Nota introductoria

 

En octubre de 1980, cuando llegó la noticia sobre el Premio Nobel de Literatura, los estudiantes de Cracovia repartían una fotografía en blanco y negro, tamaño tarjeta postal: la cara de un hombre en la penumbra, con los ojos profundos e insistentes, el pelo todavía abundante encima de la frente con arrugas y con entradas, las cejas espesas y un poco frun­cidas, con la boca casi apretada. La cara de un hombre con el chaleco de cuero y la camisa a cuadros, sin corbata.

La cara y el nombre de Czeslaw Milosz eran desconocidos no sólo para la generación de los jóvenes estudiantes; no aparecían desde hacía treinta años en las revistas literarias de Polonia. Sus libros no existían en las bibliotecas. Era un poeta desconocido.

Czeslaw Milosz es el tercer escritor polaco (después de Henryk Sienkiewicz, en 1905 y Wladyslaw Reymont, en 1924) galardonado con el Premio Nobel.*

Czeslaw Milosz nació el 30 de junio de 1911 en Szetejnie, cerca de Vilna, en Lituania.**

Tres años más tarde estalló la primera guerra mundial al final de la cual, en noviembre de 1918, Polonia recobró la independencia, después de estar repartida entre Rusia, Prusia y Austria desde 1795, es decir, durante 123 años.

Frente a la amenaza a la esencia misma del ser nacional, la literatura polaca del siglo XIX cumplía el papel de nobles y necesarios lazos de unión entre las partes anexadas por los tres imperios, servía como medio "para confortar los corazones" después de tantos levantamientos y daba esperanzas a los que sufrían a causa de la germanización o la rusificación. Surgió una gran poesía romántica (Adam Mickiewicz, Juliusz Slowacki, Zygmunt Krasinski, Cyprian Norwid) como para confirmar lo que dijo Norwid en un epigrama:

Ni escudo ni armadura protegen la lengua
Sino obras maestras.

La primera generación de los escritores polacos después de 1918 intenta ponerse al día, alcanzar la literatura europea, ver lo que hace París, ya que durante siglos —quizá desde el Renacimiento cuando Jan Kochanowski, gran poeta latino y polaco, escribió desde París, en 1559: "Ronsardum vidi" (he visto a Ronsard)— París siempre fue considerada la capital del mundo.

Sin embargo, las novedades llegaron no de París, sino de Madrid. Las trajo Tadeusz Peiper, fundador de la llamada "primera vanguardia", quien desde 1922 en la revista Zwrotnica (Aguja) publicaba sus nuevas propuestas, reunidas más tarde en el libro Nueva boca (1925). El fundamento de las teorías de Peiper es la oposición entre la cultura y la naturaleza. Proclamaba el alejamiento cada vez mayor de la naturaleza y una nueva sensibilidad como resultado del desarrollo técnico. De aquí el lema de las "3 M" (miasto, masa, maszyna-ciudad, masa, máquina) como de los componentes más visibles de la modernidad y la creatividad; de aquí también el título ferroviario de la revista: Aguja. En la teoría poética esta visión se traduce como antisentimentalismo, condensación, lenguaje metafórico.

No es difícil descifrar en el fondo las influencias del futurismo, del ultraísmo y en especial del creacionismo de Vicente Huidobro. En su revista Peiper publicó también traducciones de los ultraístas españoles e hispanoamericanos, entre ellos Borges.

Diez años más tarde se formó en Vilna el grupo poético "Zagary" (Antorchas) que editaba la revista bajo el mismo nombre (1931). Pertenecían a este grupo los poetas Jerzy Zagórski, Aleksander Rymkiewicz, Teodor Bujnicki, Czeslaw Milosz, entre otros. Se conocen también con el nombre de "la segunda vanguardia".

Czeslaw Milosz estudió en la facultad de derecho en la Universidad de Vilna donde se licenció en 1934. En la revista universitaria Alma Mater Vilnensis publicó en 1930 sus primeros poemas. Al publicarse en 1933 su libro Poema sobre el tiempo congelado recibió el premio de poesía de la Academia de Literatura Polaca que consistió en una beca para estudiar en París durante el año 1934-1935. Gracias a esa estancia en París, conoce más profundamente al poeta francés Oscar Milosz quien influyó en su formación intelectual. "Tuve la fortuna de ser tratado como un hijo por mi pariente Oscar Milosz, parisino retirado y visionario", dijo Czeslaw Milosz en su discurso en Estocolmo, al recibir el Premio Nobel en 1980.

