El juicio


Esta carta aparece al lado del espejo.
Se reflejan los símbolos usuales
y una guirnalda rota
se enrosca en las paredes.
"No soy el primer hombre que va a morir",
y sin embargo sobrecoge
este fracaso natural.
Hay que cubrir el papel
con la dignidad de un cómico viejo,
hacer el mutis sin aspavientos
para no robarnos la escena;
pedir que no nos sobrevenga
el sentimiento de dejar huérfano al mundo;
evitar las declaraciones finales,
los testamentos sacros,
la efusión de moralina
y la escena de "la muerte del justo".
Irse como todos los seres humildes
y pequeños de la naturaleza:
los perros callejeros,
las flores silvestres
y los elegantes paquidermos
que se ocultan en el bosque.
Tal vez una mueca ante el dolor;
todo debe recordar al cine mudo
y homenajear en silencio
a Buster Keaton.