Antología de la
poesía
contemporánea
del Japón
(1925-1960)


Selección, presentación y notas de
Atsuko Tanabe

Traducción de Atsuko Tanabe y Sergio Mondragón


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Nota introductoria


1. El modernismo japonés (1925-1960)
 

El modernismo japonés surgió como una manifestación de rebeldía contra la poesía tradicional (tanka, haikú y la poesía surgida a partir de la Época Meidyi —1868—) que ya no funcionaba en su tiempo. Sin embargo, si el modernismo japonés se considerara sinónimo del esprit nouveau francés, tendríamos que buscar su origen en el movimiento surgido en Europa a principios de siglo, y cuyo espíritu fue desarrollado por aquellos 'ismos' tales como cubismo, futurismo, dadaísmo y surrealismo.

En el Japón, el modernismo se manifestó en un movimiento artístico que coincidió con la publicación de la revista Poesía y teoría poética (Shi to shiron) en 1928, aunque esos 'ismos' habían entrado al Japón unos años antes. El futurismo fue introducido por Renkichi Hirado en 1920; también en ese mismo año el dadaísmo llegó al Japón; en 1925 se publicó la antología de la poesía francesa Un rebaño bajo la luna, traducido por Daigaku Horiguchi, donde se incluyeron traducciones de poemas cubistas de Apollinaire. A tales antecedentes se une el surrealismo para florecer como un movimiento modernista japonés en 1928.

El propósito modernista japonés consistió en un rechazo rotundo del lirismo espontáneo que inevitablemente había predominado en la poesía japonesa tradicional.

En el primer número de la revista Poesía y teoría poética, Yukio Haruyama, editor de la misma, decía:

El modernismo (japonés) consiste en la adaptabilidad a las circunstancias. Elegimos la disciplina racional y tratamos de descubrir la selección circunstancial y la adaptación a las circunstancias.

Aunque existan diversas críticas adversas acerca de este movimiento, en resumen podríamos afirmar que el modernismo dejó una huella profunda en posteriores poetas, vivos hasta el presente.

Conforme al cambio político y social que se operó debido a la aparición del ultranacionalismo japonés en la década de los años veinte, los poetas tuvieron que definir su dirección artística: algunos buscaron refugio en su propio mundo estético, otros entraron en la mecánica militarista, y aun otros abandonaron la poesía.



2. La poesía de posguerra (1945-1960)


En 1894 Rubén Darío decía dirigiéndose a los poetas japoneses: "Era vuestro país uno de los últimos refugios de los poetas..."

En 1945 el Japón perdió la guerra; y los poetas japoneses perdieron su refugio, ¿qué pasó con aquéllos que sobrevivieron? Ésta es la pregunta que surge cuando se piensa en los poetas jóvenes que fueron a la guerra, lucharon, perdieron y regresaron a su patria.

La principal corriente de la poesía del periodo 1945-1960 está dolorosamente marcada por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Las consecuencias de la gran guerra ayudaron irónicamente a un florecimiento sin par de la poesía japonesa; es en esa época cuando muchos poetas japoneses por vez primera en su historia tratan de asimilar la realidad histórica a su poesía. Casi todos los poetas que aparecieron en esos años habían iniciado su carrera poética antes y durante la guerra, y habían pertenecido al grupo modernista.

Entre los diversos grupos surgidos a partir de la terminación de la guerra, el que manifestó con más claridad su postura coherente fue el grupo "La Tierra Yerma" (Koochi) formado en 1948, en el que participaron los nacidos entre 1919 y 1923, generación digna de ser llamada lost generation del Japón. Este grupo publicó una revista anual titulada Colección de poemas del grupo. La Tierra Yerma (Koochi-shishuu) a partir de 1951.

En la introducción del primer número publicaron un manifiesto que decía:

Nuestra actualidad nos presenta una tierra yerma. Salvarnos del caos y protestar contra la devastación explican nuestra voluntad rebelde ante este destino, y nuestra militancia con la vida. Si es que aun existe para nosotros futuro alguno, es porque no hemos perdido fe en la vida actual.

