Es cosa de mirar

 

Por punto general en el valle de México
anda la multitud encubriendo rumores
con pieles o plumajes y orquídeas al uso.
Es cosa de mirar el ay enjuto
cuando la cicatriz del alba lo cobija,
la mano lívida que sobrelleva
tan densos ademanes.

¡Dioses, mis dioses, milagros desolados éstos!
Como si ya no fuera tiempo
de quitarse tapujos y flamear sin más.
¿Por qué no desherrar el vocerío?

Pienso.
Hago cuentas, así de los trabajos
como de las heridas. Tierras
ásperas de labrar y fecundar,
en donde duelen surcos imposibles.
Ritos por no sé qué ni quién,
y un cáliz de sudor violento y mal pagado.

Conviene resembrar los huesos en algún
resto de lava no marchita,
y en mondos palomares la garganta.
A lo mejor cosecharíamos entonces
la gula de vivir en cuerpo y alma.