Flores y estrellas

 

Y era aquella una noche de las noches más bellas.
El Silencio, sobre una blanda quietud de mar,
Inclinando su frente coronada de estrellas,
Allá en el horizonte se puso a meditar.

Cual de una negra tierra que en claros lirios brota,
Iban saliendo estrellas de su meditación,
Cuyo ritmo animaba sobre la mar remota,
Largas cuerdas azules en su palpitación.

Y el Silencio crecía; y a veces, de su calma,
Cual se desprende el pétalo de un lánguido jazmín,
En una lenta lágrima de luz se le iba el alma,
Y era una estrella errante caída en el confín.

El trémulo universo, saliendo de sí mismo
En flores y en estrellas manifestó su ser.
Los ojos del Silencio, graves sobre el abismo,
Contemplaban al cielo y al mundo florecer.

La tierra perfumaba como un callado huerto,
Balbucía la noche quejumbres del laúd.
Nada más que azucenas en el mundo desierto.
Y nada más que estrellas temblando en la quietud.

Ah, por cierto, el amor no es cosa grata;
Antes ridiculiza e importuna,
Y exprime en llanto cruel lo que no mata.

Pero también, por singular fortuna,
Te comunicará en noche bendita
El dulce bien de descubrir la luna.

Y el poético ingenio de la cita.
Y la sublime ciencia del destino
En el librito de la margarita.

Y para hacer más fácil tu camino,
Flauta sentimental te dará el viento,
Cuerda clara el arroyo cristalino.

Al sol primaveral de tu contento,
Verás bueno el vivir; toda vileza
Será injusta a tu claro entendimiento.

Y te revelará en genial certeza,
Su ley de bienandanza y de mesura
La generosidad de la belleza.

Así acendrada la verdad segura,
Tus potencias exalta y perfecciona
Con fiera desnudez de llama pura.

Nueva filosofía en ti razona.
Cuál fue la dulce intriga de Galeoto,
Y cómo el ruiseñor canta en Verona.

En la paz del crepúsculo remoto,
Tu corazón, como las azucenas,
Toma un noble interés de vaso roto.

Descubre en la vid de tus faenas,
Como cuando en un cuento hay dos hermanas,
Que las uvas son rubias y morenas.

Perlas de amor te lloran las fontanas,
Y qué cosa más fácil que una estrella
Cuando están junto al cielo las ventanas.

Si con tal plenitud tu vida es bella,
Es porque ella está en todo lo que amas,
Y porque todo se embellece en ella.

En el grave murmullo de las ramas
Se inquietan tus suspiros. Los rosales
Parece que se atizan con tus llamas.

En tu embriaguez de lánguidos panales
De tu ósculo profundo haciendo copa,
Se embeben las palomas conyugales.

Con sus deseos por piafante tropa,
De toda rienda el corazón se libra,
Y el gozo audaz del potro en él galopa.

El valor de león templa tu fibra
Como un vino mordaz, y un hondo anhelo
De alas que cubren en tus flancos vibra.

Con el vigor del árbol paralelo
Que en la luz y en el polvo profundiza,
La savia terrenal te eleva al cielo.

Así entrega tu ser leña maciza
Al fuego juvenil, y a la edad yerta
Suave aroma en la flor de tu ceniza.

Y al fraternal dolor siempre despierta,
En la fiel simpatía de tu llanto
Su sal y su agua la piedad oferta.

Alza conmigo tu sincero canto,
Y él te arrobe en perpetua melodía,
Porque fuiste capaz de querer tanto
Y de seguir queriendo todavía.