Ryuichi Tamura


Cuatro mil días y noches



Para que nazca un verso
debemos matar
muchas cosas,
debemos acribillar, asesinar y envenenar
a nuestros seres amados.

Ved,
en el cielo de los cuatro mil días y noches,
por tanto codiciar la lengua trémula de un pájaro,
hemos matado a tiros
lo silente de las cuatro mil noches y el resplandor
de los cuatro mil días.

Escuchad,
en todas las ciudades lluviosas y en los hornos de fusión,
en todos los puertos y las minas en estío,
por arrancarle lágrimas a un solo niño hambriento,
hemos asesinado
el amor de los cuatro mil días
y la misericordia de las cuatro
mil noches.

Grabad en vuestra memoria
tan solo por codiciar el miedo de un perro callejero
con ojos capaces de ver lo que no vemos,
con oídos capaces de oír lo que no oímos,
hemos envenenado
la imaginación de las cuatro mil noches
y el recuerdo frío de los cuatro mil días.

Para engendrar un solo verso
debemos matar a nuestros seres queridos.
Es el único camino para resucitar a los muertos.
Habrá que seguir este camino.



Mezcalero



Ora duérmase, mañana vengo.
En la puerta el MEZCALERO todavía parece dudar. Se decide:

 

MEZCALERO:


Buenas noches.

Y sale precipitadamente.
ESCENA 60.— (Plano medio.)

BENITA queda pensativa pasándose el bocado a medias

mientras escucha (off) los cascos del caballo alejándose.

CORTE:




Emperador


Hay ojos en una piedra, ojos enclaustrados en la melancolía
y el tedio.

El hombre pasa frente a mi ventana, vestido con negros
atavíos.
Emperador de invierno. Mi emperador solitario caminando hasta un camposanto europeo con la sombra de la civilización en su frente blanca como de cera. Bañada su espalda por el sol, es doloroso verlo autoflagelarse.

¡Dadme una flor!

Usted extiende sus manos. El invierno en el mundo está a punto de empezar, después de años de razones y progreso. La belleza occidental no es otra cosa que ilusión; ¿quién besaría sus palmas? ¿Habrá aun tierra fértil en esas manos devastadas por un destino de color del milano?

¡Dadme una flor, una herida como una flor!