Y añadían que seguirían caminando por la tierra yerma "con los ojos abiertos y los oídos afilados para indagar la realidad de nuestra época."

La guerra les mostró los límites del humanismo, les impelió a la pérdida de la visión del mundo moderno materialista, la pérdida de valores éticos y religiosos, y, sobre todo, los hizo reservados hacia la palabra, reserva producida por la destrucción de la tradición y por la crisis de autoridad en que se sumergió el país.

En todo caso los poetas japoneses de esa época lucharon por la reivindicación de la totalidad de la poesía. Algunos cantaron tenazmente el dolor y remordimiento de la guerra, otros expresaron la angustia de vivir en la ruina bajo la ocupación norteamericana, y otros levantaron en sus poemas gritos de protesta contra la bomba atómica.

La poesía japonesa que tradicionalmente siempre había girado alrededor de la naturaleza, cantando a los fenómenos naturales: las plantas, la luna, las nubes, las montañas, los murmullos de los arroyos, los cantos de los pájaros, se enfrentaba ahora a la realidad severa de la época moderna, y de una humanidad en peligro de aniquilación.



Atsuko Tanabe

 


Nota biográfica de los autores
 


Dyunzaburo Nishiwaki fue el primero en introducir el surrealismo al Japón. Nacido en Niigata en 1894, luego de obtener el título de licenciado en economía en la Universidad de Keio, viajó a Inglaterra donde estudió literatura inglesa medieval en la Universidad de Oxford. Durante su estancia en aquel país publicó el libro de poemas Spectrum (1925). A su regreso se hizo profesor de literatura inglesa en Keio. Nishiwaki trató de convertir aquel mundo poético creado por los surrealistas mediante la subconsciencia, en un mundo de belleza poética creado por su propia conciencia y voluntad. Publicó dieciséis libros de poesía. Fue uno de los críticos literarios más importantes del Japón. Falleció en 1988.


Fuyuhiko Kitagawa nació en Shiga en 1900. Se graduó en el Departamento de letras francesas de la Universidad de Tokio. Vivió su adolescencia en Manchuria, antiguo territorio japonés en el continente chino. Participó como miembro de varias revistas de poesía; presentó por primera vez "El manifiesto surrealista" de André Bretón en 1929. Fue uno de los líderes del movimiento Poesía y teoría poética. Después de la guerra editó la revista La Poesía Contemporánea. Publicó al menos siete libros de poesía. Murió el 12 de junio de 1990.


Shiro Murano, nacido en Tokio en 1901, empezó a escribir poemas desde que era estudiante en el Departamento de Economía de la Universidad de Keio. Colaboró en varias revistas literarias y fue editor de la revista de poesía Mugen (Infinitud). Muchos de sus poemas, en forma tácita, expresan una sutil denuncia contra el militarismo japonés. Murió en 1975.


Katsue Kitazono nació en Mié en 1902. Estudió economía en la Universidad Chuuoo; participó activamente en los movimientos vanguardistas de artes plásticas y de teatro. En 1923 publicó su primer poema en una revista. En 1927, junto con Nishiwaki y otros, inicia el movimiento surrealista en el Japón. En 1935 fundó la revista VOU; colaboró en varias revistas extranjeras. La estructura de sus poemas es el resultado de sus tentativas poéticas para una ruptura con la semántica, en que las palabras se tornan primitivas y se convierten en simples signos. Murió en 1978.


El líder del movimiento modernista japonés y editor de la revista Poesía y teoría poética, Yukio Haruyama, nació en Nagoya en 1902. Desarrolló la primera etapa de sus actividades poéticas principalmente en la región de Nagoya, y posteriormente siguió escribiendo en Tokio para varias revistas literarias. Tradujo a Éluard y a Mallarmé. Murió en 1978.


