Progimnasia


Noche inicial, de calostros y meconios.
Noche naonata, de premio Nobel.
Apoyado en el fanal, el capitán Nemo pulía su bota
mantecosa puesta en el brazo izquierdo.

—Sí, señor Aronnax, el palco del hombre en el Kos-mos
es sui generis, como el olor de mi sala de máquinas.
Llegará usted a preguntarse: la minuta afrodisiaca
¿a qué apunta?,
la vajilla zoomorfa ¿a qué alude?
Y el discurso en trociscos.
Piense entonces en Tolhausen; él no atendía al platónico
kat' arthra — Tiene usted razón.
Quien conoció a Tolhausen nunca vuelve a ser el mismo.

Un pretérito escamoso de zarzuelas, buñuelos (frutas de
sartén).
El joven príncipe hindú vacaciona implacable. No
obstante, la semana pasada hundió un barco español,
el Secreto a voces, matrícula de Bilbao.
Tienen las altas casas abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el calor de verano madrileño
sobrenadan jirones, balsas de la Méduse cargadas de
vocablos que se entredevoran —amorosamente,
of course.
Quien conoce a Tolhausen no vuelve a ser el mismo.