VII

Violeta

 

Como féretro que avanza mientras secretamente el muerto
deja un riachuelo de violetas tras de sí
el Ática le susurra buenas noches.

Como jardinero que sufre agachado
entre los alambres y las piedras agudas
pero no escucha la queja de la flor del naranjo.

Cuando atavía al viento y hace señas con la vegetación
más allá del resplandor de las montañas flotantes
y del suspiro del viticultor se espantan las nubes…

La tierra reúne en torno sus galaxias de árboles
y en sus entrañas engendra un lago de agua.

La tierra prepara sus sábanas:
siemprevivas más tiernas que los botoncitos de los
ángeles
bulbos más fáciles de contar que las sombras del cielo.

El trigo lanzado al viento brilla solitario en las alturas
las malvas se visten y se colocan en las tumbas como cirios
silba un barco lejano que se pierde.

Un techo tranquilo con su chimenea
con tres hilos de humo canta al viento de la tarde
un murciélago se enreda en la cabellera del poniente.