Misterial de gozo

 

La soledad es mundo que germina,
el agua es una estrella solitaria,
y una perla en su nido, no disuelta,
ejerce imperios dulces y lejanos.

Por eso me detengo, Ave María,
como la noche ciega se prolonga
hasta que puede precisar la vaga
fisonomía de su amor redondo.

Mi amor es un puñado de gaviotas,
siervas de Dios y vírgenes falaces,
de inaccesibles rocas desgajándose,
que vienen a lamer mares airosos.

Hay tanto que nos une y nos disuelve
y tanto que nos llama retirándose,
que sentarse a la sombra de la dicha
es resignarse a mínimas entregas.

Hay una playa de uniformes lirios,
un mar muy lejos de serenas músicas,
unos pies nunca vistos, y un velero
que deja sangre de paloma herida.