V

 

Apenas brote inapreciado y ya amenaza a la abeja
el viento encuentra un compañero de follaje ondeante
la tierra firme flota oscilante
en la espuma de las hojas las zarzamoras despliegan
las velas
la última travesía se parece a la primera.

Oh que se rompan las piedras y se doblen los hierros
iracundos
que llegue la espuma hasta el corazón nublando los fieros
ojos
que el recuerdo se convierta en una ramita de yerbabuena
inmarcesible
y que anclen los vientos festivos en su raíz.
Que ahí bajemos la frente
que estén cerca nuestras cosas resplandecientes
en la primera generosidad del anhelo
que esté alabando cada lengua la bondad del día
que el palpitar de la tierra esté resonando cada día
dentro de las venas.