Equiflujo


"...en el insomne olivo de Nizán"

I

Este dolor no es mío.
Remotamente, como
crepuscular navío.

Me llega de un oriente
calizo de trasmundos
a la hora presente.

En mi duna se esconde
y en mi dolor se acuna.
Dolor ¿de quién y dónde?

Carga oliente de ruinas
esenciales de musgos
y enmigrantes morfinas.

Grano a grano en la boca
destilada laceria
que respiro y sofoca.

Dolor tuyo, no mío,
que no es, sino fue:
hoy errante navío.

II

Brocal, si alguna vez estuvo Él,
gustando a sorbos lentos la quietud,
e izada el asta del silencio, di:

Si de los bordes de tu vaso pétreo,
entonces Él, tal como ahora yo,
desligó sus miradas a tu fondo.

En donde las estrellas fidedignas,
hiriente el frío de la irrealidad,
mienten reos de azules calabozos.

Si desdobló su imagen y se vio,
cielo abajo imprevisto,
aherrojado en túmidos infiernos.

Y sorprendió sus ojos en el agua,
¡oh contracielos hipostáticos!
y el agua de sus ojos a sus ojos.

En su ser de unidad, descuartizado
y hecha añicos su clara hegemonía
como afinado vaso de cristal.

Y halló su nuevo género de muerte,
asido de tu cruz desde lo alto,
la nueva hiel de su visión amarga.

Si entonces Él, tal como ahora yo.
Si esta muerte que bordo en el vacío,
mientras la flor del agua tensa ríe…

 

(De Quadragenario y segunda pasión)