Nota introductoria

El lector que se enfrenta ahora, por primera vez, con la poesía de León de Greiff* encontrará en ella a un sorprendente y atractivo autor, suerte de combinación de poeta, bufón y músico, y a un amplio repertorio de personajes que se complacen en el juego y la risa y que, en el mejor de los casos, se ofrecerán ocultos tras el disfraz de un hermetismo ostentoso y en apariencia innecesario o, en el peor, se presentarán bajo los rostros de la incoherencia, la gratuidad y el absurdo. Y también esta breve antología de textos —muchas veces más cercanos a la música que a las palabras— no dejará de brindar, pese a las dificultades que se interponen en su lectura, una poderosa seducción sobre el lector.

León de Greiff nació en Medellín, Colombia, en 1895. Descendiente de suecos y alemanes, los personajes que adoptó en su poesía dan cuenta de este doble origen: exhiben una extraña mezcla de sus raíces nórdico-europeas y el trópico colombiano. Parte de este sobrepoblado mundo de fantasmas ancestrales, sueños y mitos que lo habitan y que cantan a través de él está integrado principalmente por Erik Fjordsson, Sergio Stepansky, Leo de Gris, Matías Aldecoa, Bogislao, Gaspar von der Nacht, Guillaume de Lorges y Hárald el Obscuro, entre muchos otros. Y las actividades que ejerce bajo estos distintos rostros no son menos numerosas: vikingo, pirata, bufón, juglar, clown, trovador, acontista, paleógrafo, titerero, vagabundo, cazador y toda suerte de aventureros y trotamundos, casi siempre nómadas, forasteros, eremitas. Todos ellos son para León de Greiff pasaportes a otras tierras, que entre más lejanas, en el tiempo y en el espacio, más prontas y despiertas a su imaginación para realizar sus viajes.

Y es que León de Greiff ha optado en su obra por un exilio voluntario: sus temas y su lenguaje, tanto como su idea de la poesía, se apartan considerablemente de cualquier vanguardia poética escrita por sus contemporáneos. Aunque al margen de las normas impuestas por los movimientos literarios hispanoamericanos, De Greiff siempre estuvo próximo a los problemas que sufría Colombia, fue militante de proyectos de izquierda, adepto con su generación a la revolución cubana, encarcelado por expresar sus ideas políticas y cofundador de dos importantes núcleos literarios de su país (Los Panidas y Los Nuevos). En su poesía, por el contrario, se percibe en él un deseo imperioso de desarraigo, una necesidad constante de partir hacia el extranjero: "Ésta es —Solitario, Exiliado, Evadido, Extranjero— tu torrecilla de marfil, de Enero hasta Diciembre/—con pausas enecientas cada Julio— y hasta el año dos mil."

Esta actitud, en efecto, recorre más de medio siglo de su producción poética. Se trata de la obra de un arquitecto que trabaja paciente y consistentemente un solo edificio. "Su cualidad excelsa —dice Jorge Zalamea— es la del creador de un universo perfectamente identificable en sus paisajes, en su fauna y su astronomía, en sus poblaciones, en sus héroes y en sus beldades; un universo al que podemos penetrar no simbólica sino físicamente."

A pesar de su insistencia en un lenguaje exuberante —poco cercano, por otra parte, al "barroquismo" del que se habla con relación a la literatura hispanoamericana de este siglo—, poblado por igual de arcaísmos y de neologismos, y de que en muchas ocasiones se ahoga en un verdadero pozo de galimatías, León de Greiff no pretende nunca abandonar la posibilidad de comunicarse con sus lectores. Tampoco olvida, a la mitad del camino que lo lleva de la erudición al absurdo, su lengua (léase identidad); lo que hace es estirarla, reinventarla, modificarla (y así modificarse) para abrir las puertas a otro país, quizás el más importante al que viaja: la música. Los títulos de muchos de sus poemas son motivos musicales, y su construcción se acerca con frecuencia a la estructura de obras de cámara. Pocos poetas han llegado como él a extremos tales con el fin de fundir en una misma pieza a la música y a la poesía ("Sólo la música és. La Poesía, la Música son una sola Ella. /Y Ella, cualquier Ella, lo sortílego/si sombra efímera huidera.").

El autoexilio del que se hablaba, además de esta pretendida fusión de la música y la poesía, tienen en León de Greiff fuertes ligas con el humor y, principalmente, con la autoironía. El exilio, según Cioran, conduce sin remedio a la piedad o al sarcasmo. De Greiff ha elegido el segundo: una risa escapa desde el fondo de sus textos, una risa que a la vez que hechiza y atrapa al lector, así lo epata y aleja. Porque este poeta, que habla muchas veces en nombre de la severidad y el rigor, es también un gran escéptico. Y ésta es una de las principales invitaciones que hace al lector: compartir su escepticismo.

Poco antes de morir, la Academia Sueca nominó a León de Greiff para el premio Nobel de literatura. Sus libros, llamados por él Mamotretos, están traducidos a varios idiomas, y sus Obras Completas están publicadas por Ediciones Tercer Mundo (Bogotá). Casa de Las Américas publicó una antología de sus poemas.

La transcripción de esta muestra antológica ha respetado la acentuación y la ortografía originales del autor.



Francisco Hinojosa

 


* León de Greiff publicó "Tergiversaciones", "Libro de signos", "Variaciones alrededor de nada", "Prosa de Gaspar", "Fárrago y Nova el vetera". Falleció en Bogotá en 1976.