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Terrible, poderosa,
como el agua dinámica.
El agua que despierta
de sus sueños de hada
y repentinamente
su timbre de voz cambia.

Eres Tú la tormenta
de Dios y la borrasca.

El rayo de los cielos
en un cabello arrancas.

Al abismo se arrojan
los vientos en manada.

Tocas el hondo piélago,
y sus nervios estallan.

Naufraga la galera
herética y pirata.

De superiores diques
inclinas la balanza.

Endurecidos montes
su corazón ablandan.

Tus cuentas de granizo
flagelan sus espaldas.

Se doblegan los pinos
de testas coronadas.

En sesión borrascosa
aprueban tu palabra.

Las furias del torrente
desbordan de su jaula.

Y cuando pacificas
la destructora máquina,
al fondo de los cielos,
como la luna impávida,
te sigue con estrellas
la noche a tus espaldas.

 

(De Cristo y María)