Azuma Kondo fue uno de los miembros más importantes del modernismo japonés. Nacido en Tokio en 1904, estudió leyes en la Universidad de Meidyi. Trabajó varios años en el Ferrocarril Nacional del Japón, donde organizó la Confefederación de Poetas Ferrocarrileros. Los poemas aquí presentados son ejemplo de sus intereses sociales. Murió en 1988.


Iku Takenaka nació en Kobe en 1904. Estudió letras inglesas en la Universidad Kwansei Gakuin. Durante su época estudiantil empezó a publicar sus poemas. Fue miembro de varias revistas; asimismo, fundó y editó la revista de poesía infantil Jirafa en Kobe. Fue uno de los poetas más importantes que participaron en la "revolución poética" en la segunda década de los veinte. Falleció en 1982.


Miyoshi Nagashima nació en Kanagawa en 1917. Después de participar en la edición de algunas revistas, se hizo miembro de la revista VOU. En 1937 se enlistó en el ejército; fue al frente del continente chino, quedó lesionado y regresó al Japón. Después de la guerra se hizo miembro del grupo Futuristas Japoneses. Publicó cuatro libros de poesía.


Sankichi Toogue
nació en Osaka en 1917. Trabajó en publicaciones y como periodista. En 1945 sufrió el bombardeo atómico en Hiroshima. Dirigió la Asociación de Poetas Víctimas de Hiroshima. En 1953 murió de tuberculosis. Tiene publicado un libro de poesía, Poemas de la Bomba Atómica.


Masao Nakaguiri,
nacido en Okayama en 1919, estudió en el Departamento de Arte de la Universidad de Nippon. Editó en Kobe las revistas LUNA y LE BAL que fueron antecedentes de la revista La Tierra Yerma. Trabajó para el periódico Yomiuri. Murió en 1982.


Nobuo Ayukaua nació en Tokio en 1920; estudió letras inglesas en la Universidad de Waseda. A partir de 1937 publicó muchos poemas y ensayos sobre poesía en varias revistas. En 1942 se enlistó en el ejército, dejando sus estudios a medias. En 1944 regresó del frente de Sumatra. Después de la guerra siguió sus actividades poéticas. Fue miembro de la revista La Tierra Yerma. Murió en Tokio en 1986.


Ryuichi Tamura nació en Tokio en 1923. Estudió la carrera de letras en la Universidad de Meidyi. Durante la guerra editó la revista La Tierra Yerma. Publicó varios de sus poemas en la Colección de poemas del grupo la Tierra Yerma, y un aproximado de treinta volúmenes de poesía en su lengua. Fue reconocido con el quincuagésimo cuarto Premio de Poesía de la Academia de Artes de Japón en 1998 y murió de cáncer en agosto de ese año.
 

 

Dyunzaburo Nishimaki



No volverá el viajero



Esperad viajeros de la vida
Antes de humedecer vuestra lengua
en este frágil manantial
reflexionad, viajeros
Vosotros también solos
en el espíritu del agua que corre entre las rocas
Esta agua pensador no corre para siempre
Se detendrá en algún instante de la eternidad
Los arrendajos cantan ruidosamente
De cuando en cuando entre las aguas
surge la irrealidad de alguien llevando flores en la mano
Es un sueño buscar la vida eterna
Ay, en el arroyo de la vida que se va
arrojar mis pensamientos, y por fin
caer desde siempre
hasta desvanecerme; esto anhela mi alma
esto dice en el río el kappa* irreal
que juega en las afueras de los pueblos al surgir del agua
cuando plantas acuáticas alargan sus brazos
bajo la sombra de nubes errantes

* * *

Leves son
la manzana de Cezanne
el vientre de una serpiente
la hora eterna
un plato roto
abandonado en el paraíso perdido

* * *

La camelia
no florece todo el año
los botones blancos en lo más alto de las ramas
son brotes de hojas
las hojas son más bellas que las flores
verdeoscuras con su brillo sólido
silbo en una hoja enrollada
hinchando mis mejillas
su son triste
repercute en mi alma montaraz
Tranquilidad de la montaña de invierno

* * *

Alguien arrojó
joyas
que dieron contra una lira
para convertirse en canciones antiguas

* * *

Amatista
¿Será el fósil del amor?

