físicamente delirantes
pues
no existe
en nuestros días
que yo sepa
una física
de la psico-patología
una física de la paranoia
la que no podría ser considerada
sino
como
la base experimental
de la próxima
filosofía
de la
psico-patología
de la próxima
filosofía de la actividad "paranoico-crítica"
la cual un día
tentaré de examinar polémicamente
si tengo tiempo
y humor.

Salvador Dalí

 


Entre nuestros artículos

 

Entre nuestros artículos de quincallería perezosa
recomendamos la llave de agua que se detiene de fluir
cuando no se le escucha.
Física de equipaje:
Calcular la diferencia entre los volúmenes de aire desplazado
por una camisa limpia (planchada y doblada) y la misma
camisa sucia.
Ajuste de coincidencia de objetos o partes de objetos; la
jerarquía de esta especie de ajuste está en razón directa
del "disparate".
Una caja de cerillas completa es más ligera que una
caja empezada porque no hace ruido.
¿Será necesario reaccionar contra la pereza de los rieles en
el intervalo de dos pasos de trenes?
Transformador destinado a utilizar las pequeñas energías
desperdiciadas tales como:
la exhalación del humo de tabaco,
el exceso de presión sobre un timbre eléctrico...
el crecimiento de los cabellos, de los vellos y de las uñas,
la caída de la orina y de los excrementos,
los movimientos de miedo, de sorpresa, de tedio, de cólera,
la risa,
la caída de las lágrimas,
los gestos demostrativos de las manos, de los pies, los
tics,
las miradas duras,
los brazos que caen,
el desperezarse, el bostezo, el estornudo,
el esputo ordinario y el de sangre,
los vómitos,
la eyaculación,
los cabellos rebeldes, la espiga,
el ruido al sonarse, el ronquido,
el desvanecimiento,
el silbido, el canto,
los suspiros,
etc.

Marcel Duchamp

 


La hora del pastor

 

Los campos invadían las calles
y los salones de lámparas de cristal.
Oquedales se instalaban en los patios,
hayas se anudaban en las lumbreras,
un buey se transformaba en mesa.

Niños con zuecos, el rostro blanco,
derrochaban sin contar entre los helechos.
Vestíase talones y peinadoras.
A mediodía, señores de frac, inclinados sobre los musgos,
una por una recogían un centenar de perlas.

Un vestido de noche corría y gritaba en un claro del bosque.

Georges Hugnet

 


André Breton

 

Como un piano de cola de caballo de cauda de estrellas
Sobre el firmamento lúgubre
Pesado de sangre coagulada
Arremolinando nubes arco-iris falanges de planetas y
miríadas de aves
El fuego indeleble avanza
Los cipreses arden los tigres las panteras y los animales
nobles
Se tornan incandescentes
El cuidado del alba ha sido abandonado
Y la noche se cierne sobre la tierra devastada
La comarca de tesoros guarda para siempre tu nombre

México, abril 1938
César Moro

 


Gruta

 

Gruta de bronce
amplificador de las tempestades
de los dos hemisferios
donde las sombras no pueden morir
la cabeza del búho de piedra
vela
sobre la ciudad de los marinos
Limbos de fuentes no nacidas
de amores ahogados
bajo parejas de falsos amantes
falsos pensamientos
falsas ventanas
en las murallas de la noche
falsa virtud de los débiles
nuestros huesos encrespándose en el fuego
desierto calcinado de espera
donde reina la loca del espejo.

Alice Rahon Paalen

 


Háblame

 

El negro de humo el negro animal el negro negro
se han dado cita entre dos monumentos a los muertos
que pueden parecer mis orejas
donde el eco de tu voz de mica marina
repite indefinidamente tu nombre
que se parece tanto a lo contrario de un eclipse de sol
que yo me creo cuando tú me miras
una "espuela de caballero en un ventisquero" cuya puerta
abrieras
con la esperanza de ver escaparse una golondrina de
petróleo inflamado
pero de la espuela brotará un manantial de petróleo ardiente
si tú lo quieres
como una golondrina
quiere la hora de verano para tocar la música de las
tormentas
y la fábrica como haría una mosca
que sueña con una telaraña de azúcar
en un vaso de ojo
a veces azul como una estrella veloz reflejada por un huevo
a veces verde como un manantial rezumando de un reloj

