El emperador



Disciplinar al corazón,
impedirle inclinarse
hacia los desvaríos,
dejar que un ritmo estricto
ordene su camino.
La magia le hace daño
y lo corrompen
los sortilegios de la primavera.
Fue hecho para alentar el cuerpo
por un tiempo fijado
y son inadmisibles los eventos
que vengan a romper
este orden duro por lo inexplicable,
esta regla trivial que nos indica
llegar hasta la esquela,
a la nota luctuosa
y las coronas.
Acepto todo;
me conformo con mi puesto en la hierba
y respeto la ley,
mas no la cumplo.
Me escapo sin parar.
Hoy por ejemplo,
a pesar del invierno
abrí los ojos
bajo el sol de Gredos,
y por unos instantes
supe que quienes andan por la calle
—tú, yo y tú, "lector hipócrita"—
éramos inmortales,
que el dolor nunca ha sido
y que no es necesaria
la esperanza.

 

de Tarot de valverde de la vera