* * *

Que la filosofía de las ropas
sea la filosofía femenina
los atavíos de las mujeres
son tristes

* * *

Por el agujero hecho en una berenjena
contemplo la luna llena
antiguo rito solitario

* * *

Tristes ciruelas verdes
en un día de verano
Nací en una tierra de ortigas
en sus caminos fantasmales me extravié
junto a un seto florido de ipomeas
pasé por un templo sin campana
caminando con pasos tambaleantes
crucé por un pueblo donde cantaban los alcaudones
en una calle lloviznada descansé
en un pueblecito enhierbado
tomé té con una mujer
sus sentimientos fluían
como el murmullo del agua

* * *

Llegando de un viaje, salir a otro viaje
lo de la tierra, retorna a la tierra
Este jarro, al romperse
se vuelve un trozo de eternidad
El viaje se va llevado por el río
Si extiendo la mano para sacarlo del agua
se transformará en espuma
El sol de otoño se filtra
en mi sombrilla de paja, humedecida por el sueño

* * *

Como una codorniz mi corazón cantaba
al tocar la raíz de lo eterno
en el campo de rosas silvestres
Un villorio con ruidos de Kinuta**
por el que penetraba una vereda de leñadores
En otra aldea de muros blancos demolidos
paré en un templo del camino
observé el Mandala de un tapiz
vagué por la montaña de agotados árboles
crucé el embarcadero
En la superficie del río, reflejos de plantas acuáticas
Más allá un matorral con hierbas y pequeños frutos
Se fue el hombre de ilusión
no volverá el viajero de la eternidad





Hojas de castaño


Una casa en donde crecen guisantes.
Una mujer de ojos rasgados.
Una noche efímera
como los ojos de los peces.
Se oye la voz de Hera

entre el murmullo de las hojas del castaño.
Amaneció
sin que el ruiseñor dejara de cantar.
La sombra se recostó en el mármol
y se volvió una rosa.




* Kappa: animal imaginario en el folclor japonés.
** Kinuta: instrumento de madera para moler plantas fibrosas.


Fuyuhiko Kitagawa



La luna inflamada



Peces

Barcos de guerra

Tubos de hierro

Colina negra rojiza

En el horizonte las venas se inflamaban.





Guerra



¿De qué serviría que me pusieran diamantes en estos ojos
artificiales?
¿De qué serviría que me prendieran condecoraciones en las
costillas musgosas?
Debemos derribar la gigantesca cabeza de la que penden
salchichas
La cabeza gigantesca de donde cuelgan salchichas debe ser
derribada.

¿Cuándo dispersaremos de un soplo sus cenizas como lo
hicieron
con las flores de diente de león sobre la palma de la mano?





Ruinas



Restos de aviones, pintados como una feria
amarillos, grises y verdes.
Es el destino de los monstruos
que chuparon el impuesto que pagamos
con sangre.
El símbolo del sol naciente en pedazos.
Los arrojan como maderos
desde furgones
luego los amontonan en carretas.
Fábrica de fundición cerca del río.
Restos que
luego de ser fundidos
renacerán como ollas y sartenes
para alimentar nuestra vida cotidiana
para empezar de nuevo
una vida llena de sufrimiento.


Shiro Murano


Gimnasia



No poseo amor
No tengo poder
Sólo una pieza envuelta en la camisa,
Me rompo, me construyo
El horizonte llega y me traspasa
Me niego a lo que me rodea
Pero el mundo exterior
queda dispuesto en fila.

Yo, moviendo mis manos suaves
Respiro profundo
Entonces
Una rosa se clava en mi cuerpo.


