Los sentidos

 

El brazo nebuloso de la naturaleza amontona los olores de la tarde en la carroza extinguida del crepúsculo. Fatiga de la tempestad enganchada que relincha a las estrellas. Marino de las nieves y de los trigos, el silencio, y el pájaro cuya jaula será de mimbre y el mimbre de ondas y de colores. Pintura musical.

Vía azul de las voces lejanas, todos los caminos de la noche salen a unir los mundos. Todos los caminos no son de este mundo, pero se asemejan entre ellos como lo invisible y lo visible y las divinidades estelares.

Más allá de los espejos. Desenlace del porvenir entrevisto por el ojo de una cerradura. Vejez ínfima o infinita, suenas medianoche. La carpa destinada al sortilegio de las aguas habla de oro ahora que el céfiro de las hadas es el lenguaje de las flores y que la historia del cielo revive en la novela que la lluvia escribe sobre la tierra.

Tristeza irreversible, todos los sentimientos, todos los matices del corazón, pasan por los brazos de la nautraleza. Todas las maldiciones, todas las declamaciones del corazón, pasan por el cerebro de la naturaleza. Y todo se pierde como el anillo de las bodas eternas con la esperanza.

Gui Rosey