Y en pos de ti

 

Inescrutable y puro,
por hallarte de veras,
¡oh Señor! ando en busca
de tus afinidades.

De no verte se sigue,
oh Señor, no buscarte;
me supongo a tu sombra
sin más indagaciones.

Ese valle da paños
verdes que pisan simples
animales, nacidos
en ello. ¿No eras Tú?

Esa voz deslizada
que pregona entre orillas
una finalidad
sonriente. ¿No eras Tú?

En los campos. Empero,
en las ciudades, hechas
de puro afán caduco
y llanto. ¿No eras Tú?

Allí donde agoniza
en un vaso funesto
la formalidad última
de la flor. ¿No eras Tú?

Donde apenas se salve
la esencia de tu rostro,
la noción de tu risa
delicada… Te busco.