De Corre la voz (1980)
 
Tres poemas de
Honores a Francisco Terrazas
 

1 (II)

 

Sí.
Por el índice fetal del numen
que desvela ciudades obsesivas;
por el sacro monarca y los espíritus
empecinados en la lucha
contra Satán,
por los trescientos hijos
de los conquistadores, cuyo reino
creció muy diferente del soñado;
por las armas traídas
de todas partes,
por aquellos daños,
por los chismes, embustes y marañas,
la gran soberbia, la mayor malicia,
los desprecios, el modo riguroso,
por la burda codicia que perdura
y la verdad cortada a su medida;
por el placer magnánimo, recluso
entre paredes inquisitoriales,

al tiempo que a la lumbre venidera
dejaban las estrellas el designio,
llegamos a vivir
en la precaria confusión del occidente.
Nos fueron épocas oscuras
las del aprendizaje. Recibimos
herencias discordantes.
Esclavitud y señorío.
Cuatro fanegas de maíz
sembradas con fortuna,
y después el hambre;
rencores lentos;
una piedad a duras penas impartida;
un sosiego de dientes afuera;
orgullos y derrotas;
la lengua no tan diestra
cuanto por la ocasión fuere dictada.

Pusiéronles nombres ajenos
a los antiguos dioses.
Hicieron de los templos
exangüe fundamento para la catedral.
Mezclaron el deseo
con el deseo, replegando
las íntimas raíces, calabriando
encima de la piel contrarias esperanzas.

¡Árbol de vida, nuevo mundo!
Vinimos a nacer en esta empresa
como soplo de viento,
cuando ya la batalla
de luz y contraluz finalizaba.
Otros son los extremos de la gentil angustia.
El aura común
ha ido recogiendo los escasos trofeos
diseminados en las dos vertientes
de nuestro caudal inopinable.
Mestizos,
apuramos el cáliz de cualquiera.
Pero al caer la noche mascullamos
nuestras secretas denominaciones.




2 (IV)

 

Infantiles o vanas las ansias del retorno
al culto de la piedra por la piedra,
nos ha quedado sólo
la danza solariega, poesía
rememorada, revivida
en uso pleno del paisaje.

No son las cosas tan sencillas
hoy
como lo eran en la época
de los reyes y reinos al estilo clásico;
no son tan fáciles como rimar
parejos ramilletes
hasta que en lo premioso figurado
la figura se cumpla
trayendo sin cesar a cuento
las espadas heroicas y aquella temeraria
fuerza fiera del rostro y de la mano.

Hemos sufrido tráfagos, rupturas,
lección de humanidades onerosas.
Respondemos al grito destemplado:
gentuza
confederal, sin escatología.
Nos ha llovido lenta la Conquista,
pero tampoco nos libró la Independencia,
limbos las dos, cuando no pánico y barbarie.

¡Oh, Sephirot! Tu lápiz anacrónico
impídeme rezar a mis abuelos
las oraciones que la grey olvida.
Maldita,
la ciudad nos desentona,
toda hiel adobada
con serpentinas y confeti,
mientras se mira sus manos vencidas
el sumo sacerdote.
¡Quién te viera
como cebo que al agua apenas toca
cuando ya los espíritus del mar lo muerden!
Pero te vas en llanto y duelo consumiendo,
ardua la pesca, hueros los pescados,
el agua muerta por negar al fuego.
Has perdido tu voz y nadie te conoce.
No se sabe por qué ni dónde nos naciste,
débil emanación contradictoria
del mar en aluviones a la luz prometido.
Entretanto, Señor, andamos en apuros.
Nuestro siglo se va llenando
por guardar las leyes,
mas no de generosa paga,
sino de valimiento
vacío, sepulcral ofrenda
que no siembra la paz en nuestro pecho.

Tiempo vendrá para nombrar
sus vicios; por ahora
doy a pulso noticia del mundo mal sabido:

Somos criba solar antes que lago,
y sí a la mar las guardas arrojamos
y con la casa de agua nos perdimos,
nuestro viento
cautivo
de claras embriagueces
nos redime.




3 (Envío)

 

Honra quien pondera
virtudes y presencia;
mayormente
quien a la vez levanta capullos olvidados
con huelgos que figuran
una conversación vivificante.
Bien, recapitulemos.
El nuevo mundo, desde sus orígenes,
fue jardín destripado;
pero nunca
cesó de florecer. Entreverados
nacieron otros árboles, plantajes,
herbolarios. Un día
hubo de revelarse la voz interrumpida
y estalló sin rodeos
entre nosotros, como bala
que llega por amor, de no se sabe dónde,
a su viejísimo destino.
Ya no somos los mismos;
ni somos diferentes.
En el propio lenguaje de los tuyos,
diré nuestros,
ahora,
cantaremos junto.