Tres inviernos (1936) fue reconocido por la crítica literaria como el libro más representativo del "catastrofismo" que era una rebelión contra la guerra que los catastrofistas ya veían acercarse en 1934, contra la subordinación total del hombre a la idea y en defensa de los valores individuales. La visión del mundo después de 1930 ya no era tan optimista como lo querían ver los primeros vanguardistas. Las "3 M" perdieron su brillo y se volvieron una realidad que puede llevar al cataclismo y a la destrucción de los valores comunes. La historia para Milosz y para los demás catastrofistas se vuelve confusa y amenazadora.

Las ideas catastrofistas no eran invención de los poetas de Vilna. Ellos sólo expresaron en una forma poética lo que mucho antes ya inquietaba a Stanislaw Ignacy Witkiewicz, y también a Oscar Milosz.

En esta nueva situación, el papel del poeta era un papel profético, aunque no en el sentido de un vate romántico sino más bien de acuerdo con el sentido que tenía esta palabra entre los griegos donde "prophetes" era un sacerdote que ordenaba y explicaba las palabras de los oráculos. A los poetas les tocó descifrar lo oscuro, buscar las palabras claras entre lo confuso, construir códigos de nuevas leyes, establecer lo que uno debe o no debe.

En 1936 Milosz es obligado a abandonar Vilna, considerado por las autoridades como izquierdista, se trasladó a Varsovia donde empezó a trabajar en la radio. Durante la ocupación nazi, Milosz estaba en el movimiento literario de resistencia. En 1942 editó la antología de la poesía antifascista El canto independiente, tradujo un ensayo en contra de la colaboración con el fascismo, A travers le desastre de Jacques Maritain, publicado en la prensa de resistencia. En 1945 salió La salvación, el primero y el único libro de Milosz publicado en Polonia Popular, hasta 1980.

En su Historia de literatura polaca, escrita, o más bien, dictada en inglés a los estudiantes de la Universidad de California en Berkeley, Milosz habla sobre el quehacer del poeta durante la guerra:

Los poetas formados antes de la guerra, que sobrevivieron a la ocupación nazi, pasaron la prueba que fue un reto al principio mismo de su obra poética. La poesía está arraigada en efecto en la tradición humanista y se vuelve indefensa ante un salvajismo generalizado. El acto de conocimiento del poema es un acto de fe; si el aullido de los torturados se oye en el cuarto del poeta, ¿su actividad no ofende al sufrimiento humano? Y si la hora siguiente puede traer su muerte y la destrucción del manuscrito, ¿debe el poeta dedicarse a tal diversión? El esfuerzo casi inhumano para contestar estas preguntas, luchando al mismo tiempo con la desesperación, es visible en los libros editados en los años 1944-1945.

La salvación es un nuevo enfoque de la tragedia histórica. La poesía es un trabajo sobre la conciencia de uno mismo y del mundo, y también "…el respeto y la gratitud por ciertas cosas que protegen a la gente de la desintegración interior y de condescender a la tiranía" —como lo dijo en el discurso de Estocolmo.

En la última parte de la Historia de literatura polaca, Milosz habla de los poetas de "Zagary" y también de sí mismo. He aquí lo que dice:

...Milosz abandonó Polonia en 1951, vivió en París casi diez años como un escritor independiente y en 1960 se trasladó a Estados Unidos donde da clases de literatura polaca en la universidad de Berkeley, en California. Él mismo se consideraba siempre ante todo poeta, aunque escribió también libros en prosa de los cuales algunos han sido traducidos a muchas lenguas. El pensamiento cautivo (1953) es un análisis de las acrobacias mentales que tuvieron que ejercer los intelectuales de Europa oriental para poder aceptar los dogmas stalinistas. Este libro apareció unos años antes de semejantes acusaciones en Polonia, pero ha sido atacado en las revistas de la emigración por su presunto matiz hegeliano y marxista. El valle del Issa (1955) es una novela cercana a la esencia misma de la poesía de Milosz. La llamaron "pagana" por su asombro infantil frente al mundo, pero este cuento sobre la infancia en Lituania con sus sencillos cuadros de la naturaleza puede confundir al lector, ya que en el fondo está escondida una visión maniquea. Otra Europa (1959) es la autobiografía de un europeo del este desde su natal Lituania, a través de Rusia, Polonia y Francia. […] En Polonia fue un autor estrictamente prohibido desde 1951 hasta 1956, elogiado en los años 1956-1958, y de nuevo prohibido en el periodo de 1958-1966. A pesar de estas fluctuaciones, sus profundos lazos con la comunidad de los escritores polacos nunca han sido rotos.

