XV
 

Derrama luz en el aceite
y luz en el pecho
la palestra del alma no es un pacífico rincón
la suerte adquiere la extraña apariencia de maga del sol
baila para la primavera
y el vértigo de mayo en el embravecido mar de camomilas
rasga el tiempo abre totalmente las hojas del encinar
tanto que el corazón del que implora se le oprime
sus rosas lanzan espinas a los hastiados
sus rosas huelen a eternidad
sus rosas se esconden en los nervios
sangre honesta que clama venganza.

Derrama luz en el aceite
horada la densa nube preñada
donde se estremece el repiquetear de la lluvia
el almendro lavado se abre resplandeciente
los niños se derraman por los campos
sus voces ya no son retazos
son polícromas velas donde el águila eleve su victoria.