Cancioncilla

No toques nada. Déjalo todo en su sitio.
Mira la rosa mirobolante, signo, símbolo, emblema.
Para los ojos nada, ni para los subsentidos.
Sólo la música és. La Poesía, la Música son una sola Ella.
Y Ella, cualquier Ella, lo sortílego
si sombra efímera huidera.

Para los ojos nada. Función es de los ojos
transvasar las imágenes, aprehenderlas, las fija
—para la eternidad— el químico de acordes.
El sólo. El solo.
Fija una vez la imagen aprehendida...
Los ojos y los otros, subsentidos, servidores.
Y Ella..., el mito remoto,
la volandera sombra efímera,
y la traza cinérea y el regusto salobre.

No toques nada: todo en su sitio. Déja...
Mira la rosa mirobolante. Y es la rosa testigo,
si no pretexto apenas y ocasional abrigo
de musical ensueño, si miel para la abeja.

Goza, chúpa la miel... Rosa, hoy conseja,
vive en el verso. Y en el pan muere el trigo.
La rosa fue la amiga del amigo.

Rosa testigo y trigo. Pan comido. Flor vieja.
Son una sola Ella, música, poesía.
No toques nada. Todo en su sitio quede.
Testigo fue la rosa de pétalos resecos.

Breve placer. Breve dolor. Ya Malvasía,
ya cicuta. ¡Oh Retórica que hiede!
Placer, dolor, ayer... Hoy, huecos ecos!

No toques nada. Déjalo todo en su nicho,
déjalo todo en la urna.
Mira la rosa, cualquiera rosa mirobolante.
Nada para los ojos; todo para la caracola resonante.
Sólo la Música és. Y el resto, ocio y capricho,
mentida euforia más que taciturna.
Poesía y la Música son el eterno instante,
y Ella, cualquiera Ella, sombra errante,
función del viento: y lo demás, ya dicho,
mi sola alma nocturna.

No toques nada. Todo en su sitio deja.
Lo que viene y se va, lo que se fue y retorna
con lo que nunca adivino; lo que ya no vendrá.
No sólo el vino cobra calidad si se añeja:
también el corazón el tiempo exorna,
y lo que fue aventura mito se tornará...