En lo alto de la ciudad
 


Anuncios amarillos de cerveza sobre barras de roble,
"Lo he visto todo" — el cantinero dándome el cambio
de $10,
Lo miré con ojos amistosos a través de una barba
obviamente Adámica —
con músicos de Montana sin hogar en Manhattan,
adolescentes
de pelo rizado también — nos sentamos en el puesto de
antigüedades & platicamos,
del salón de Madame Grady, un extraño valor en Nueva
York —
"Si por mí hubiera sido les hubiera cortado el pelo y los
hubiera mandado a Viet Nam" —
"Bendito sea" le contesté a un delgado ciudadano con
sombrero que corría hacia la puerta del bar
sobre la calle oscura y mojada de Ámsterdam décadas más
tarde —
"Y si esto no hubiera sido posible les hubiera cortado el
cuello" gruñó al despedirse,
y "Bendito sea señor" agregué mientras salía hacia su
destino en la lluvia, el puntilloso Irlandés.

 

Abril, 1966