Sentimental


Mientras en el telar caliente de la lluvia se labra un manto
de barro para el mundo
y de las azoteas a lo negro, allá abajo, escurren castos
vocativos (mañana
habrá hojas y mangos por el suelo, en el camino;
agua oculta en lugares que nadie descubre —tibia ya—
hasta muy entrado el día)
—en la cercanía malva de unos labios esa fragancia de
Damasco quemada por Tamerlán, y dura aquel barrio de
nombres
positivistas —y lo es el nombre mismo
con que vuelves los ojos de almendra oscura
y levantas las cejas tú conmigo:
—Navegar es necesario.