f

Nota introductoria
 


Dudo y persisto en la búsqueda
de un cordel pendiente del aire


Siempre hay, en la obra de un poeta, poemas que mejor definen sus dudas, sus intereses; que mejor definen, en suma, al poeta. "El Pontífice" es, creo, un poema con estas características. Poema personal, íntimo, usa el título como un espejo, que a su vez se ve reflejado en el espejo fijo del destino. La duda, el pontífice, el destino; son los tres planos en los que se mueve el poema. El poeta es, entonces, el que predice, el que sabe, el que duda. O al revés: el que duda, el que por dudar sabe, el que por saber puede decir, puede predecir. "Vivo en el descalabro", comienza este poema, y Gutiérrez Vega es un poeta que antes que nada, duda, y dudar es para él aventarse al vacío, a la conciencia del dolor y a la imposibilidad de la certeza. Así, antes de descalabrarse, decide hacerlo. Podría decir también: vivo por el descalabro, porque, como dice en otro poema, no es la luz, sino un fantasma de ella, un fantasma reconocido, un fantasma sabido lo que lo hace continuar, lo que lo hace, luego del naufragio, desplegar las velas, las más altas, y zarpar, "esperando un naufragio más profundo". Poeta consciente, poeta amargo por lo tanto, sus bromas son a veces más duras, más desoladoras que sus quejas y su poesía, como el amor, lleva esa almendra amarga del que acepta el destino, del que lo conoce y acepta, del que, a fin de cuentas, lo inventa. Porque la poesía es esa creación desengañada, esa ficción aceptada y asumida, y los mejores poemas de Gutiérrez Vega son aquellos que, aceptando el engaño, lanzan sus velas para que el desastre, para que el naufragio, sean mayores. Dudar es, en cierto modo, desencantarse. Pero el desencanto, a veces, es también aceptar que lo único posible es volver a dudar, volver a desencantarse. No esa realidad, sino ese movimiento, esa posibilidad, ese ser posible de las cosas es la poesía de Gutiérrez Vega. Poemas como "El Pontífice", o como "Variaciones sobre una Mujtathth de Al-Sharif Al-Radi", o "Golfo de California", son ese movimiento de la nueva duda, de la que nace después del desencanto, de la que hace posible el poema, y la vida de nuevo. Son ese "aguijón de un mar cansado" que "clava sus espuelas en el costado del vacío", que hace que el poeta asuma su destino, acepte la tragedia de la imposibilidad de salvarse y, paradójicamente, en este asumir la tragedia que es vivir en duda, encuentre una nueva posibilidad, una duda continua que lo destruye y lo crea, que lo deshace y rehace continuamente, trágica y dolorosamente:


Tal vez esta búsqueda y la certeza del engaño sean una oscura forma de la gracia.



Pedro Serrano