XI
 

Marinerito del huerto

 

Con viento de proa en el alma y salmuera en los labios
con traje de marinero y sandalias rojas
sube escalones para entrar en las nubes
y camina sobre las algas marinas del cielo.
La aurora silba dentro de su caracola
una proa se acerca haciendo espuma
¡Ángeles eleven los remos
para anclar aquí a la Evangelista!

Abajo en la tierra ¡cómo se enorgullece el dueño del
huerto
cuando voltea su despeinada cabeza sin brillantina!
Las esclusas se vacían
y la Evangelista entra
desnuda goteando espumas con estrellas en la frente
con perfume de clavo de olor en la cabellera suelta
y un cangrejo que aún se tambalea sobre su hombro
bronceado.

Madrina de mis blancos pájaros
sirena Evangelista mía.
Qué claveles celestes arrojan como balas
tus cañones en el malecón
cuántas flotas de conchas hunden tus disparos
y cómo flexionas las palmeras
cuando el viento austral enloquece
y arrastra la arena y los guijarros.

Pasean las esperanzas en los ojos de la Evangelista
en barcas de huesos putrefactos
en los tres delfines que bailotean
detrás de ella ondean las llameantes banderas.

Ah con qué violines con qué nochebuenas
clavaría un deseo de piedad dentro de tu pecho
para que fijaras otro destino para mí
no soporto la tierra firme
no me retienen los naranjos amargos
permíteme ir al mar abierto con tambores y campanas.

Rápido virgen mía rápido
ya escucho la ronca voz desde lo alto de las tapias
golpea golpea en las broncíneas cerraduras
golpea golpea y se hace hombre
brillan como soles sus adornos de plata
ah y da órdenes —¿no escuchas?—
ah y da órdenes: la Bubulina.3

Y la virgen se alegra la virgen sonríe
el mar fluye hacia lo profundo
¡cuánto se le asemeja!
Sí querido cabezadura
sí marinerito del huerto
en tus sueños esperan los tres mástiles.

Ahora con la estera enrollada y con sandalias rojas
con una navaja en la mano
va el marinerito del huerto
corta las amarillas sogas
desgasta las blancas nubes
la aurora silba dentro de su caracola
enciende pólvora en los sueños
y esplendorosa va por las algas del cielo.




3La Bubulina fue una mujer, originaria de la isla de Hidra, que se convirtió en heroína de la guerra de Independencia (1821-1829), al ceder su fortuna para sufragar parte de los gastos de la flota griega que combatía contra los turcos y por nombrarse capitana de uno de los barcos.