Difícil


Volver es una cosa, otra escribirlo
en las horas hostiles que desfilan con mazas de piedra.
Qué guapas son, y qué brutas.

El sur agita gallardetes en jirones,
barco encallado en el coral azul del día.
Los volcanes, las cosas celando un espacio dudoso;
y la vida que se retuerce aquí mismo
es un naranjo extraño.

Un ídolo de madera baja el Dniéper revuelto;
craza el ramarro —relámpago— el camino.
Chocan en esta línea. ¿Y bien?
Aquel que amó, ¿ame mañana?

Las doce.
El sol pone el mantel en la montaña
donde una nube llega, se demora,
sucia de ser humano.



(Inédito, 1979)