Frente al paisaje

 

En esta ladera la picea, el abeto y el cedro, en aquella las
selvas de pino.
Brilla la línea divisoria de las aguas que afluyen al océano
en el occidente y en el oriente.
Sólo un río concentrado se dirige directamente hacia el
norte
Donde el gris transparente con dorada puerta montañosa,
El gris de un silencio enorme, los pálidos lagos,
Y el abeto de pantano por mil millas todavía
Hasta el límite de los bosques, hasta el vacío polar.
En mis sueños la tierra fue la unidad de mi cuerpo,
Aquí en la orilla del Athabasca y en todos los lugares
donde viví, vagabundo.
Apoyaba mi mano sobre aglomeraciones de montañas.
Los deltas me cortaban en un calor de los campos de batalla
de dragones
Y yo esperaba, no teniendo en el lenguaje palabras
Para nombrar todo lo que era mío y de la tierra,
Hasta que algún espíritu, engendrado por las mutaciones
volcánicas,
Gritará y desencantará nuestro nombre verdadero.