 

Katsue Kitazono

 


Aguacero



Amigos, Apolo vuelve corriendo del mar
Dejando que el arpa de lluvia reluzca
En la concha se estanca un arrebol



Maleza


Más allá de la maleza, se desliza una nube como mandolina.
Los muchachos imitan sandías en el agua todo el día.



Noche de verano


Cher ami

Comamos melones en el jardín de la villa donde florecen las
onagras.
¡Oh, qué placentero momento de despedida nos espera!
En el instante en que salió la luna por el borde de la
montaña
el mar lució como un disco de música.




FLORES



Acompañada por el ruido de la lluvia
llegaba la fragancia de ciruelas amarillas

Ya el viento enloqueció
la noche avanza

A solas
abrí las páginas de un libro de poesía

Leí los poemas
de un amigo

Añoré campos de violetas, ríos
montañas lejanas

Cansado
agotados mis pensamientos

Fui a un cuarto oscuro
a dormir como el viento




Semiótica


Plato blanco
Flor
Cuchara
Tres de la tarde en primavera
Blanco
Blanco
Rojo

*

Arquitectura prismática
Animal blanco
Espacio

*

Bandera azul
Manzana y dama
Paisaje blanco

*

Flor e instrumento musical
Ventana blanca
Viento

*

Cielo azul
No veo nada
No veo nada
Casa blanca

*

Lejano paisaje blanco
Bandera rosada
Desperación

 


Yukio Haruyama


Álbum



Un perro honrado no ladra
Un pueblo
en medio del follaje de rosas
La gente, mientras transita
abre y cierra las puertas

 

* * *


Es una calle blanca
Es una silla blanca
Es un perfume blanco
Es un gato blanco
Es un cuello blanco
Es un calcetín blanco
Es un cielo blanco
Es una nube blanca
Y parada de cabeza,
mi Kodak
es una señorita blanca

 


Azuma Kondo


Barco de guerra



Escarnecido, alguien ríe.
Una dama vasta... Su vestido de baile elegante y lujoso.

Un barco de guerra gigantesco.
La proa del barco... Escudos. El costado del barco.

La enorme cadera de la dama.
Escarnecido, alguien ríe.



Tarde de otoño temprano


Así pues, yo
caminando por una calle tranquila de muchos templos.
Muros largos, las puertas de los templos alineados
Arboles enormes que sombreaban la calle.
El canto de las cigarras.

Repentinamente, de la puerta de un templo
salió un hombre.
Al tropezar conmigo me miró
con una cara como diciendo "¡Caray, ya me descubrieron!".
Inmediatamente
desapareció en otro templo.
Ese hombre, ¿quién era?
Ese hombre con un descolorido gorro de soldado, camisa
verdeoscura, zapatos militares.

¡Ah, aquí también fantasmas de la guerra!
¡En un callejón olvidado, habitación de otro fantasma de la
guerra!



Bandera nacional


Hijo mío, hoy es un día festivo
¿Por qué izaste una bandera blanca?

Padre, de la bandera del Sol Naciente
sólo expulsaron al rojo.

 


Iku Takenaka


Japón turístico



Vendemos el Fujiyama
Vendemos Miyadyima
Vendemos Nikko
Vendemos todo el Japón
Naruto y Aso
Todo lo vendemos.
Vengan, vengan por favor.
Sabemos frotarnos las manos
y producir sonrisas artificiales.
Mucho, mucho dinero, ¡qué maravilla!
Todos los japoneses compramos car
Todos los japoneses gustamos de los encendedores
Todos los japoneses somos buenos jardineros
Todos los japoneses cantamos boogie-woogie
Todos hacemos caravanas
Todos somos honrados, ¡Sí señor!

 


Miyoshi Nagashimi


Mercado de esclavos



¿Quién fue quien me compró, para empezar?
En el mercado de esclavos azotado por el viento del norte aquel
día, yo
con cadenas en pies y cuello
fui comprado solo
y luego llevado al confín de la tierra
donde ni siquiera florecían las dalias negras
comprado por esos hombres
cantores de cristianos himnos
que gobiernan este vasto mundo civilizado.

