XIV
 

Caminamos por los campos todo el día
con las mujeres los soles y nuestros perros
jugamos cantamos bebimos agua fresca
conforme brotaba de los siglos.

En la tarde nos sentamos un momento
y nos miramos profundamente a los ojos
una mariposa voló a nuestros pechos
era más blanca
que la pequeña y blanca rama de la punta de nuestros
sueños
sabíamos que no habría de apagarse jamás
y que no recordaba en absoluto cuántos gusanitos
arrastraba.

En la noche encendimos fuego
y cantábamos dando vueltas alrededor:

Fuego hermoso fuego no te entristezcas por la leña
Fuego hermoso fuego no te conviertas en ceniza
Fuego hermoso fuego quémanos
adivina nuestro destino.

Nosotros adivinamos el destino y lo tomamos de la mano
miramos sus ojos que nos devuelven la mirada
y si eso es lo que nos embriaga lo consideramos un imán
y si eso es lo que nos duele lo hemos soportado como un
mal
nosotros adivinamos el destino y seguimos adelante
y saludamos a sus pájaros que emigran.

Somos de un buen linaje.