El lamento de Paddington
(fragmento)


2

La Madame Sosostris de Eliot
echa las cartas en Paddington;
me entrega un esqueleto.
Qué buena suerte,
un esqueleto con corona imperial
en este crepúsculo vegetal de Paddington.

Mañana empezaré a dejarme el bigote,
visitaré los pubs
y hablaré en voz muy alta.
Madame Sosostris me dice
que aún puedo beber muchas tazas de té.

Mi cuarto de hotel bajo la lluvia de semanas,
mis zapatos, mi abrigo, todo lo que es mío,
todo lo que soy yo,
mi colección de máscaras para mirar la vida
o para que la vida me mire a mí.
Los poemas que escribo, este contar las sílabas,
la pobre artesanía con que hago mis palabras;
todo se agita bajo la corona imperial.

Si pudiera robar esta carta
la pondría sobre mi cama de hotel
y le diría a la vieja camarera española
que es un recuerdo de familia,
un escudo nobiliario,
una máscara definitiva;
la máscara del día
en que a pesar del silencio en que caeremos,
no lograremos descubrir nuestros rostros.
Estoy seguro de que ella reirá
y me dirá que el café con leche se está enfriando.

de Resistencia de particulares