Ifigenia fue arrebatada
de la zarza ardiente

 

Verte para quererte
es a poder quererte sin mirarte,
como poder hallarte
quebrada en los espejos de la muerte.

Callar y bendecirte

es a tender un puente de llorarte,
como saber fijarte
en las orillas diáfanas de huirte.

Cantar y disolverte
es a romper el hilo de alargarte,
como erguirte, afinarte
en sus violines áridos la muerte.

Por eso vengo a verte
entre los laberintos de olvidarte,
de todo despojarte,
menos de la delicia de perderte.

Pensar que has de morirte,
tras de mi pensamiento eternizarte,
arder, no consumirte,
siempre que yo no muera de pensarte.