Soy un esclavo
y los huesos del esclavo vitalicio
tienen que moverse
como pesadas ruedas oxidadas
en esta alba civilización cristiana.
Sea perro o
buey
puede darle alimento para gallinas.
Era, para mí, una larga
larga ruptura con la humanidad.
Acostumbrada a habitar la tierra tenebrosa
mi cabeza
quedó seca como el trigo.
De noche me acosté en el heno
y conté las estrellas del mundo
una por una.
Eran más dulces que las cañas del azúcar
liberadas del dolor, del vocerío y los látigos de cuero.
Contemplé aquellas estrellitas
remotas piedras frías
hasta que se desvanecieron.
Oh, esclavos
para los hombres amarillos, tan diferentes
esta civilización cristiana
es demasiado cruel para nosotros.
Cuando me desperté
de repente un zapato enorme
pisoteó mi cara como si fuera grava.
"Ya está muerto...
Compra otro".
Oh, amigos, oh cristianos himnos.
Oh, Merry Christmas.
Compra otro esclavo nuevo.

 


Sankichi Toogue


El 6 de agosto



¡Cómo podremos olvidar aquella centella!
En un instante los 30,000 en las calles desaparecieron
En el fondo de las tinieblas, aplastados
los gritos de los 50,000 cesaron.

Cuando el humo huracanado y amarillo se desvaneció
los edificios estaban rajados, los puentes derretidos
los trenes llenos de gente quedaron chamuscados
vasto páramo de escombros Hiroshima.
Con pieles colgando como tiras viejas
con las manos en su pecho
pisando líquido encefálico
vistiendo pedazos de tela quemada en sus caderas
lloraban hombres y mujeres desnudos caminando en procesión.
Cadáveres como budas de piedra, dispersos en el jardín de una
escuela.

La muchedumbre se agolpó en la orilla del río,
luego trepó a las balsas,
y se convirtió en una pila de cadáveres bajo el sol abrasador.
En medio de las llamas que se levantaban en el cielo crepuscular
los barrios donde vivían mi madre y mis hermanos, aplastados
vivos,
fueron cubiertos por el fuego
en un lugar lleno de excrementos
muchachas escolares estaban tiradas;
los vientres hinchados, los ojos arrancados, las cabezas sin pelo,
los cuerpos descuartizados.
El sol matutino alumbró a una masa anónima apiñada.
Nadie se movía.
En el estancamiento del hedor
se oía sólo el zumbido de las moscas.
¡Cómo podremos olvidar aquel silencio
que caía en la ciudad de 300,000 habitantes!
¡Cómo podremos olvidar
aquella plegaria nunca pronunciada por las cuencas blancas y
vacías de nuestras mujeres y nuestros hijos!

 


Masao Nakaguiri


Guerra



Una cabeza de hombre, salpicada de arena.
Un hilo de sangre que se alarga infinitamente.
Metales que se diluyen, ojos que quedan entreabiertos.
Mujeres semidesnudas.
En el extremo del mundo
creí haberlos visto.

Hojas de caucho despedazadas y empapadas.
Corrimos desesperados.
Nos volvíamos locos.
El índice de mi mano se crispó contra mi voluntad
y tu figura desapareció;
quiero decir: te maté.

Un pedazo de plomo que ató mi dedo a tu corazón.
Los dientes menudos, los pies pardos, y todas las cosas
pequeñas.
En el extremo del mundo
creí haberlos visto.
Pero, ¡Peter!
¿Por qué sonríes a quien te mató?
De lejos
llegas fluyendo dulcemente.
Te acercas titubeando, amigo,
No sé si te llamabas Henry
O Robert.
Sin embargo, ¿por qué no me culpas a mí, tu sacrificador?

Por fin, regresamos a la patria
en cuya belleza habíamos creído.
Mis zapatos militares cubiertos de lodo
pisan ahora las calles carcomidas de Tokio.
Pero tú, ¿en dónde estás tosiendo?
¿En dónde estás lamiendo ese queso de sangre?