Benjamin Péret

 


28 de noviembre xxxv

 

Lengua de fuego abanica su cara en la flauta la copa
que cantándole roe la puñalada del azul
tan gracioso
que sentado en el ojo del toro
inscrito en su cabeza adornada con jazmines
espera que hinche la vela el trozo de cristal
que el viento envuelto en el embozo del mandoble
chorreando caricias
reparte el pan al ciego y a la paloma color de lilas
y aprieta de toda su maldad contra los labios del limón
ardiendo
el cuerno retorcido
que espanta con sus gestos de adiós la catedral
que se desmaya en sus brazos sin un ole
estallando en su mirada la radio amanecida
que fotografiando en el beso una chinche de sol
se come el aroma de la hora que cae
y atraviesa la página que vuela
deshace el ramillete que se lleva metido entre el ala
que suspira
y el miedo que sonríe
el cuchillo que salta de contento
dejándole aún hoy flotando como quiere y de cualquier
manera
al momento preciso y necesario
en lo alto del pozo
el grito de la rosa
que la mano le tira
como una limosnita

Pablo Picasso

 


Anuncio

 

Un señor que tomaba el metropolitano tenía bajo el brazo un gran paquete del que salía un trozo de tela verde. Como todo el mundo le miraba, dijo desatando su zapato: "Emplead la tinta Watterman". Luego descendió los tramos de la escalera cojeando.

Así que llegó abajo, se sentó en un banco con los pies bajo su trasero. Y ahí, comenzó a desembalar su paquete. Pero no sacó nada, ni siquiera un trozo de tela verde.

Cuando el tren entró en la estación, partió corriendo con su paquete bajo el brazo. Pero no había ya tela verde. Sólo una cresta de gallina colgaba. El tren silbó.

A lo lejos se escuchó una voz grasosa: "Es una marca muy buena".

Cerca de mí, un señor se puso verde.

Gisèle Prassinos

 


He aquí todos los siglos pasados a filo de espada

He aquí todos los siglos pasados a filo de espada
cabeza de madera donde el ojo izquierdo no palpita sino
para salvar al otro de la miseria
no hay de creíble en el seno vaporoso de las geografías
venosas
sino las huidas indeterminadas de rostros encadenados de
horribles palideces
sino la obra simbólica de microbios sabios al fondo de las
cavernas apasionantes de la materia
sino el monumento irracional de la tempestad abatiendo la
virtud
y el inolvidable desorden
de una voz desesperada
Ahora que los proverbios seductores viajan a costa de los
ojos
los brazos escasean de recuerdos y caen a lo largo del cielo
todos los dioses han regresado a sus conchas
y la muerte vestida de soldado
coloca el terror blanco bajo urna
en las patrias pintadas de nuevo
he aquí viniendo por los senderos trillados de fiebre lenta
el tiempo de las grandes mudas nocturnas
del terciopelo y de las lúcidas encantaciones
donde el hombre
rompedor de muertes y de palabras
trepa al oro escarpado
lleno de ruidos
como una selva virgen...

Gui Rosey

 


Los sentidos

 

El brazo nebuloso de la naturaleza amontona los olores de la tarde en la carroza extinguida del crepúsculo. Fatiga de la tempestad enganchada que relincha a las estrellas. Marino de las nieves y de los trigos, el silencio, y el pájaro cuya jaula será de mimbre y el mimbre de ondas y de colores. Pintura musical.

Vía azul de las voces lejanas, todos los caminos de la noche salen a unir los mundos. Todos los caminos no son de este mundo, pero se asemejan entre ellos como lo invisible y lo visible y las divinidades estelares.

Más allá de los espejos. Desenlace del porvenir entrevisto por el ojo de una cerradura. Vejez ínfima o infinita, suenas medianoche. La carpa destinada al sortilegio de las aguas habla de oro ahora que el céfiro de las hadas es el lenguaje de las flores y que la historia del cielo revive en la novela que la lluvia escribe sobre la tierra.

Tristeza irreversible, todos los sentimientos, todos los matices del corazón, pasan por los brazos de la nautraleza. Todas las maldiciones, todas las declamaciones del corazón, pasan por el cerebro de la naturaleza. Y todo se pierde como el anillo de las bodas eternas con la esperanza.

Gui Rosey