La hora del pastor

 

Los campos invadían las calles
y los salones de lámparas de cristal.
Oquedales se instalaban en los patios,
hayas se anudaban en las lumbreras,
un buey se transformaba en mesa.

Niños con zuecos, el rostro blanco,
derrochaban sin contar entre los helechos.
Vestíase talones y peinadoras.
A mediodía, señores de frac, inclinados sobre los musgos,
una por una recogían un centenar de perlas.

Un vestido de noche corría y gritaba en un claro del bosque.

Georges Hugnet