Amigo, podrás mirar, lo sé,
a este pobre hombre que mató a su amigo
trepando como topo en el rincón del mundo.
Y comprenderás
que es mucho más penoso haber sobrevivido
que estar muerto.

 


Nobuo Ayukawa


Hombre muerte



Por ejemplo, desde
los pasos en la niebla
o en todas las escaleras
surge la imagen opaca de un testamentario.
... Es el comienzo de todo...
Ayer lejano...
sentados en una cantina oscura
no sabíamos qué hacer con nuestras caras torcidas
mirando el sobre de una carta
"¿No habrá sombra ni forma?"
...Ya que fracasamos en morirnos, así estaban las cosas.

Amigo, el cielo helado de ayer
permanece en el filo de la navaja.
Sin embargo, he olvidado dónde y cuándo
te perdí.
Fue una época de oro, tan efímera...
jugábamos a ser dioses, a trastocar signos
murmurando:
"Ésta es nuestra antigua receta".

Siempre era otoño, ayer y hoy
"En la tristeza llueven hojas muertas"
Esa voz, entre las sombras de la gente o en las calles
ha seguido su camino de plomo negro.

El día del funeral no había palabras ni
asistentes.
No había lugar para la ira, ni para la tristeza, ni tampoco
quejas débiles.
Alzando la mirada al cielo
permanecías acostado tranquilo
con los pies metidos en tus pesados zapatos.
"Adiós, no vale la pena creer en el sol ni en el mar".
Amigo que duermes bajo la tierra,
¿Aun duele la herida de tu pecho?

 


Ryuichi Tamura


Cuatro mil días y noches



Para que nazca un verso
debemos matar
muchas cosas,
debemos acribillar, asesinar y envenenar
a nuestros seres amados.

Ved,
en el cielo de los cuatro mil días y noches,
por tanto codiciar la lengua trémula de un pájaro,
hemos matado a tiros
lo silente de las cuatro mil noches y el resplandor
de los cuatro mil días.

Escuchad,
en todas las ciudades lluviosas y en los hornos de fusión,
en todos los puertos y las minas en estío,
por arrancarle lágrimas a un solo niño hambriento,
hemos asesinado
el amor de los cuatro mil días
y la misericordia de las cuatro
mil noches.

Grabad en vuestra memoria
tan solo por codiciar el miedo de un perro callejero
con ojos capaces de ver lo que no vemos,
con oídos capaces de oír lo que no oímos,
hemos envenenado
la imaginación de las cuatro mil noches
y el recuerdo frío de los cuatro mil días.

Para engendrar un solo verso
debemos matar a nuestros seres queridos.
Es el único camino para resucitar a los muertos.
Habrá que seguir este camino.



Mezcalero



Ora duérmase, mañana vengo.
En la puerta el MEZCALERO todavía parece dudar. Se decide:

 

MEZCALERO:


Buenas noches.

Y sale precipitadamente.
ESCENA 60.— (Plano medio.)

BENITA queda pensativa pasándose el bocado a medias

mientras escucha (off) los cascos del caballo alejándose.

CORTE:




Emperador


Hay ojos en una piedra, ojos enclaustrados en la melancolía
y el tedio.

El hombre pasa frente a mi ventana, vestido con negros
atavíos.
Emperador de invierno. Mi emperador solitario caminando hasta un camposanto europeo con la sombra de la civilización en su frente blanca como de cera. Bañada su espalda por el sol, es doloroso verlo autoflagelarse.

¡Dadme una flor!

Usted extiende sus manos. El invierno en el mundo está a punto de empezar, después de años de razones y progreso. La belleza occidental no es otra cosa que ilusión; ¿quién besaría sus palmas? ¿Habrá aun tierra fértil en esas manos devastadas por un destino de color del milano?

¡Dadme una flor, una herida como una flor!