La obra de Milosz, como lo declaró en 1980 la Academia Sueca de Literatura, "con una lucidez sin compromiso, expresa la condición del hombre sometido a un mundo de conflictos agudos".

Por lo común, los escritores galardonados con el Premio Nobel se vuelven más conocidos fuera de sus propios países, salen al encuentro con los lectores del mundo. Czeslaw Milosz, vía Estocolmo, ha podido regresar a su país natal después de casi treinta años de un silencio obligatorio.

Me acuerdo cómo en Cracovia en 1963, durante dos tardes y dos noches, al regresar del trabajo, pasaba yo a máquina el libro El rey Popiel y otros poemas prestado por uno de mis amigos. El único adorno de aquella "edición" era la fotografía de una rueda de madera de algún viejo carro campestre. Me pareció que pudiera ser una de estas ruedas que Milosz describe en el poema de Mittelbergheim. Pasó el tiempo. Y la rueda dio la vuelta.

En octubre de 1980, como introducción para la reimpresión del libro Desde el levante del sol hasta donde se pone (que además contiene los poemas de El rey Popiel y otros poemas) que iba a aparecer en Cracovia aquel mismo año, Milosz escribió esta "palabra del autor":

Desde hace veinte años vivo en el extremo occidental del continente americano, teniendo ante mis ojos el Pacífico. Aunque mis obligaciones de profesor en una gran universidad eran para mí muy valiosas porque me permitían estar en contacto con la juventud, tenía que enfrentarme a mi soledad interior cuyo testimonio es este libro de poemas. Ahora, cuando mi poesía regresa a Polonia, no me sentiría bien sin decir cuánto le debo a la soledad. Es difícil aceptarla pero, una vez aceptada, recompensa. Y creo que sin consentimiento a lo amargo, a la soledad, a la pérdida, no existe la verdad de la palabra escrita. Me permito citar aquí uno de mis poemas para mostrar lo que era el contenido de estos mis años californianos. El título alude, por supuesto, a la novela de Tomás Mann sobre las extrañezas del tiempo que transcurre imperceptible y sobre las iniciaciones del personaje en las condiciones "artificiales" de un sanatorio para los tuberculosos. Los personajes de Budberg y Chen son auténticos. "Hasta durmiendo trabajamos sobre la formación del mundo" es una de las pocas máximas de Heráclito que se han conservado. El lector del poema no se equivocará al llegar a la conclusión de que su autor, dedicándose a un quehacer tan absurdo a buen sentido como el de escribir en polaco en la bahía de San Francisco, estaba muy lejos de pensar que dentro de unos años ganara el Premio Nobel y que, para su horror, la poesía que escribía "a las gaviotas y las neblinas del mar" aparecería en las columnas de los periódicos, traducida a diferentes lenguas. Sin embargo, la soledad interior puede volverse un vicio y, tengo esperanza, podrá también proteger de las tentaciones y de las ilusiones de la fama.

Desde Cyprian Norwid (1821-1883), quien durante su exilio pasó igualmente por Francia y Estados Unidos, no había existido en la poesía polaca ningún otro poeta tan sensible a los problemas de la memoria y de la conciencia como lo es Czeslaw Milosz; otro poeta moralista, en el mejor sentido de la palabra.

Es también muy importante la labor de Milosz como traductor de poesía. Entre los poetas traducidos por él figuran: Oscar Milosz, William Blake, Walt Whitman, William B. Yeats, T.S. Eliot, Carl Sandburg, D.H. Lawrence, W.H. Auden, Robinson Jeffers; hay también algunos poemas de Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Jorge Carrera Andrade.

Hace poco, después de varias traducciones ya existentes, Milosz decidió dar una versión más de los libros del Antiguo Testamento. Ya aparecieron Libro del Ecclesiastés (1978) y Libro de los salmos (1979), en revistas se publicaron Libro de Job, Los proverbios y Evangelio según San Marcos que seguramente saldrán en breve. Son traducciones de suma precisión y hermosura.

En un lugar Czeslaw Milosz confiesa: "Mi lengua materna, el hecho de trabajar en mi lengua materna, constituye para mí lo más importante en la vida". Milosz sabe perfectamente que para el escritor la lengua es su patria. Y todos saben que este decir puede ser un consuelo o una verdad definitiva.

Jan Zych

* Wislawa Szymborsk se convirtió, en 1996, en la tercera polaca en recibir el Premio Nobel de Literatura. (N. del E.)

** Czeslaw Milosz murió en Cracovia, el 14 de agosto de 2004 (N. del E.)