Desconcertánea


Doy vueltas por el gazebo de mi inmadurez
con andar precario, como un quiroterio de Owen;
me asomo a la fontanela
a ver.
Qué más para un catálogo de ruina.
Es un hecho (para empezar de algún modo)
que me han felado diversas mujeres que no tenían ganas;
esto nunca le ocurría a Erich Fromm, por ejemplo,
quizá ni siquiera a Lamennais, aun siendo cura.
Es también verdad que de vez en cuando
tal o cual iota suscrita me hace planear la endura
y que siempre llevo en el oído un rumor de papeles rasgados
en cuatro, en ocho, en dieciséis.
En fin (por no ser prolijo),
al viejo grave que vino a podar la hiedra
le dije buenos días aunque eran las dos y veinte,
no le recomendé ningún té para su urticaria,
lo herí con metáforas en segunda instancia
—maniqueo, a tus cacharros; per Bastiana chiang kai shek,
y cosas hasta peores.


(Inédito, 1979)